Reto 19. Dios actúa misteriosamente

Dios actúa misteriosamente

 

Acudo a su llamada de inmediato. No lo pienso dos veces. Mis pies se mueven apresurados, mientras tomo mi cartera y mis llaves. La adrenalina está subiendo. De camino a su casa, repaso una y otra vez sus palabras. Su voz reflejaba una angustia muy profunda. Conozco ese sentimiento de primera mano y, realmente, temo por su vida ¡Esto es una urgencia! No tardo en llegar. La puerta está abierta. Recorro la sala, cocina y comedor, pero no la veo. 

 

—¿Eres tú, Sarita? —su voz se escucha ronca—. Estoy en mi recámara. Ven, pasa. 

 

Abro la puerta y la encuentro sobre la alfombra, está sentada, recostada sobre la pared y con las manos en su rostro. Justo a su lado, un frasco de pastillas regadas. Corro hacia ella y la abrazo.

 

—¡Aquí estoy, amiga! ¡Aquí estoy! —siento un gran alivio al verla con vida, llegué a tiempo— ¿Necesitas que te lleve al médico? —le pregunto señalando el frasco de pastillas.

 

—No, estoy bien. No pude hacerlo, amiga— rompe en llanto y se tira sobre mi pecho—. Le dije a Dios que si existía, no me permitiera morir y, cuando estaba por tomarme las pastillas, un mensaje llegó a mi móvil, eras tú —me mira con asombro—. Abrí tu mensaje y leí: “Porque yo sé los planes que tengo para ti, planes para tu bien y no para mal, para darte el fin que esperas”.

 

—¡Oh preciosa! Eres la niña de los ojos de Dios. Él te ama de una manera inimaginable. 

 

—¡Yo lo reté! Estaba convencida de que no existía, pero me respondió a través de tu mensaje —su mirada se torna sombría— ¿Por qué no pudo salvar a mi madre?

 

—Dios actúa de maneras misteriosas, pero nunca se equivoca. No salvó a tu madre del cáncer, pero a través de él, le dio las más grandes enseñanzas. Ella conoció a Dios en su enfermedad, le entregó su vida en medio del dolor y disfrutó sus últimos días llena de paz, y con un gozo que solo Su Amor puede dar —no sé de dónde provienen mis palabras, pero fluyen con naturalidad—. Quizás la pregunta no sea “por qué”, sino “para qué lo permitió”. De no haberlo permitido, no estaríamos hoy aquí. No lo hubieses retado y, Él no te habría respondido. No hubieses descubierto que tiene planes para tu bien, para darte lo que esperas. Permitió todo esto, para que supieras que Te Ama, así como amó a tu madre. Él es tu Padre Celestial y quiere que seas su hija ¿Lo aceptas? —me pongo de pie y le extiendo mi mano para que también lo haga.

 

—¡Claro que lo acepto! Es algo que siempre había anhelado. Sentir que soy importante para alguien porque siempre me ha hecho mucha falta el amor de mi padre —se pone de pie y está sonriendo—. Más que una amiga, hoy has sido mi ángel ¡Gracias, Sarita! —nos abrazamos fuertemente y salimos de su cuarto. 

 

Esto también ha sido una lección para mí ¡Gracias Dios, por utilizarme como instrumento para realizar este milagro en la vida de mi amiga! ¡Ha sido un privilegio! 


-Saranyi Drisselley-

1

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Muy bien. Ahora cuida los tiempos verbales, y la repetición de palabras.
    Esto no es acotación sino parte de la narración. Va punto y aparte y sin guión, porque marcan ya acción fuera del diálogo.
    —nos abrazamos fuertemente y salimos de su cuarto.

Deja una respuesta

18 + veinte =