RETO 2 – Leslie León

Hoy llueve. Con furia, sin tregua y de imprevisto. Techo arriba se escucha una estampida, sólo es agua, pero golpea ensañada. Me salpican gotas filtradas por la claraboya, otras caen sobre el edredón blanco de la cama. Desde la estancia, el televisor grita las noticias: mil y tantos contagiados más, ya no sé, no escucho bien. Contra mi voluntad he empezado a desentenderme de las cifras, así que dejo la puerta abierta como gesto de empatía.

Me he dispuesto a escribir. El sudor humedece mis palmas pero aún no redacto nada. La laptop descansa sobre mi regazo, el cursor parpadea, yo parpadeo, ambos suplicamos por algo que decir. Busco ideas en los cuatro muros que me rodean. En días como estos, mis preferencias minimalistas me pasan la cuenta: un armario alto al norte, una ventana grande al sur, la litera salpicada al este y una coqueta de vidrio al oeste.

Hace poco pinté las paredes. Celeste llano y sin mácula. Añádele las farolas blancas –que también las tengo– y es lo mismo que estar en un hospital. Ay Leslie, pensarás, el espacio físico más importante del que disponías esta cuarentena y se te ocurre pintarlo de depresión. Pero no me arrepiento. Es un color espanta musas, eso sí, pero me mantiene anclada a la realidad y me insta a recordar las cifras del televisor.

La lluvia ha cesado. Me asomo, y la capacidad del cielo para recuperar su habitual azul pálido enciende el motor de mis dedos y con ello el recuerdo de la última vez que diluvió así:

“Han pasado diecisiete días desde la última lluvia, que no fue lluvia sino tormenta eléctrica. Ahora el cielo está seco y teñido de azul pálido, descolorido como un trapo que poco importa y se olvida bajo el sol.”

 

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Author: lisianamillo

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