RETO 2: Es de admirar

Señora Amalia:

Es un poco difícil para mí, tomar lápiz y papel para dirigirle unas palabras. No me siento en una posición adecuada. Pero cuando mi madre me ha contado que irá a visitarla a su casa para brindarle un granito de arena en su lucha, no quise dejar pasar la oportunidad de acercarme a usted, aunque físicamente esté lejana.

Me he encerrado en el cuarto para tener privacidad y no interrumpir a mi pareja que ahora trabaja desde su computadora en la sala. Estoy tratando de acomodarme en la cama, aunque es un poco difícil con esta enorme barriguita y los dolores de espalda. Quizás sean las hormonas, pero vuelvo a sentir esta presión en el pecho… El miedo es como una cárcel de hierro que oprime un poco más cada vez, y sin querer a veces me sorprendo dentro. Pero a pesar de que el camino luce incierto y oscuro, soy consciente de que tengo privilegios más allá de lo merecido, que solo puedo agradecer.

La conocí hace pocos días a través de las palabras de mi mamá, en una llamada. Me habló de su hija con habilidades diferentes y de cómo usted se mantiene en pie por ella, día a día, para sobrevivir a esta crisis que las afecta más que a muchas personas. Si antes, redoblaba sus esfuerzos para salir a conseguir el sustento con sus ventas, a pesar de que su edad no ayudaba con la tarea; ahora la situación es el doble de difícil, al esperar en casa, que algunas personas buenas y su gobierno, no las dejen solas.

Sé que su sueño por las noches no es tranquilo. Y sin embargo, mi mamá me cuenta que la ha visto sonreír, que se mantiene firme y guerrera, y que todo lo que pide no es para sí misma sino para su razón de vida, su hija. Es de admirar Señora Amelia. Y quiero contarle cómo esta historia me llega a mí, debo decir que muy profundo en mi ser, para reflexionar sobre lo que significa realmente estar vivos.

Yo estoy a menos de dos meses de tener en mis brazos a un bebé que no conozco, y ya amo con todo mi ser. Todavía no nace y ya me desespera la idea de protegerlo, de ayudarle a encontrar su lugar en este extraño mundo, a veces tan complicado. Aquí encerrada, admirando el espacio donde espero pronto verlo dormir, es aterrador el pensamiento de que hay cosas que nos dejan vulnerables, que algunas se escapan de nuestras manos. El seguro de salud ya no atiende las citas de control prenatal y yo solo ruego que este chiquilín no quiera sorprenderme antes de tiempo, porque la cuarentena nos agarró y no pudimos comprarle ni la ropita.

Ahora mismo, el ruido de la tele muy bajito que me llega desde la otra habitación, me cuenta las noticias. Son inquietantes, pero como elixir adictivo nos mantiene conscientes de todo lo que sucede afuera. Aún con todo esto, solo hace falta un pequeño movimiento dentro mío, para que mi corazón vibre de nuevo. Esa patadita que me sobresalta y es como si me dijera: “Tranquila mamá, todo estará bien”. Puedo imaginar que eso le pasa también, que solo hace falta una mirada de su hija para que vuelva a sentirse viva, y que sepa que vale la pena cualquier cosa si ella esté bien.

Por eso, aunque mi historia es lejana y ajena, se conecta a la suya a través de algo que voy comprendiendo, poco a poco: el amor. Ese que encuentra su forma quizás más pura, en el sentimiento que uno manifiesta por los hijos, por la familia. Quiero expresarle mi gratitud, por hacerme entender que mientras Dios nos dé una oportunidad en este mundo, siempre hay que mantenerse en pie de guerra para luchar por las personas que amamos. Porque a pesar de que las cosas se vean complicadas, uno tiene motivos mucho más importantes para seguir adelante.

Todas las tormentas acaban Señora Amelia, mantengamos la fe. Siga amando con esa fuerza poderosa que tiene. Siga luchando. Dentro de todo lo imposible que pueda parecer, los tiempos mejorarán y nuestro barco llegará a buen puerto. Además, espero que sepa que, incluso a kilómetros de distancia, su temple ha sido capaz de inspirar vidas como la mía y eso significa que los milagros todavía suceden.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    CUida de no perder de vista el objetivo de tu texto, la emoción que quieres transmitir. SI es esperanza,no incluyas miedos y preocupaciones

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