RETO #2, ANSIEDAD

Estoy dando vueltas en mi habitación, con una taza de café que está bien caliente, me paro un momento solo para oler el rico aroma de mi café. Escucho el timbre de mi celular, tengo las notificaciones de una de los mejores periódicos digitales de mi país. Malas noticias de la pandemia. Más muertes. ¡Dios mío! El presidente luego de la conferencia con Victoria esta mañana emitió un decreto de alerta. Pienso en todos los acontecimientos que están pasando actualmente en mi país, tengo tanto miedo de caer en  una ansiedad que no pueda controlar, es imposible no ver y leer las noticias de cómo está creciendo la pandemia, pero hay momentos en que sería mejor no leer ni escuchar nada. Todos los días me muerdo los dedos, camino en el mismo pasillo de mi habitación color beige pensando y orando para que todo esto pase pronto y poder caminar en las calles de RD sin temor a infectarme. Me paro un momento y me miro en el espejo que está en medio la pared frente a mi librero. Estoy muy demacrada, las ojeras, el pelo esta opaco, mis labios muy resecos y mi abdomen esta abultado. (Estoy subiendo de peso)  Siento el sudor corriendo por mi rostro, ¿qué hora serán que hace tanto calor? Estoy casi desnuda, con un bóxer gris  en combinación con mi blusa de tiros y mi larga melena marrón amarrada. Miro mi reloj color rosa, son las 2:30pm, con razón siento un calor insoportable, las cortinas color azul cielo tampoco ayudan a que se refresque mi habitación, son  black out, su material es engomado y el resplandor del sol hacen que la goma de las cortinas se calienten, tuve que comprarlas así, porque el sol entra directo a mi habitación y no me dejaba dormir después de las 8:00am. Me siento un momento en la esquina de mi cama, no me había dado cuenta que las cortinas hacen juego con la colcha de mi cama y la alfombra azul que me hizo mama Eduviges hacen ya dos años. Verifico mi lista de quehaceres a las 3:30pm tengo una reunión virtual con mi jefa, busco mi Laptop color purpura para trabaja que está en el sofá color gris que está en la sala. Mi taza de café la dejo en la cocina  que comparte espacio con la sala (es un apartamento pequeño) vivo sola, no necesito más espacio. Desde  que el presidente emitió alerta nacional, suspendieron  los trabajos  hasta nuevo aviso, pero desde casa trabajare, tengo que terminar mis informes antes de que me llamen. Escucho el sonido de una de las sirenas de ambulancia,  voy sin pensarlo a la ventana de mi habitación para  confirmar mis sospechas (desde las ventanas de mi habitación se ve con mucha facilidad la calle) efectivamente  es una ambulancia de salud pública, tiene que ser un nuevo infectado. Que miedo siento cada vez que las escucho. Cierro la ventana, camino cabizbajo hasta mi cama y enciendo mi laptop. Pero en vez de ponerme a trabajar busco nuevamente en YouTube el testimonio de Victoria. No quiero trabajar, no tengo cabeza para eso en estos momentos, me gustaría escribirle una carta a mi guerrera favorita, la conferencia de esta mañana fue increíble, en medio de todo este caos que se avecina.

 

 

Victoria..

Me emocionó tanto verte esta mañana impartiendo la conferencia de violencia de género en la universidad. Estabas como todo una guerrera hablando del tema que años atrás te destrozo tanto la vida, hasta el día que decidiste salir de ese pantano que estaba acabando contigo.

No te puedes imaginar las mujeres que se han inspirado solo con ver tu testimonio en YouTube, como te entregaste hablando de tu pasado, como sentimos en cada palabra el dolor que te causaba hablar de él, pero lo ¡!HICISTE!! Lo hiciste por nosotras, las que no habíamos despertado, las que no hablaban y solo lloraban en silencio por la vergüenza y el dolor de que alguien se entere de lo que hemos estado pasando.  Eso te dio el valor de hacerlo.

Por favor que nunca el pasado arruine tus esfuerzos del presente. Hay días que a mí me pasa, pero recuerdo que hay mujeres como tú, que luchan por brindarnos fortaleza en medio de los tormentos que presentamos por debilidad. SOMOS HUMANAS.

La vida de una mujer es muy corta, cuando solo se la pasa quejándose de lo malo que le preparada la vida, pero hay otra manera de vivir, y gracias a ti me he dado cuenta de eso. 

¡Un fuerte abrazo!  Y que Dios siga bendiciendo largamente tu vida.

 

Att: Una mujer que callaba

 

sahimercedes
Author: sahimercedes

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    No hay una fusión de ambos textos. Y me dibujas una situación muy gris de cómo estás… recuerda el propósito, qué quieres transmitir.

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