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Reto 2 Mónica Reveles

Reto 2. Mónica Reveles Ramírez

Reiniciarme cada mañana es una nueva oportunidad para amarte. Saber que el despertar al ver la luz del sol que me deslumbra tras una cortina roja es una oportunidad para estar contigo.

La luz, me motiva a llamarte, para evocar el regreso, y me consuela tu voz al contestar en lejanía.

Cada vez que despierto, me pongo retos y uno es estar el día contigo para iniciar o continuar la aventura de Monino y Monina por el planeta Durangues. Yo no sé si será un día de travesuras de Aguilita, sobresaltos de Frankie y Venadito, junto a un Winy asustado y lloroso. O puede ser un día de escuela con alumnos estresados, en pijama o disfrazados de superhéroes. O que la cárcel de los proyectos se convierta en el castillo de los sacrificados de tanto trabajar y salir de madrugada. Tal vez la visita de algún autor desesperado, pidiendo libros para presumir.

Tantos temas como momentos simples como la foto del día del tango o las alas de ángel con las que nos elevamos frente a Catedral. O la banda descompuesta de Aguilita, que fue la última película de terror que vivimos frente a un cine.

Y despierto entre sábanas, moviendo los deditos, las maninas y los ojos de repuesto, feliz de saber que regreso de la gran luz, tranquila. Y me lo sigue dando cada día a través de ti, en tu cuerpo y el abrazo del deseo, con el mismo resplandor que me dio la bienvenida al mundo.

Estoy sentada en la silla del comedor, amplia y firme de madera, la cubre un mantel de tela con deshilado y tejido que logré hurtar de la casa de mis padres y que protejo con un plástico sobre él. El cojín no es muy cómodo mas no he logrado ponerme de acuerdo con la moderna y eficiente máquina de coser de color blanco,  que espera que le diga cuando haremos los nuevos. En un rato me empiezo a acomodar logrando que mis glúteos se coloquen en arreglo con los pies en el lugar preciso entre la tela y la concentración. En este lugar es desde donde te he escrito desde hace cinco años y le he contado a esta casa nueva que casi pasa a ser una niña traviesa, dándome luces de sus desperfectos y oxidación, de cómo cada quien logra el lugar que desea en la vida. Entre lecturas y otros escritos respiro hondo sintiendo el rose del aire en la nariz hasta llegar a la vejiga. Estoy muy inquieta al escribir lo que siento y pensar lo sucedido, más puedo asegurar que solo si quiero lograré finalizar la novela o el libro de cuentos para el próximo año. Respiro, mientras con tinta café disfruto la propuesta que planeo mentalmente, tomando a sorbos un capuchino instantáneo, no tan bueno como el real. Estoy muy satisfecha conmigo misma, por lograr las metas propuestas en las actividades diarias del trabajo en la docencia y administración pública, que disfruto por servir a otros, que me escriben agradecidos y aunque de otros estudiantes no veo señales, las puedo distinguir en sus tareas. Estoy relajada, creo que dormí las horas que tenía pendientes y tendí la cama con una colcha roja y sábanas limpias, aun pensando en las preocupaciones que vienen. Y que mejor si te acompaña una persona como tú tan comprensiva, que ayuda a analizar y prevenir ante el mundo.

Sé que nos comunicamos cuando nos necesitamos, y sé que me lees mientras escribo. Mas quiero que me leas aunque solo contestes con miradas.

Entonces, imagina cuando soledad y yo estamos sin ti. Y recorro los caminos de un país llamado Durango y quiero enseñarle a alguien las montañas del camino y decirle como se convierten en gigantes que nos miran silenciosos, resignados, desde el sueño de siglos, con la paciencia de ser penetrados para contarnos sus memorias.

Te miro, imagino y deseo esta aventura junto a ti, pensando qué cavilaría Monino de cada palabra que escribo a los que están detrás de la pantalla en mi quehacer de docente y poeta de las muñecas rotas, de los caminos de Eva, al fin escritora junto a soledad.

Este día se escuchan los tambores que aceleran su ritmo en el rito ancestral con destino material en la veneración de San Judas Tadeo, santo patrono de la bendición de la fortuna. E imagino sus altares, flores de cempasúchil, rosas y velo de novia, los guisos, la danza que sigue el ritmo de la necesidad entre el rezo puntual de cada año. Siento escalofrío desde hace días, presiento como cada año que es la llegada de las almas de los muertos más recientes, nos anuncia que ya están por visitarnos. Huele a muerte, flores ácidas de color naranja y blanco, a naranjas, cañas y cacahuate y tamales tatemados.

Despierto, después del sueño entre la danza: amor tómame de tus manos tibias para dar el salto al nuevo día. Mientras que te invite a leernos juntos los planes compartidos.

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