Reto 2. Conexión: Luz entre penumbras.

Hola, amigo. ¿Cómo estás?

Oh. Disculpa la imprudencia de mi pregunta. Estás en cuarentena, como yo.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos tomamos una cerveza, que fuimos a un antro, que coreamos la canción de moda que tanto nos gustaba. Quién lo diría, ¿no?

Es una noche calurosa. Ni teniendo las ventanas abiertas puede refrescarse un poco la casa. La luz del foco ahorrador me provoca dolor de cabeza; quisiera cambiarlo, pero no tengo repuestos. Sin embargo, el canto sereno de los grillos comienza a tranquilizarme.

Sé que eres consciente de que el mundo no es como antes, ni lo será.

Tenemos 21 años. Estábamos a punto de graduarnos, ¡solo nos faltaba un escalón para culminar la escalera de la carrera profesional!… ¿Y ahora? Flotamos en un limbo de incertidumbre, sí. Pero, analiza la situación. Todo ocurre por algo.

Me comentaste que, como yo, crees en el Dios de Todo. Entonces te exhorto a no rendirte, a no apartar la mirada del sendero. Al Creador no se le sale nada de las manos; tiene una estructura rigurosa en la que se despliega todo lo que hemos de atravesar.

¡Guarda esas muecas y esboza una sonrisa, porque todo saldrá bien!

Espera… Afuera, mi perro ladra y se escuchan parloteos. Tocan la puerta de madera: una, dos, tres veces, pero quien sea que haya venido, se marcha dando torpes pasos. Algo insólito, porque se supone que nadie debe salir. Caray. En fin.

En tiempos como este, recuerda que nada es una casualidad. Ni siquiera nosotros. Ten en mente a tus padres, reflexiona y date cuenta de que la posibilidad de que se conocieran y decidieran tener un hijo era mínima. Ahora, imagina la dimensión del milagro que debió ocurrir para que seas tú quien me lee. Tuvieron que ser el esperma y ovulo correctos. Escuché por ahí que la probabilidad de que eso sucediera era de 1 entre 400 cuatrillones.

¡Alégrate! Aun en tiempos de tormenta, siéntete dichoso por ser parte de los que aún podemos ver, sentir, oler. Tal vez, la penumbra de estos tiempos llegó porque era el momento exacto para descubrir que todos y cada uno de los que poblamos el mundo tenemos luz dentro.

Mamá riega sus geranios rojos y retira las hojas secas. Admirar el agua cayendo sobre la tierra ocasiona que mis labios pierdan humectación y que la lengua se me seque. Tengo sed. Amigo, antes de ir a la cocina, quiero reiterarte que, aunque vivamos encerrados por un tiempo, debemos permanecer llenos de visiones a futuro. ¡Que la adversidad se prepare porque no pensamos caer todavía!

Cuenta con Dios, y conmigo, tu camarada, Emmanuel R.P.

emma70049
Author: emma70049

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    EL texto se siente cortado. Faltó trabajar la fusión en el inicio.

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