RETO 2. CONEXIÓN. MI MAESTRA DE VIDA FUSIONADO.

Día ¿? (perdí la cuenta) de la cuarentena 2020

Ebe:

 

¡Hola Ebe! La casa huele a pan horneado y fue inevitable no sentir hambre, es por eso que tuve que salir a la terraza para poder concentrarme en escribir estas letras. La calle se ve menos concurrida que hace unos días, me siento en la sillita dónde colocaste un cómodo cojín y miro hacia la avenida principal, es notorio como el tránsito de los autos ha disminuido, sólo hay un automóvil rojo esperando que la luz del semáforo cambie a verde, me alegra porque ahora puedo escuchar con mayor claridad el cantar de los pajaritos que viven en los árboles de la poca área verde protegida que tenemos junto a nuestra casa, justo en este momento están cantando o discutiendo algo, no estoy segura, no domino el pajarense aún.

 

Quise dedicarte estas letras el día de hoy porque… ¡al fin tengo tiempo de escribir!  Recordaras que mi trabajo me demanda gran parte de mi tiempo y energía, y cuanto deseaba tener tiempo libre, sin pendientes que atender para poder sentarme a escribir, quería ser jubilada como tú ¿recuerdas? Jaja. Entonces, ocurrió… mi deseo fue concedido, más o menos, (ahora entiendo lo que dicen de: “cuidado con lo que deseas”), llevo casi dos semanas viviendo en una realidad alterna, hoy es domingo, ayer fue domingo y mañana será nuevamente domingo, no tengo trabajo urgente que entregar y debo estar en casa, ¿Entonces porque no he escrito? Bueno pues es que tenía que arreglar mi armario, ver una temporada entera de una nueva serie en Netflix, rascarle la pancita a Toti que por cierto escuchó que salí a la terraza y ahora está sentado en mi regazo, su pelaje negro y suave brilla con el sol, parece que está durmiendo plácidamente pero sus orejitas puntiagudas se mueven cuando escucha algo que captura su atención, estoy segura de que los perros del mundo están felices de tenernos en casa, ahora puedo estar todo el día con tu perribisnieto, aunque no quieras reconocerlo como tal.

 

Lo sé, lo sé, sólo he estado procrastinando, o quizás distrayendo mi mente de las palabras que no dejan de saltar en todos los medios de comunicación como aceite en un sartén caliente, todo el día a toda hora: coronavirus, pandemia y cuarentena. En este momento no escucho con claridad hasta la sala, pero tienes la televisión prendida y me parece que aprovechaste mi ausencia para continuar viendo los noticieros que te dije debías de escuchar menos.

 

Esas tres palabras el año pasado no tenían mayor trascendencia, y por sí solas parecen inofensivas, pero ahora el 2020 ha decidido conjugarlas en una misma oración, creando una oración que ahora tiene al mundo paralizado. Debido a ello gran parte del mundo está en cuarentena, sé que fuiste maestra y seguro lo sabes, pero yo tenía curiosidad, así que busqué la definición de la RAE, lo que encontré fue que cuarentena es: “Aislamiento preventivo a que se somete durante un periodo de tiempo, por razones sanitarias a personas o animales.” Entonces recordé algo que me dijiste en más de una ocasión, “es que yo estoy sola”, en ese momento te espeté que no era verdad, todos estamos pendientes de ti, vaya que hasta me molesté porque yo vivo contigo, ¿Luego qué?, ¿Acaso yo estoy pintada? Pues sí, ahora que lo pienso si estoy pintada para ti, porque cuando llego del trabajo sigo absorta en mi mundo, mi celular, mi computadora, y aunque hablamos un poco, no hablamos lo suficiente, no tanto como te gustaría que lo hiciéramos.

 

Aislamiento, esa palabra resuena en mi mente, como los ladridos de Toti en este momento que saltó de mis piernas hacia el cristal del balcón para pelear con un perrito blanco cuyos dueños sacaron a pasear, seguramente quisieron aprovechar este caluroso día para distraerse un poco. ¿Realmente hace falta salir para distraerse? Yo llevo un rato sentada aquí, escribiendo y observando la calle, no estoy aburrida, pero en las noticias dicen que estamos aislados. ¿Es que acaso no estábamos aislados antes de la pandemia? Existen familias que viven en la misma casa y sin embargo se sienten solos, algunos ancianos sienten que su existencia ya no tiene propósito y luego llega un virus que pareciera diseñado para terminar con sus vidas, vidas que seguramente merecen ser recodadas, llenas de anécdotas y lo más valioso de experiencia, la sociedad tan aparentemente conectada está olvidando escucharlos, lo más preocupante estamos olvidando que con mucha suerte todos los que hoy somos jóvenes sanos llegaremos a esa edad, así que Ebe quiero pedirte perdón por no escucharte lo suficiente, pero te prometo que a partir de hoy, escucharé cada una de las historias que tengas para contarme, recuerda que si estoy encerrada contigo, es porque me importas, y si somos muchos los que estamos cumplimiento con el confinamiento es porque nos importan, todos los ancianos, enfermos, y grupos vulnerables a la enfermedad, no es sólo egoísmo, es porque nos importan todas las personas que aunque seamos desconocidos y estemos obligados a no abrazarnos físicamente, el simple hecho de hacer algo por alguien más, es lo que nos hace humanos, y eso no me lo enseñaron en la escuela, esa enseñanza es tuya y de nadie más, gracias por todas tus enseñanzas, mi gran maestra de vida, no perdamos la esperanza, porque muchos estamos dando batalla a esta nueva amenaza a la raza humana, no a nuestra humanidad, desde nuestros hogares los que podemos y los que están arriesgando los suyos por personas desconocidas, juntos estamos haciendo la diferencia, me despido porque debo volver a entrar a la casa para revisar como va esa torta de elote en el horno.

Con amor, Mara. 

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Mara,
    las descripciones son muy buenas, falta que te centres en el objetivo de tu texto. ¿Qué es lo que quieres transmitir?

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