Reto 18 “Soy amor gracias a ti papá”

—Ese pendejo, no sabe nada. —dice con voz enérgica mientras levanta un puño al aire.

—Papá tú no eres así, me entristece escucharte hablando así de las personas.

—¿Por qué lo defiendes, si ni lo conoces? —me voltea a ver enojado.

—Lo defiendo porque es un ser humano haciendo su trabajo, es un reportero y merece respeto. —lo digo alargando las palabras—. Y porque tú me enseñaste a ser respetuosa, amorosa, bondadosa, a ser humilde y generosa, ¿o no?

—Pues sí —baja la voz.

—Tú me dijiste una vez cuando era pequeña que no tenía porque juzgar a otros y ahora tú lo haces —digo con seriedad.

—Es solo una bromilla ja,ja,ja —se ríe.

—Sabes papá que yo estoy orgullosa de ser hija del amor verdadero, de ser una hija sumamente deseada; pues yo se cuan difícil era la posibilidad de mi concepción y que velabas por mi cuando me tuviste por fin en tus brazos, y sé que tú siempre me has cuidado y protegido y te lo agradezco —cambio de tono de comprensivo a serio—. Pero no tolero tu falta de respeto y amor a los demás, me ofendes.

—Sí mi Maranguito —se le entrecorta la voz—. Yo ya te amaba incluso antes de saber que iba a casarme con mami. Yo siempre soñaba con una  hija, bien bonita y bien buena; nunca me imaginé tener una hija bien cagada ¿cómo crees? —Ríe, pero con melancolía.

—Gracias papito, gracias por desearme tanto, tanto y amarme así desde siempre. Gracias a todo eso soy lo que soy “amor” —sonrío.

Te amo mi Maranguius, ya no seas pues tan enojonsilla —su voz parece chiqueada.

—Te amo papito. Y no quiero que seas grosero o derrames odio, me molesta, me entristece.

—No te enojes porque te vas a poner toda fea. —cambia a tono de broma.

—Pues no me hagas enojar porque sería por tu culpa eh. —sonrío, pero de inmediato me pongo seria y agacho la mirada—. Como cuando fumabas hace tantos años y no me hacías caso de dejar de fumar.

—Pero yo no fumo hace años —abre grandes los ojos.

—Lo sé pero aún recuerdo cuanto te rogaba y te rogaba porqué lo dejaras y te negabas —agacho la cara.

—Te prometo que nunca más voy a agarrar el tabaquillo. —su voz parece pequeñita, se chiquea al decirlo—. Lo haré por ti Maranguius —se cruzó de brazos.

—Gracias papá —mis ojos desbordan lágrimas, ya no puedo ocultar el sentimiento, lloro—. Es lo que siempre quise escuchar.

—Ven acá mi Maranguito. Aquí está papito —estira los brazos para abrazarme, me acerco.

—Gracias papi —lo abrazo fuerte como cuando niña, puedo sentir en su hombro el aroma fresco de su perfume, ese olor a “papá”, dejo que mis lágrimas mojen su camisa—. Gracias por siempre estar conmigo, por acudir siempre a mi llamado, por rescatarme y darme siempre solución a mis problemas, gracias papito por ser ese hombre que siempre me ha amado incondicional, pese a todo, sin importar las veces que me he equivocado, tú has estado conmigo. Gracias papito.

—Sí mi Maranguito —me abraza fuerte tomando tiernamente mi cabeza, así como se sostiene la cabeza de un bebé al cargarlo—. Siempre voy a estar contigo —sus ojos derraman lágrimas también.

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Salma

    Es una historia muy conmovedora y la fluidez de los diálogos me gustó mucho. Muchas gracias por compartir tu escrito.

  2. romina

    Muy bien, no olvides mantener la naturalidad en la voz de los personajes, y quitar aquello de relleno.

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