Reto 2 Nuevos ojos

De todas las preguntas que nos hemos hecho ¿Alguna vez nos pusimos a cuestionar  lo fulminante que podría ser dar un abrazo, un beso, un saludo de manos o incluso estar muy cerca de una persona? No quiero sonar mórbida, pero es ese tipo de ideas que se te vienen a la mente cuando te pasa esto:

 

Ayer salí a despedir a una amiga. Su país, a diferencia del nuestro, acepta aún vuelos internacionales y ella tomaría uno de regreso a su hogar.

 

El encierro no me cae bien y tomé esta excusa de despedir a una amiga para salir y tomar valiente o imprudentemente aire fresco. Sabes que a diferencia de donde tú estás, aquí en esta ciudad, que parece haber perdido su esencia sin gente en las playas o sin fiestas alrededor, no está en completa cuarentena. Puedes salir discretamente, al menos para cosas esenciales, por eso a pesar de que playas y parques están bordeadas de cintas amarillas o rojas brillantes, aún ves por ciertas calles gente paseando al perro, con ropa sport haciendo o no ejercicio o con bolsas llenas de compras de víveres.

 

En mi ruta y cruzándome a todas estas personas, escuchaba inevitablemente entre sus conversaciones el mismo tema del cual nos tenemos bombardeando entre todos nosotros las últimas semanas: que la economía…, que China…, que el gobierno…, que los casos de personas con el virus siguen en aumento….

 

En mi cabeza también estaban dando vueltas: hasta cuándo estaré estancada en esta ciudad foránea, ya no tengo empleo, cómo negociaré mi renta el siguiente mes, por qué no me pongo fuerte con el consulado, etc. Tú entiendes, después de todo ambas estamos en casi la misma situación: inseguras y lejos de casa.

 

Llegué a la casa de mi amiga, despejamos la tensión hablando de otros temas, hasta que tuve que volver a casa y llegó el momento del adiós, y fue cuando ambas nos detuvimos frente a frente sin saber si despedirnos con abrazarnos o no. Jamás había pensado dos veces en abrazar a alguien a quien estimo pero, hoy en día es arriesgado. Nos vimos a los ojos y con cierta vergüenza nos reímos. Ambas estábamos cuidando nuestra salud, lo que es razonable. Bueno, finalmente arriesgamos nuestras vidas y dejamos salir nuestro afecto latino: abrazo y beso fuerte.

 

Caminando de vuelta a casa, no pude sacar esta idea del abrazo de mi cabeza. Deambulé un rato por el malecón para aprovechar un rato más el sol, la brisa marina y ver moverse las palmeras, antes de subir al departamento.

 

Cuando entré al departamento vi que la luz del sol se filtraba por las cortinas blancas y le daba el color naranja-azafrán a todas estas paredes pálidas, y todo el ambiente se tornó acogedor. Creo que en ese momento aprecié más lo bello del ambiente que cualquier otra tarde que había entrado a esa habitación… la brisa del mar aún me perseguía y empujaba las cortinas suavemente como quién me invitaba a salir al balcón. Y como si fuera la primera vez que el chico que te gusta te invita a bailar, no lo dudo ni por un segundo y ya estaba afuera apoyada en la baranda y “voilà” como dirías tú. Ahí aún estaba ese sol pícaro escondiéndose pícaramente en ese mar, que pintó mi vestido que era un lienzo en blanco en ese azafrán símbolo de transformación en el confusionismo, pero ahora parecía una monje budista cuyo ser se sentía como ese océano siento calentado suavemente por aquel sol.

 

Observé abajo y alrededor, y vi muchas personas en sus balcones o en el malecón presenciando lo mismo que yo, creo que jamás habíamos sido tantos, o ni siquiera nos habíamos visto en la vida y ni sabía que mi vecina del lado tenía un gato. Me quedé ahí como todos ellos y con todos ellos, hasta que el sol se perdió en el horizonte y quizá sea por mi “modo zen” del momento, que se me vinieron pensamientos cálidos a la cabeza: sabemos que es obvio que todo el mundo espera con ansias de que, una vez que todo este acontecimiento pase y todo vuelva a la “normalidad”, puedan trabajar arduamente para recuperar su economía y la economía de su país. Pero, ¿cuántos en todo este mundo también tratarán de recuperar el contacto humano del cual nos estamos limitando o el que recién tal vez algunos están experimentando?

 

Como sabemos, la naturaleza es sabia. Tal vez esto sea un sacudón para recordarnos que somos seres humanos, que somos frágiles, que estamos solos pero a la vez unidos por la misma aflicción y de lo valioso que es el tener la libertad de apreciar un momento bello de la vida con tus seres queridos al lado. Tú sabes: compartir.

 

Creo que ya es momento de ver con nuevos ojos esta realidad, ¿no crees?… pero ya veremos. Mientras tanto desde nuestros balcones a miles de kilómetros la una de la otra, miremos a ese sol “abrazador” y que nos recuerde que compartimos el mismo mundo.

 

P.D. prometo no dudar en abrazarte cuando nos volvamos a ver.

 

 

davinia6492
Author: davinia6492

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    No encuentro en el texto que hayas aplicado correcciones de lo que vimos ayer en el taller.

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