RETO 19: Creo

—Yo creo en Dios, pero no en los hombres —concluye, enfático, al teléfono.

Es una de esas noches en las que hablo con Alex por llamada, hasta muy tarde. Comenzamos con temas casuales, superfluos; y ya en la madrugada, terminamos sincerándonos en la profundidad de nuestras creencias: fe, política, el mundo…

Sonrío, viendo su foto de contacto en el celular. Lo imagino. Me conmueve el hecho de poder decirle todo lo que pienso sin temor.

—Cierto. La religión es cosa de hombres. Pero, ¿sabes qué? Es necesaria —alego, con interés—. Las personas necesitamos de esas normas, valores, dogmas… todo lo que nos ayude a tener una posición propia de fe.

—Mmh… sí. Pero ojo: muchas personas se toman todo esto que dice las iglesias, al pie de la letra, y se vuelven fanáticos. Ahí sí, no estoy de acuerdo.

Me quedo callada un momento, pensando. Así es. Las religiones, las iglesias, están llenas de defectos. A través de la historia, han demostrado un proceder que no concuerda con lo que se espera del Dios real que profesan, amoroso y clemente. Pero eso es porque los caminos de los hombres son imperfectos; no, Él.

—Creo que ya tienes sueño, ¿verdad? Mejor vamos a dormir. A ver, ya son… ¡las tres y cuarenta! Con razón.

— Sí, está bien —quiero seguir hablando, pero estoy cansada—. Hay que levantarse temprano mañana. Descansa.

—Buenas noches. Te quiero mucho.

—Yo también…

Esa última frase se me queda pegada con dulzura. Cuelgo. Apago mi lámpara de conejo y me meto en la cama. Quiero dormir, pero mi cabeza aún sigue dando vueltas.

Yo creo en Él. Estoy segura de la existencia de esa fuerza poderosa que nos rige, que mantiene el balance de toda nuestra existencia. Y creo en su amor. Lo he visto actuar en mi vida. Haciendo pequeños milagros, cosas que ya había dado por perdidas, que de pronto vieron la luz. Sin embargo, ¡a veces se siente lejano! Ajeno a mí. Por eso toda mi vida, ha sido un vaivén de emociones en el mar de mi fe; inestable, algo interesada. ¿Aun así, Dios seguirá escuchándome? ¿Acaso no es hipócrita de mi parte decir que creo y no seguirlo realmente? ¿Cómo toma Él nuestras dudas, errores, nuestra humanidad?

Sé que es tarde, pero no logro despejar mi mente. Necesito ser sincera.

—Dios mío, a veces te siento muy lejos, como si no pudiera alcanzarte nunca —comienzo sin poder evitarlo—. Pero quizás he sido yo, egoísta y distraída en mi mundo, quien se ha alejado… Lo siento. No soy comprensiva. No confío ni en mi misma. Me siento indigna de amor —me detengo a respirar, antes que me aplaste la presión del pecho—. Eso no quiere decir que no esté agradecida por todo lo que tengo. Me has dado más de lo que merezco… Señor, gracias. Voy a intentar abrirte las puertas de mi vida. Lo que decidas hacer en ella, está bien. Solo dame luz para entender y la paz para continuar mi camino…

Es todo lo que puedo decir. Dejo que el silencio se apodere de todos los espacios e imagino que en algún lugar, Él me ha escuchado. Me volteo para evitar las luces de la calle y me arropo. Por fin, el sueño me invade y logro dormir.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Muy bien. Ahora corrección, quitar lo que sobra, evitar repeticiones…

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