RETO 19 – ¡MÍRATE! ¡ERES MI MÁS GRANDE CREACIÓN!

Ahí estaba ella esperándome cuando escuchó el sonido de las llaves introducirse en la cerradura. Me acostumbré que cada noche, una vez que cerraba la puerta, se abalanzara sobre mí envolviéndome en una paz pasajera. Era tanto su abrazo que dejé que la basura fuera acumulándose alrededor de la casa, que los restos de comida en la cocina empezaran a despedir un olor nauseabundo y que la lavadora estuviera esperando la ropa tirada en el cesto. Esa paz efímera me quitaba el sueño, las ilusiones y las ganas de vivir. Y es que, como escuché alguna vez, la soledad son ese montón de sonidos que no escucha nadie, pero hacen demasiado ruido.

 Esa noche me paré frente al espejo del ropero y sentí lástima de mí. Me sentía solo. Una especie rara que veía cómo poco a poco las pocas ganas de vivir se me extinguían. Que necesitaba sostenerme de algo para no seguir cayendo a un abismo sin retorno. Me recargué en la pared y me dejé caer en el suelo abrazando mi rodilla, acurrucándome contra mi pecho y hablándole a ese ser que dicen que todo lo puede.

 —¡Dios! ¿Dónde estás? Si en verdad existes, como suelen decir, ¿por qué no haces algo para ayudarme? —mi voz era una combinación entre súplica y reclamo— ¿Por qué sólo te la pasas observando y no me tiendes la mano? ¡Mírame! ¡Necesito de ti!

 No sé si fue mi imaginación o mi estado depresivo, pero un viento suave movió el azul de las cortinas y una voz fuerte y profunda se escuchó alrededor.

 —Hijo, hijo mío. No ves que aquí estoy contigo. ¿O es que acaso no me sientes cuando escuchas el latido de tu corazón o ves tu reflejo en el espejo? ¡Mírate! Eres mi más grande creación.

 —¿Y de qué me sirve ser tu creación si cada vez me siento más solo? —respondí molesto.

 —Cuando lo único que ves es tu desgracia, me pierdes de vista. Yo nunca te he abandonado. Siempre he estado a tu lado y lo estaré hasta el fin de los tiempos.

 —¿Y por qué me siento así? —bajé un poco la guardia—. ¿Por qué esta sensación de vacío se apodera de mí?

 —Porque no me hablas —escuché como la voz fue bajando el volumen hasta un nivel más íntimo—. Todas las noches te veo llegar a casa y desde una esquina observo cómo te dejas abrazar por la soledad y la depresión. Y me duele. Lloro esperando que te acerques y no me dejes con los brazos abiertos. Pero me ignoras. Siempre lo has hecho.

 Esas palabras me aniquilaron. Realmente mi enojo y reclamo eran solo la impotencia de no pedir ayuda, de no saber cómo hacerlo. Nunca supe lo que era el abrazo de un padre, y ahora que esa voz respondía a mis súplicas, entendí que siempre estuvo ahí, dispuesto a abrazarme y a consolarme.

 —Yo te di libre albedrío —continuó la voz—, para que escojas el camino que más prefieras. No te obligo. No te presiono. Pero cuando me necesites, aquí estaré. Sólo llámame.

La voz desapareció poco a poco. Sin embargo, me quedó la certeza de que, a partir de ese día, en algún lugar de la casa estaría su presencia. Me arrodillé y dejé que mis lágrimas fluyeran lentamente.

 —Señor… Perdóname por no haberte escuchado antes, por haberte dejado con los brazos abiertos en mis noches de soledad. Por no entender cuán grande es tu amor hacía mí. Gracias, Padre, por haberme escuchado esta noche y abrazarme como el papá que nunca tuve…

Esa noche dejé que mis lágrimas limpiarán mi alma y sanaran el dolor que había en mi corazón. La soledad y la depresión se acurrucaron en el patio trasero esperando el momento oportuno para volver a atacar.

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    Muy bien el diálogo y la ontología, lo que debes releer es el inicio. Tu primer párrafo está poco claro, enredado, falta algo para poder entender lo que deseas transmitir allí.

  2. Ana Elena

    Tienes razón en tu texto. La Soledad y la depresión se apodera de uno, por eso no hay que perder en Dios, él siempre está presente.

  3. Ana Elena

    Tienes razón en tu texto. La Soledad y la depresión se apodera de uno, por eso no hay que perder la fe en Dios, él siempre está presente.

  4. katimav

    Dios siempre nos observa, somos nosotros los que frecuentemente estamos ciegos a Él. ¡Saludos Alkysirez!

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