RETO 18: TE PERDONO

El viento parece jugar con mi cabello, estoy sentada, giro mi rostro alrededor de la banca; y siento mucha ansiedad en la espera, pues han pasado dos años desde la última vez que vi a mi padre; reviso la hora en el celular, abro la carpeta de mensajería para escribirle, de pronto, una mano toca mi hombro, levanto la mirada.

—Hola mi amor —su voz emocionada se mezcla con una sonrisa tímida.

—Hola papá —saludo con voz baja, me levanto para darle un beso en la mejilla; él me abraza fuerte, me toma desprevenida, correspondo a ese abrazo que se alarga por varios segundos—. ¿Por qué le fallaste a mamá? —susurro a su oído, no puedo evitar las ganas de quitarme aquella gran duda que siempre me acompaña.

—¡Perdóname, por favor¡ —sollozando implora, se aleja y sus manos desliza por mis hombros—. Quiero explicártelo; sentémonos —nos ubicamos frente a frente, sobre la banca en el parque.

—Mamá es una gran mujer, siempre fue amorosa contigo, nunca te dejó en los momentos difíciles —agacho mi mentón y una gran tristeza me invade—, no merecía tu traición, tu olvido, que duro fue verla llorar y enfermarse de la pena —siento un nudo en mi garganta y hago una pausa, respiro—. No fuiste claro cuando dejaste nuestro hogar, te excusaste tras la última discusión que tuviste con ella, la culpaste, cuando ya tenías decidido abandonarnos por la relación de dos años que llevabas con otra mujer —mi tono se torna demandante, frunzo el ceño, no puedo ocultar mi molestia—. Te llamé tantas veces, días después de que saliste de casa, y sólo me respondió el buzón de llamadas, ¿Por qué no me contestabas? Era yo, tu hija mayor, quien te necesitaba —mis lágrimas se desbordan, él me mira sin saber qué hacer e intenta controlar el dolor que le causa mi sinceridad—. Cómo nos desarmó aquella carta que colocaron en la puerta de la sala, cada línea explicándonos tu amorío, nos tiró a un abismo de dolor —me presta su pañuelo, seco mis lágrimas, sus ojos brillan al mismo tiempo que me observa con atención—. Te lloré tantas noches a escondidas de los demás, no quise aceptar que el hombre íntegro, el padre correcto y disciplinado, se haya envuelto en los brazos de otra mujer —vuelvo mi mirada a él, mientras mi cabeza se mueve de forma ligera de un lado a otro, demostrando desconcierto—. Me decepcionaste, me rompiste en pedazos, no tranquilo con eso, olvidaste tus responsabilidades económicas para con nosotros, tus hijos, yo seguía en la universidad, era difícil cubrir con los gastos en copias, libros y pasajes —hago una pausa—, prometiste estar siempre para nosotros y lo olvidaste; mamá hizo hasta lo imposible por buscar salidas, no fue justo para ella, no fue justo para nadie —me quiebro y él coge mis manos—.

—¡Perdóname, por favor¡ No hay noche en que yo no me arrepienta por abandonarlos, por irme en el momento en que más me necesitaban —su voz se entrecorta y suena sincera, me aprieta las manos, lloro—.  No sé qué me pasó, yo amaba a tu madre, pero me dominaron mis instintos, nunca me cansaré de pedirle perdón a ella, por el daño que le causé —llora como un niño y con una mano seca sus lágrimas; mi corazón siente dolor—. ¡Perdóname hija¡ Por decepcionarte, por no haber sido un buen padre, por el dolor que te causé, no sabes la carga que llevo día a día, mi vida no es la misma sin ustedes, me hacen tanta falta —le miro con ternura entre lágrimas y siento cada una de sus palabras—.

—No soy nadie para negarte mi perdón, Dios sabe las veces que oré por ti, para que reaccionarás y cambiaras de actitud, siempre pedí que te guardara —me es complicado no llorar mientras le hablo con suavidad, pero lo intento—. Yo te perdono papá, yo nunca dejé de amarte —me acerco a él—.

—Gracias por tanto amor, gracias hija —nos abrazamos—.

Atte. Margarita

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Author: margarita8_04

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Minerva

    Hay desiciones que tomamos en la vida que cambian nuestro destino y el de los seres amados , y el perdon es la mejor manera de sanar.

    1. margarita8_04

      Así es Minerva, el perdón es la mejor forma, una abrazo a la distancia, gracias por leerme.

  2. romina

    Muy bien el escrito. Recuerda que no cerramos nunca con —.

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