Reto 2. “La luz de la esperanza”

“La luz de la esperanza”

La alarma de mi celular sonó a las 05:30 a.m., como de costumbre una voz predeterminada me indicó la hora y la condición precisa del tiempo en mi calurosa ciudad. Bajé los pies de la cama y encontré el suelo fresco, me habría gustado quedarme sentada en la orilla del colchón mirando al vacío, pero me obligué a darle el peso a mis extremidades y caminar. Mi cerebro aún no estaba en marcha, pues había soñado con el dulce día en el que fui al teatro a ver el musical “El cascanueces”, en esa noche del mes de diciembre el arreglo del escenario, las notas musicales y la puesta en escena de ágiles bailarines habían envuelto mi ser… una mano cálida desde la butaca de al lado, había tomado la mía y desde los dedos hasta mi muñeca pudo sentir las palpitaciones de mi sangre corriendo desbocada por el golpeteo de mi corazón. El agua suficientemente fresca de la ducha matutina me hizo saltar con la primera gota que atinadamente fue hacia la parte central de mi espalda y me sacó de mi ensoñación. Suspiré profundo y pensé: “Dios, ya quiero que se acabe este encierro”. Me vestí rápido, me hice una coleta y bajé apresurada a la cocina, una bebida fría con chocolate y una solitaria rebanada de pan fueron mi desayuno. Tomé mis pertenencias y abordé mi automóvil, 06:40 a.m., hora de ir a trabajar. Lo sé, sé que estamos en cuarentena, pero soy parte del personal de la salud y debo acudir a laborar.

Al conducir por las calles no reconocí mi ciudad, mi puerto lleno de vida antaño, hoy se veía fantasmal. Apenas unos cuantos vehículos circulaban, la calma aparente daba la sensación de encontrarse en algún sitio apocalíptico, en donde en cualquier momento rayos de luz irían contra cualquier objeto en movimiento, en donde posiblemente hasta los animales estarían temerosos y en donde el caos reinaría disfrazado de serenidad.

Al llegar a la residencia, compañeros de intendencia estaban limpiando el lugar, dejando el aroma del cloro y desinfectante cubierto por fabuloso, usaban guantes, cubrebocas y gafas protectoras estilo industrial, no subían la mirada y solo se dedicaban a pasar los trapeadores por el suelo de falsa madera el pórtico y las franelas en los pasamanos de la escalinata hacia el recinto de cuartos y salas de estancia para el adulto mayor. Nuestro lugar que ha sido pacífico antes, se veía mucho más quieto, el árbol enorme prestaba su sombra a nadie porque nadie estaba afuera leyendo, ni charlando, ni esperando en el portal para saludar.

Y heme aquí, he atravesado la residencia para llegar a la oficina fría y esperar. ¿Esperar qué? Estoy esperando a que vengas a sentarte conmigo, para que podamos platicar. Sobre mi escritorio he puesto mi cuaderno rayado, un bolígrafo color negro, un vaso en el que me preparé un té chai caliente con un toque de crema y lo he endulzado con azúcar artificial. Al lado he dejado unas galletas de mantequilla, con la esperanza de que puedas saborear una pisca de su cremosa textura, con una bebida de tu preferencia y desnudarnos el alma al hablar.

Entonces ven querida mía, cuéntame ¿cómo estás?, ¿viva? Me da gusto. ¿Cuidando de tu encierro? Te felicito. Pero más allá de eso, me refiero a realmente ¿cómo estás?  ¿Cómo te sientes esta mañana? ¿Preocupada por los padecimientos que te aquejan? ¿Por las estadísticas mundiales del virus? ¿Por la economía familiar? ¿Por la suspensión de las visitas? No. Estás angustiada porque tus hijos o tus nietos puedan enfermar y lo sé, lo veo en tus ojos nublados, en el temblor de tus dedos, en tu inseguridad al caminar. Sé que aunque haces tus actividades programadas, tu mente está en una plegaria eterna, en una súplica de amor hacia los tuyos y pides ferviente que Dios los proteja de todo mal.

Préstame tu atención, mira por la ventana, ¿puedes ver el sol? Si no puedes, te invito a que te coloques tus anteojos. Agudiza un poco más tu oído para que puedas escuchar el canto de las aves refugiadas en el árbol bajo el cual muchas veces has estado de la mano de tus nietos. Ignora el frío artificial sobre nuestras cabezas que proviene del ducto del aire acondicionado de quién sabe dónde, imagina la temperatura del exterior, siente lo abrasante del astro mayor. Voy a contarte algo, de recuerdos se compone la existencia. En este tiempo de encierro has de coincidir conmigo en que para el amor no hay barreras y tu pensamiento como el mío vuelan y se conectan con tus hijos, con mis padres, con los más puros cariños. Firmemente sostengo esto: si te pienso, te recuerdo y un recuerdo me lleva a otro y a otro y a tejer una frazada de tu risa, de tus palabras, de tus ojos. Siento tu presencia, te necesito a mi lado para abrazarte, para decirte cuánto te amo.

Anda inténtalo, crea tu frazada, cubre tu alma temerosa, arropa tu cuerpo con el calor de la memoria, deja que la emoción te llene, deja que las partículas de amor fluyan dentro de tu cuerpecito y salgan hacia el horizonte para que alcancen a los tuyos en la distancia. Querida, dale un respiro a tu agitada plegaria porque te prometo que esto no es para siempre y el día menos pensado estaremos como en tiempos pasados.

¿Qué te parece? ¿Te sientes cómoda con el recuerdo? A juzgar por tu postura relajada, el brillo de tus ojos, tu respiración acompasada y la sonrisa que temes volver amplia, puedo vislumbrar un poco de Fe. Está bien, todo va a estar bien. Dime con tu convicción de madre que Dios nos guarda, porque Él nos cuida, porque Él nos ama.

Madre, de hijos biológicos o de crianza, no desfallezcas en miedo. Recuerda que tienes una extraordinaria fortaleza que la feminidad te regala. Muéstrame tu temple de heroína y la belleza de tu luz de la esperanza, esa que nació de tus entrañas al volverte guardiana incansable de tus quereres. Madre, piensa en el brote del coronavirus y has que surja un nuevo brote, pero esta vez de esperanza, que alcance desde tu hermosa persona y hasta el último rincón en la faz de la Tierra.

Katia Mava

katimav
Author: katimav

0

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    Describes muy bien. Pero el ejercicio pide: descripción de dónde estoy… es un lugar, al que mudas al lector…

  2. alkysirez

    Se siente más enriquecedor en esta versión.
    Me agradó.

Deja una respuesta

doce + 14 =