Reto 20: Beth

Beth una chica de poca estatura, cabello liso, corto y rubio se dirigía a la clínica del doctor Peralta, lucía una chaqueta negra, vaqueros y unos botines a juego, tenía las mejillas coloradas, caminaba a grandes pasos con ambas manos en los bolsillos.

—Buenos días señorita soy Beth Anderson y tengo cita con el doctor Peralta.

—Enseguida la anuncio, tome asiento, el doctor la llamara en cuanto esté listo.

Beth asintió con la cabeza, se quedó de pie, caminaba de un lado a otro de la sala de espera, se sentó para calmarse, junto las piernas, enlazo los dedos sobre su regazo, miro el anillo de compromiso, se quedó quieta como una estatua mientras sus ojos se llenaban de tristeza.

—Señorita Anderson, puede pasar el medico la espera.

No respondió, se pasó los puños de la chaqueta por la lágrima que asomaba,  y entro al consultorio enseguida.

El doctor Peralta era regordete, bajito, sin cabello, traía unas gafas que iban a  caer de su nariz en cualquier momento.

—Buenos días, tome asiento por favor ¿cómo se siente usted hoy?

—Que tal doctor, no me he sentido muy bien, he venido lo más rápido que pude.

—Bien, temo que no le tengo muy buenas noticias —sostenía una  hoja en sus manos que miraba por encima de las gafas.

Empezó a leer los resultados de las pruebas, los análisis de sangre, la resonancia magnética, y el scanner cerebral.

— ¡No! No puede ser, esto no me puede estar pasando, dígame que no es cierto por favor —Empezó a sollozar, tiro la cartera, se quitó la chaqueta lanzándola contra el suelo, se agarraba la cabeza con ambas manos, estaba desesperada.

Hace 3 meses…

—Este restaurante es hermoso, la vista es fascinante, gracias amor hoy ha sido un día maravilloso.

—Te mereces eso y más mi bella dama, feliz aniversario.

—Disculpen señores con el permiso de ustedes aquí está la champagne —interrumpe el mesero.

—¡Vaya! pero que delicia.

—Sé que es tu favorita Beth, pero además quiero que veas esto.

Noah salió de su asiento, se ajustó el saco, metió la mano en el bolsillo y saco una pequeña cajita roja, y poniéndose de rodillas frente a Beth.

— ¿Quieres casarte conmigo Beth Anderson? 

Beth chillo de la alegría, se puso colorada como una cereza, llevo las manos a su boca, mientras asentía que sí, estiro la mano y Noah coloco un pequeño anillo de plata con una piedra rosa en su dedo, ella lo miro, y en cuanto se puso de pie se lanzó a sus brazos y lo besó, Noah la rodeaba por la cintura mientras devolvía aquel cálido beso lleno de ternura.

 

Beth salió del consultorio como un zombie, llamo un taxi y se fue a casa.

Entro a su apartamento, escucho el televisor Noah miraba un partido de fútbol, se quitó los zapatos, la chaqueta, la cartera, y con los pies descalzos mirando el suelo se dirigió hasta la sala.

—Hola mi amor ¿dónde estabas? —le pregunto Noah en cuanto la vio.

Pero Beth no dijo nada.

— ¿Estas bien mi vida? ¿Pasó algo? —Se puso de pie y camino hacia ella, la tomo de ambos brazos—. Mírame ¿qué sucede? Sabes que puedes decirme lo que sea.

Lágrimas bajaban por sus pómulos, abrazo a su prometido con fuerza, él no entendía lo que sucedía pero la apretó contra su pecho.

—Te amo, todo va estar bien, shhh shhh, tranquila.

Un par de horas después ambos en el sofá, Beth le dio la terrible noticia.

—Un mes después de que me propusieras matrimonio, incluso antes de eso, note que me pasaban cosas raras, olvidaba muchos detalles, tenía cambios de humor, y perdí el control un par de veces, me ponía histérica sin motivo, me sentía como otra persona, creí que era por el estrés, los preparativos de la boda, así que fui al médico y después de medicamentos, exámenes hoy me dio el resultado definitivo.

Ambos se miraban a los ojos, expectantes por ver la reacción del otro, Beth trago grueso, un taco en la garganta le impedía decirlo.

—Tengo alzeheimer. —logro decir con una voz ronca.

Empezó a gritar como una niña cuando pierde su juguete favorito, mientras su cara se empapaba de nuevo, Noah se quedó inmóvil, palideció, sus ojos acompañaron a su futura esposa en su dolor, intentaba ser fuerte, pero las lágrimas brotaban como el agua del grifo.

—Te voy a olvidar Noah, en unos meses no te recordare, lo siento no puedo casarme contigo.

—No digas eso por favor, sabes que te amo, que eres todo para mí, no me imagino sin ti a mi lado, claro que vamos a casarnos mi pequeña dama, no importa lo que pase, yo estaré contigo. —tomaba sus manos y las besaba, la jalo hacía él y cerró los ojos.

 

Varios meses después…

Clínica FundAlzeheimer

Paciente: Beth Anderson

Edad: 30 años

Diagnóstico: Alzeheimer de inicio temprano

Etapa: Moderada iniciando severa

Habitación del paciente: 204

 

Beth estaba en su habitación, su bata blanca, el pelo corto en una coleta, sentada en el pequeño escritorio de madera en frente de la ventana, sostenía un bolígrafo y una hoja de papel, y empezó a escribir

Mi amado Noah:

Siempre te amaré, mis momentos de lucidez cada vez son menos, quiero aprovechar este para despedirme de ti…

—Señorita Anderson tiene visita dijo la enfermera en el umbral de la puerta.

Beth tenía la mirada perdida, vacía, el bolígrafo yacía en el suelo, un hombre de cabello negro y ojos claros, se acercaba a ella, iba bien vestido, con zapatillas negras.

—Hola Beth —la saludo—. ¿Cómo estas mi amor?

Ella lo volteo a ver, como un jarrón sin flores, sin vida, sus ojos no decían nada.

— ¿Tú quién eres? —respondió.

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Author: royleni.vs

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    ¿Dónde estás tú como personaje? Bien la idea, nos falta corrección.

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