Reto – 2

Reto-2

Sr. Nelson, he de confesar que al inicio no sabía como dar pie a esta carta, pero conforme caía el día decidí que lo importante era hacerlo aunque no encontrara las mejores palabras. Comienzo a recordar su desahogo mientras me pierdo en con la mirada en la ventana. El paisaje naranja del atardecer combina con mi oscilante temperatura y se contrasta maravillosamente con la frescura de la habitación. 

Es cierto que por encima de la emergencia mundial tenemos muchas otras preocupaciones. En lo personal, fue difícil digerir sus palabras. Sin embargo, fue fácil abrazarlas, sentirme uno con su situación y entender la fragilidad del momento. Dos extraños compartiendo un instante de sus vidas a través del teléfono, separados por cientos de kilómetros, mas unidos por la misma cuarentena. Acá, la luz cálida y natural se asoma por la cortina entreabierta y me brinda la calma necesaria en estos tiempos de oscuridad. Me distraigo brevemente y noto el canto de las aves alegrándome el día. Sus melodías me hacen reaccionar ante una idea que no había cruzado antes mi cabeza: el mundo no se detiene, por el contrario, se abre paso y evoluciona. 

Conocerle es parte de ese cambio, es progreso para la humanidad, estamos más cerca en estos días nublados y somos capaces de encontrar a más personas como usted. Gente con luz propia, una llama perpetua que resiste el tiempo y la adversidad.

Quisiera hacerle una pregunta ¿ha notado cómo ahora los pájaros cantan más a menudo? Cantan por que son libres, incluso sin tener un peso en el bolsillo (quizá les ayude el hecho de no con contar con bolsillos del todo). El punto es que nosotros también somos libres. Tal vez usted sienta que somos presos de nuestras inquietudes, a mí me pasa igual. Pero encontramos libertad en los pequeños detalles. Escuchar nuestra canción favorita, encontrarnos con un viejo amigo en un libro, escribir una carta…

Le invito a ser libre conmigo, si responde a mi carta le contaré más sobre como la ausencia de tráfico en mi pueblo me permite respirar profundo y disfrutar el dulce y sobrio aroma del jardín. Compartiremos el sabor a gloria del café por las tardes, conforme se dibuja una lenta sonrisa en nuestros rostros. Un gesto silencioso que dice más que las palabras. 

Sr. Nelson, al escribir las últimas líneas me sorprendo balanceando mi cuerpo mientras saboreo una fruta en cubos. Sí, con el café de la tarde; y aunque la papaya no sea su mejor acompañante, me alegra llenar el estómago. Pero más que la comida, me hace vibrar el pecho la acción de conectarme con usted, escuchar a alguien de su edad abrirse así frente a un desconocido es alimento para el alma.

No quisiera despedirme sin antes recordarle que usted ha sido ese toque humano que me puso los pies sobre la tierra al mismo tiempo que abrió mis alas para volar hacia mi libertad interna. Es usted alguien que en medio de palabras fuertes pinta su entorno con el color de la esperanza. 

 

Espero leerlo pronto Sr. Nelson.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Siento que has cortado y pegado en el texto, pero faltó una lectura final, por ello hay errores de dedo y hay momentos en que no se entienden los saltos… lee siempre antes de publicar algo.

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