Reto 2

La música de fondo poco me deja concentrarme, esa manía de mi esposo de trabajar con su playlist de los noventas, estoy aquí, en mi escritorio improvisado, formado por un par de viejas mesas, con espacio limitado,  al lado de la sumadora aún el vaso vacío del jugo de anoche, me encuentro nadando en un sinfín de facturas, y es que el orden no es una de mis cualidades principales, llevo dos semanas trabajando desde casa, o por lo menos haciendo el intento, y es que no te he dicho que soy contadora, aunque amo las letras, el destino se ha empeñado en que trabaje con números.

Frente a mí, la luz casi cegadora hace su entrada por el amplio ventanal, el verde de los árboles se asoma tras esos vidrios, los pájaros juegan turnándose en el alambrado público y alegran mis preocupaciones con sus cantos sonoros, estamos en pleno verano y en estas semanas la temperatura ha alcanzado los 35 grados, solo corre una pequeña brisa apenas perceptible en el vaivén de las hojas de una alta palmera.

Desde que estoy trabajando desde casa todo ha sido un poco caótico, por más que trato de cumplir el horario, el aroma de la comida quemándose en la cocina me hace dejar de improviso mis ocupaciones laborales o el calor agobiante de la tarde me genera un profundo sueño, y es tan tentador querer tomar una siesta, más cuando mi cómoda cama está a unos pocos pasos de distancia. Igual trato de reponer el tiempo perdido más tarde, por lo que mi jornada termina cuando ya la luna empieza a hacer su aparición.

He leído tu carta por casualidad, no estaba dirigida a mí, no te conozco, no me conoces, nos separan miles de kilómetros y aun así pude sentir tu dolor en mi alma, tu soledad reflejada en cada una de tus palabras me conmovió de una manera muy profunda.

La verdad este proceso ha sido muy extraño, trabajando entre una mezcla de paranoia y búsqueda de auto control, esperando que el reloj chino de la cocina marque las doce, para bajar a encender la televisión y escuchar el noticiero, esperando escuchar mejores noticias a las de los últimos días.

Te aseguro que desde hace un par de semanas las noticias acompañan los almuerzos de casi todos los costarricenses, junto al arroz y los frijoles, el reporte de la situación, al principio las amenazas se sentían lejanas, en otro continente, y eso nos dio una falsa sensación de seguridad, pero olvidamos que era una enfermedad con pasaporte universal y que pronto visito nuestros hogares, y aunque tratamos de cerrar la puerta, se coló por las rendijas y ahora nos amenaza, eso me da mucho miedo, pero no perdemos la esperanza en que los sacrificios de hoy, vean la luz muy pronto.

Tus pérdidas son irreemplazables, no haberte podido despedir, hace aún mucho más difícil estos momentos, tener que luchar sola, contra el fantasma de los recuerdos, es de los panoramas más tristes que podemos enfrentar en la vida.

Pero este no es el fin, si aún estas aquí, es porque todavía tienes una misión, porque a pesar de todo, la aventura de la vida te está esperando cuando puedas cruzar esa puerta, no será lo mismo, pero diferente no es sinónimo de malo, volverás a sonreír, te encontraras con amigos que comparten tu dolor y todos juntos saldrán adelante.

Aquí la cuarentena de momento no es obligatoria, no existen multas o sanciones si sales de casa, pero juro que mis pies se ponen más pesados cada vez que alguna razón impostergable me obliga a salir de mi zona segura.

Si no pudiste despedir a tus padres, la mejor manera de hacerlo y lo que ellos hubieran querido es que seas feliz, que sigas adelante, que el sufrimiento no te paralice, que encuentres motivos para levantarte cada mañana, y poquito a poco, con pequeños pasitos llegara el día en que puedas salir de esta soledad y empezar a reparar tu corazón.

La oscuridad pronto pasara, y más fuerte y renovada encontraras un nuevo comienzo.

laura.cm28
Author: laura.cm28

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Muy buena tu forma de escribir, lo que falta es centrar la idea en la emoción a transmitir. Si quieres darme alegría, esperanza, un abrazo… dibujar todo un panorama negro, mostrarme tu miedo, o el de tu país, lo hace difícil.

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