Reto 18: Vacaciones.

–Toma asiento, hijo…

El viejo lucía apesadumbrado, algo más cansado que de costumbre. Era la primera persona con la que me había quedado a solas luego de mi retorno de la capital para un corto periodo de sufridas vacaciones. El ruido nocturno empezaba a disiparse y solo nuestras voces hacían eco en la primera planta de la casa. Algunas sombras débiles proyectadas por la luz blanca de la sala sobre el piso cerámico nos hacían compañía, mientras que el susurro del refrigerador que teníamos en el comedor cubría nuestros intervalos de silencio.

–¿Cómo va todo por aquí?

–Bien…, no nos podemos quejar… –dejó escapar un largo suspiro mientras se terminaba de acomodar en la silla–. Lamento postergar unos minutos tu descanso, pero sé que por lo general estarás ocupado hasta tu partida. Cuéntame, ¿qué tal el nuevo trabajo en la gran ciudad?

Una avalancha de ideas me tomó por asalto. Yo ya no era más el niño con miedo a responder por temor a ser regañado, y él tampoco el hombre al que acostumbrara a ver mirando hacia el cielo infinito. Los años habían hecho su trabajo y cada uno seguido el curso de la propia vida. Hablábamos entre personas formadas, seres con la experiencia de las cosas. Hablábamos entre hombres adultos.

–Ajetreado –resumí–. El ritmo de la capital es completamente distinto… –enarqué las cejas mientras observaba las losas blancas en el suelo–. Hay prisa por todas partes y nunca hay tiempo para nada –di un leve golpe con el puño en la mesa que teníamos al lado y me giré para verlo–. Parece que tenías razón, papá…, la vida no es tan fácil como la pintan.

Mi padre levantó la mirada y cruzó sus ojos con los míos. Ambos parecíamos tener un espejo que mostraba de cierta forma un reflejo lejano, pasado y futuro…  Entreabrió los labios y desvió la vista; las sombras hacían un compás lento al ritmo de su movimiento.

–Nunca lo fue, Eduardo –cerró los ojos–. Lo siento… Aún hay noches en las que sostengo en mi cabeza que aunque hice lo que pude, nunca fue suficiente para ustedes ni para su madre…

–Lo fue –atajé la idea–, y ahora lo entiendo… –continuaba el discurso sintiendo que se empezaba a formar un nudo en mi garganta–. Allí afuera es una jungla donde tienes que luchar con uñas y dientes para conseguir lo más elemental, tragándote el propio orgullo y sacando fuerzas de flaqueza para poder seguir avanzando –mi visión comenzaba a nublarse, sentía que algunas lágrimas bordeaban mis párpados–. Soy yo el que lo lamenta, papá, varias veces te juzgué sin saber… –mi voz se entrecortaba poco a poco–. Debes haber enfrentado a monstruos de saco y corbata sin que lo supiera yo o mis hermanos, tan solo para que tengamos un lugar donde dormir y podamos llegar al final de cada mes sin mayores preocupaciones.

Las palabras quedaron flotando en el aire, envueltas por la luz blanca fluorescente y el ronroneo lejano del frigider. Apretaba las mandíbulas produciendo roces secos con los dientes en mi afán de disimular la tensión. Observé la casa larga y vacía, el silencio que otrora fuera interrumpido por juegos y correteos, esa sala que alguna vez fue mía y que esa noche me recibía simplemente como huésped.

–Ya, hijo, relájate… –me dio un golpe suave en la mano que sostenía en la mesa–. Son las cosas de la vida… A pesar de todo se han hecho hombres maduros y de bien… –exhaló con fuerza, esbozó una sonrisa y se levantó con aire enérgico–. Mejor aprovechemos el tiempo. Te quedarás por pocos días, ¿verdad?

–Sí –giré a verlo–, quizás menos de una semana…

–Entonces no desperdiciemos la ocasión –caminó hacia el comedor con rumbo al refrigerador–. ¿Por qué no me acompañas con una cerveza?

Lo observé dando pasos un poco más pausados de lo que recordaba. Tragué saliva, la noche avanzaba y dormir ya no era mi prioridad. Me levanté sonriendo, le di alcance y lo abracé dándole un beso en la frente.

–Papá, mejor que sean dos…

Eduardo Burgos Ruidías.

burgos2099
Author: burgos2099

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    Revisa que las acotaciones y descripciones no rompan el ritmo de la narración.

  2. Minerva

    Me gusto tu relato , la relacion entre padre e hijo cuando llega la empatia con la experiencia de lo vivido .

  3. Ana Elena

    Bonito texto. Que importante es tener una bonita relación con tu padre y saber escucharlo.

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