Reto 2 Amado Papito

Amado Papito:

En la soledad de esta fría noche de otoño, desde la inusual tranquilidad de mi hogar y al son del tic tac de un viejo reloj, me animo después de muchos años a escribirte a corazón abierto.  Daría cualquier cosa por tenerte aquí una vez más, retándome por el desorden de libros y juguetes o por andar descalza; me encantaría mirarte a los ojos y fundirme en un cálido abrazo tuyo.

En estos días de aislamiento preventivo, donde en el mundo entero reina el caos y la desesperanza, por salud mental y para proteger a las niñitas, decidí apagar el televisor, descansar del mundo, conectarnos con el corazón y abrigar el alma con recuerdos y vivencias que nos han construido en quienes somos.  Durante la tarde estuvimos viendo fotos de cuando era niña, les compartí parte de nuestra historia a las peques y eso me ha hecho pensar mucho en ti papito, en lo que fuimos y en lo solo que debes estar en este difícil momento para la humanidad, sin contacto físico con tus más cercanos, aislado de tu trabajo y el fútbol que son tu vida, pero mucho más en lo injusta que he sido contigo por tanto tiempo.  Quien diría que sería un villano invisible y silencioso quien llegaría a detener el mundo y hacernos aguzar los sentidos para hacernos visualizar lo invisible y realmente importante.

De reojo en el rústico espejo de la sala logro vislumbrar reflejado el rostro de una mujer adulta, soy yo, a mis 39 años de edad, más la emoción que siento al estar nuevamente junto a ti, aunque sea abrazándote con palabras, es la de una feliz niña pequeña.  Hoy recordé que en mis sueños infantiles eras mi príncipe azul, me casaría contigo y solo entre tus brazos me sentía segura y feliz.  Más, un sinfín de sucesos en la montaña rusa de mi vida, me hicieron “madurar” a golpes y matar a mi príncipe, invitándome por años a construir muros de resentimiento entre nosotros.  Fueron muchas las recriminaciones internas que te hice, te juzgué duro cada vez que pude, auto intoxicándome de rabia, desperdiciando el tesoro más valioso que podíamos tener y que hoy valoro que es la salud y el tiempo para disfrutar.  Hoy comprendo que era la niña chiquita de mi interior, que desde el miedo, reclamaba el amor y la protección que era de ella y de súbito, perdió, sin saber cómo enfrentar ni canalizar sus emociones.

Revisando una caja misteriosa que estaba en lo más profundo del desorden de mi closet, encontramos recuerdos y fotos muy divertidas donde estamos con mis hermanos en el cerro, en la playa, en el estadio, en actividades del colegio y en muchas otras más, que me permitieron romper las barreras del tiempo y salir del encierro temporal, sin movernos de casa; te invito a revisar entre tus cosas y compartirnos que tesoros encontraste y para donde te trasladó el corazón.  Mil recuerdos de momentos mágicos refrescaron mi memoria e incendiaron mi interior con un fuego diferente, haciéndome entender que crecimos al alero de un hombre de excelencia, esforzado y muy responsable.  Te vimos entregarte al servicio de la humanidad desde la salud, exponiendo tu vida si era necesario y al igual que cualquier ser humano merecedor de amor, emprender el viaje hacia el amor verdadero.  A ojos de niños sentimos tu abandono, y hoy, con ojos de adulta, veo claramente que no fue así.  Nunca dejaste de amarnos y estar, a tu manera, para cada uno de nosotros. 

Te agradezco tu siempre oportuna presencia, acompañándonos en triunfos y derrotas, en cada cambio, en cada emprendimiento, con el mejor ánimo, voluntad y aires de esperanza.  Agradezco también la sobreprotección que me diste de niña, que en algunas áreas -ahora de grande- me ha obligado a esforzarme el doble para superar limitaciones y crecer, pero al leer las intenciones de tu actuar, hoy comprendo que era solo tu amor sin medida que intentaba protegerme. 

Te pido perdón por la dureza con la que te juzgué.  De forma egoísta e infantil me sentía con derecho a hacerlo y ahora con corazón de madre y de mujer hecha y derecha, que ha buscado también el amor verdadero y que ha vivido la soledad, entiendo que no tenía ningún derecho a recriminarte nada, pues como padre no fallaste.  Me diste solidos valores, sobre los cuales he construido mi propia familia.

Juntos hemos salido de grandes batallas, ¿Recuerdas el terremoto de marzo de 1985, mientras me sostenías en tus brazos y el que era nuestro hogar se desmoronaba?  Yo tenía 4 años de edad, recuerdo clarito que en pleno terremoto, señalando con tu mirada el cielo, me invitaste a rezarle a Tatita Dios para que nos sacara de ahí con vida.  Hoy, con la misma fe pura, de hace más de 35 años atrás, te invito a dejarnos sostener en los brazos del Padre Celestial, somos sus hijos amados y si nos ha protegido antes, esta vez no será excepción.  Ya pasará esta prueba papito y saldremos fortalecidos y engrandecidos, para seguir dando testimonio con nuestras vidas de la existencia de un Dios de amor.

Prometo que esta carta será la primera hoja de un nuevo capítulo en la historia de nuestras vidas y aunque ya no creo en príncipes azules, te confieso que eres mi rey y te sigo amando con locura y admiración.

Tu Polita.

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plizama.coach
Author: plizama.coach

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Aquí el objetivo de tu carta es la reconciliación. Es bellísima, pero no es o que buscábamos en el reto, aunque espero y la envíes a su destinatario. Le hará mucho bien

    1. Gracias Romina, es mi destinatario real, con sentimientos y vivencias reales. Hay quienes necesitamos URGENTE una reconciliación y eso por si solo trae consigo la esperanza y ganas de seguir viviendo.

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