Reto 20: Algo extraordinario

La brisa salada entra por las ventanas y hace danzar a las cortinas con naranjas dibujadas. La cocina está llena de olores, desde el aroma del café recién hecho hasta el jamón sobre la sartén; esta como me gusta. Agrego el huevo, junto con las verduras y preparo el pan para acompañar el desayuno. Él se encuentra sobre el sillón, con su cabello chino enredado y con algunos mechones sobre la cara, esta recostado, mientras las noticias del sábado en la mañana, se encargan de ponernos al día de lo que pasa en el mundo. Puedo ver sus ojos hinchados por la desvelada de ayer, sé que está haciendo un esfuerzo sobrehumano al estar a las ocho de la mañana, despierto. Coloco las tazas y la comida en la mesa, y le digo que ya está todo listo para que pase al comedor.

Afuera se dispone un día maravilloso, ya estoy pensando en todo lo que haremos hoy. Todo debe ser perfecto. Se sienta como un zombi y me ve como si tuviera algo en la cara.

—¿Cómo es posible que ya estés hasta maquillada a esta hora? —bosteza y no puedo evitar reírme.

—La vida es demasiado corta amor, como para verme como moribunda todo el día —algo dentro de mí se quiebra, debo mantenerme serena —, además quería verme bonita para ti —le guiño un ojo, muy coqueta, según yo.

—¡Pero tú ya eres muy bonita!

—¡No seas bobo y almuerza! —no puedo esquivar su mirada y logra ver cómo me sonrojo, él siempre encuentra la forma de hacerme sentir especial—. ¿Quieres café o prefieres un té?

—Té por favor, ¿cómo te sientes hoy? ¿la fiebre se bajó con la pastilla? —tiene la boca llena del primer bocado, pero alcanzo a distinguir lo que dice.

—¡Me siento súper bien! ¡Tengo un montón de planes! —la emoción en mi voz es demasiada, aunque aún me siento fatigada.

—¿Cómo jugar dominó con trampas? —lo dice en tono sarcástico, no es un buen perdedor.

—Hoy te voy a enseñar mis secretos para ganar, eres afortunado —le doy un beso en la mejilla, ambos estallamos en carcajadas.

Estar entre las sábanas, frente a la televisión o solo acostados uno al otro en un camastro, es de las mejores cosas de la vida. En eso consiste, en estar atento a los detalles, a valorarlos y no dejarlos escapar. Atesorarlos en nuestros pensamientos, pero por desgracia, los seres humanos ponemos nuestra atención en cosas sin sentido. Soy consciente de esto muy tarde, pero aún estoy a tiempo de guardar los mejores en mi corazón. Quiero congelar cada momento, hacer una fotografía mental de cada instante que paso a su lado.

Después de la comida, le propongo salir a pasear por la orilla del mar. Vamos a esperar que la intensidad del sol, disminuya. Mis pensamientos están alborotados, tengo todo calculado, se exactamente qué le voy a decir, lo he ensayado un millón de veces frente al espejo, pero creo que nada saldrá como me lo imagino. Cierro los ojos, hago un par de inhalaciones para relajarme y calmar mis pensamientos.

El día que me comunican la noticia, el oxígeno desaparece en mis pulmones, dejo de respirar por un momento. El doctor me llama por teléfono, solicita mi presencia para explicarme el diagnóstico. En ningún momento pasa por mi mente que podría ser algo tan mortal. Cuando él dice, “Padece la enfermedad de Hodgkin, es un tipo de cáncer, existe un tratamiento viable, pero debo ser sincero con usted, las posibilidades de superarlo son nulas, la enfermedad está muy avanzado. Sus palabras son incomprensibles. Recibo el sobre con la información, y salgo del consultorio sin prestar atención a sus últimas frases. Paso un par de días en trance, como ida, hasta que le confieso a mis padres lo que tanto me acongoja por dentro. Sus palabras son un abrazo, me alientan a disfrutar lo que me queda; sin pena y sin remordimientos.

Decirle a Luis lo que provoca mis malestares, es más difícil de lo que pienso. Hoy es el último día de nuestras vacaciones improvisadas, debo declarar mi verdad antes de que termine el día, no puedo permitirme postergar esto más tiempo.

Los colores nacarados comienzan a adueñarse del cielo. Llegó la hora. Caminamos tomados de las manos, en silencio, por algunos metros y me sorprende que podemos estar callados tanto tiempo y a la vez, estar llenos de paz y tranquilidad. Disfrutamos del sonido de las olas del mar. Mi vestido es largo, esta un poco mojado de la bastilla, pero no importa, me gusta sentir el agua salada en los pies. Mi corazón late muy veloz, siento que en cualquier momento se saldrá de mi pecho. Me detengo y me quedo observando el horizonte, las nubes parecen dulce de algodón. Me pierdo entre las aguas y me dejo llevar por las melodías del océano. Mi respiración se normaliza. Él no hace preguntas, solo se queda a mi lado, observando el infinito que tenemos frente a nosotros.

—Somos efímeros y no lo sabemos, hasta que llega el momento de decir adiós —sigo sin mirarlo, puedo sentir como su mano se aferra a la mía—. Mi tiempo está por terminarse —siento que me libero de un gran peso.

—Lo sé —parece que me estrujan por dentro, cada parte de mi se debilita—, tu madre me lo dijo antes del viaje.

—¿Te explico en que consiste la enfermedad?

—Sí —me derrumbo, el agua me empapa, dejo salir el río que hay en mi interior. Grito al vacío, aunque se que no tendré la respuesta que busco.

Se arrodilla junto a mí, intenta tomarme de las manos, pero estoy histérica; moviéndolas de un lado a otro, aventando arena hacia arriba. Me detengo hasta que me percato de que lo he lastimado en mi momento de locura. Mis ojos están rojos, me llevo las manos a la boca, sorprendida por mi reacción. Él se cubre los ojos y me hace una señal con la mano, para decirme que todo esta bien. Pero yo se que no es así. Yo no debería de estar muriendo, pero poco a poco mi cuerpo se marchita. Sollozo, con la cabeza gacha y el cabello sobre mi rostro. No quiero que me vea así.

—Esta bien, haremos de este tiempo, algo maravilloso —su voz se escucha entrecortada, la aflicción se ha filtrado en su cuerpo —, te amo, y quiero estar contigo lo que la vida me permita.

Sus palabras son el manto que mi espíritu necesita. Me quedo muda. Lo veo, y tengo la certeza de que es todo lo que preciso, me recuesto sobre él y nos fusionamos en un abrazo. El mar a nuestro alrededor es el único testigo de nuestro amor. Haré del resto de mi existencia, algo extraordinario.

 

Karen Salas

kayuri.books
Author: kayuri.books

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Muy bien Karen… solo recuerda, atrapar al lector desde el inicio. Importa él.
    Y ver forma, nos falta trabajo en pulcritud.

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