RETO 20: ERES TODO

Era de mañana; Margarita lloraba sin consuelo sobre su alcoba, sus manos apretaban una y otra vez el resultado médico; el informe de un cáncer terminal, la desarmaba por completo; sus propósitos y su vida se caían por pedazos en aquella habitación. Además, sufría pensando en todo el daño que causaría la noticia, en sus familiares y en su novio.

Después de sollozar por varias horas, pensó en Dios, y oró; aunque la situación le era incomprensible, decidió confiar en él y en su voluntad.

Al llegar la tarde, cogió el celular y escribió un mensaje para su amado; le recordó la cita de fin se semana frente al mar. Se colocó unos lentes negros y salió de casa rumbo al lugar determinado.

Al verlo a poca distancia, sintió un revoloteo de emociones dentro de su vientre; tristeza, miedo y alegría. Se aproximó con rapidez y cuando llegó a él, lo abordo con un fuerte abrazo.

—¡Mi amor¡ Adoro que seas expresiva y cariñosa —susurró con voz tierna y la estrechó entre sus brazos.

—¡Abrázame fuerte, por favor¡ Siénteme y déjame sentirte en cada latir —ella imploró y se aferró a él.

—Princesa, sabes que eres lo mejor que me ha pasado y lo más grandioso que me está pasando, no imagino los días sin ti —Margarita al oírlo, intentó controlar las lágrimas.

—Sólo deseo ver tus ojos, antes de dormir y al despertar —declaró sus anhelos con dolor.

—Y así será mi amor, en unos meses nos casaremos y cada día será una nueva historia, una nueva aventura.

Ella no pudo contenerse más y empezó a llorar; él imaginó que el llanto era de felicidad por los sueños compartidos, así que no dejó de abrazarla.

—¡Mi niña hermosa, siempre cuidaré de ti¡ Vamos a envejecer, cogidos de las manos, viendo crecer y sonreír a nuestros retoños dentro de una casa grande, tan grande como nuestro amor —se le oyó entusiasta.

—Eres un ángel, eres más que un regalo, eres todo lo que quería e imaginaba que no existía —galante acarició la espalda de su chica con suavidad.

—Tú eres la mujer más noble que mis ojos han visto, te lo he dicho siempre; admiro la bondad con que te entregas hacia los demás —ella sonrió entre lágrimas.

—Te amo hermoso y también te amaré en la otra vida —su rostro se vistió de tristeza, pensó en la enfermedad.

—Te amo hermosa, te amaré aquí y en las demás vidas —él reflejó sinceridad.

El joven empezó a besar los cabellos de la dama, al mismo tiempo que ella lo apretaba con sus delgados brazos, y así permanecieron por varios segundos.

Luego, decidieron contemplar el atardecer, dieron varios pasos para detenerse cerca de las olas que danzaban festejando su amor; él se colocó detrás de su novia y la envolvió con sus extremidades.

—Contigo aprendí a amar los ocasos frente al mar, sé cómo te encantan —él sonrió.

—Sabes que me relajan y me inspiran.

Pasaron los minutos mientras disfrutaban del panorama; ella a la vez pensaba en la manera de contarle lo que guardaba.

—Cariño, yo… quiero pedirte algo especial delante de esta vista —la dama se expresó con términos entrecortados.

—¡Sí¡ Lo que tú quieras.

Presto a oírla, el hombre besó el cuello de su amada con ternura; ella respiró y exclamó.

—Prométeme que aunque pasen los años, cada vez que mires un atardecer frente al mar, me recordarás con mucho cariño, atesorando este amor infinito que siento por ti —A duras penas, ella logró terminar la frase por la tristeza que la acogía.

—¡Te lo prometo con toda el alma¡ Pero… me hablas como… si nos fuésemos a separar, no me gusta la sensación que me provocan tus palabras —él experimentó confusión.

—Hoy recogí los resultados médicos y… tengo cáncer mi amor, cáncer terminal.

Ella empezó a llorar como una niña. Él por instinto se paró delante de sus ojos, la miró atónito, no podía expresar algún vocablo, miles de sueños descendían alrededor haciendo eco en su corazón. Se abandonaron en un apretujón de profunda melancolía, el viento se llenó de lamentaciones, lamentaciones que entenderían solo los amantes, amantes obligados a renunciar a sus planes.

—¡Perdóname, mi amor¡ ¡Perdóname por favor¡ Perdóname por no poder cumplir con todo lo soñado —se atragantaba con su lloriqueo.

—Tranquila mi amor, no tienes por qué pedir perdón, ¡Yo te amo¡ ¿Lo entiendes? Tú eres mi vida, tú eres la mujer que yo quiero en mis días; estamos juntos en esto y en todo lo que ha de venir, no te voy a dejar, nunca lo haré, ¡Escúchame, te amo, te amo con todo mi ser!

Ella halló fortaleza en el hombre que amaba; a pesar de las circunstancias ellos tomaron la decisión de casarse y realizar algunos viajes, disfrutando cada día, cada instante como si fuese el último.

Atte. Margarita

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Author: margarita8_04

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Muy bien. Ahora trabajar la forma, pulcritud, riqueza…

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