Reto #2

Mi querido viejo:

muy pocas veces te lo digo, y creo que es el momento correcto, para decir: ¡Te quiero!

Los días cada vez parecen más largos, y es inevitable no sentir desagrado estando aquí encerrado. Es cierto, no puedo ser malagradecido, pues tengo un techo, aunque en momentos pareciera estas cuatro paredes un infierno. Esta reducida habitación de 2×3 más bien parece un horno crematorio, el techo es lo suficientemente bajo como para sentir el vapor que produce cuando es calentado por el inclemente sol. Ese mismo que entra por la ventana, que está a un costado de la cama. Nado en el desorden de ropa y zapatos tirados justo debajo de esta mesa chueca, desde donde te escribo estas letras.

Las distancias apartan los cuerpos, pero nunca las almas. Lo verdaderos equipos permanecen unidos aun cuando están lejos. No permitas que la desesperanza nuble tu mirada, esa mirada que ha sido testigo de miles de acontecimientos a través de los años. Eres un sobreviviente de la guerra contra el tiempo.

 Mi habitación no tiene puerta, por lo que puedo oír todas las voces de afuera, el niño llorando, la mamá gritando, y yo aquí, tratando de concentrarme para seguirte hablando.

La sensación térmica hace que gotitas de sudor recorran mi cuerpo; al lado de esta hoja, tengo un vaso con agua con hielo, que al igual que yo, suda por el intenso calor. La ventana, que se encuentra abierta, solo deja pasar los rayos del sol, pues si un pequeño soplo de brisa se cuela entre las rendijas; desde mi silla de madera, algo mal trecha, puedo ver hacia afuera, puedo ver que aún hay un hermoso mundo que me espera.

No te asustes viejo, ¿Por qué crees que ese virus busca llevarse a los de edad avanzada? No, no es por lo que todos dicen o por lo que tú crees; no es porque seas débil, sino, porque, en realidad, eres el guerrero más fuerte y valiente. El que más batallas ha librado, el que más victorias ha alcanzado. El que ha vivido lo que nunca nadie le ha tocado. Eres de esa generación de guerreros de los que no ha vuelto a nacer, de los que ya nadie volverá a engendrar. Ese héroe valiente que lucha inalcanzable hasta el final, que no importa si está cansado, se levanta una y otra vez a trabajar, para el sustento a su familia llevar.

Debes cuidar tu espalda, el enemigo acecha cual león a su presa. Cuida muy bien tus flancos, pero si el enemigo ha de llegar, que te encuentre en medio de la felicidad, recuerda que ésta solo tu la puedes hallar, y solo tú la puedes también desechar. Elígela todos los días, recuerda que no solo esta tras las victorias, sino que también la encuentras y en mayor proporción, en el camino que tienes que andar. Tu mismo eres la fuente de la felicidad, esa que el mal quiere apagar; es tu decisión entonces si luchas para ganar, o te rindes y te la dejas quitar.

Mírame a mi, veo a lo lejos que los árboles se mueven, y por fin siento que el aire logró traspasar la ventana y mi rostro siente la suave brisa de primavera. Refresca mi cuerpo y mi mente, me da aliciente para seguir viviendo, para continuar escribiendo, mientras espero impaciente, que todo esto que estamos viviendo pronto se convierta en un lejano recuerdo, del que recordemos riendo, mientras no abrazamos de nuevo.

Catherine Bernal G.

¿Te gustó?

Puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!.

catherin.1205
Author: catherin.1205

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Recuerda tener presente el objetivo, el para qué…
    si dibujas tu realidad terrible, lo que transmite es preocupación al lector.

Deja una respuesta

4 + siete =