Reto 18. Ptolomeo.

   —Ptolomeo.

   —¿Qué pasó?

   —Ptolomeo —repetí con mayor volumen.

   —¡Ah, los ptolemaicos! Dinastía egipcia —su mirada brillaba de entusiasmo—. ¿Qué hay sobre ellos?

   Me senté en el capó de la camioneta, él se sentó junto a mí.

   —Ptolomeo, hermano de Cleopatra, faraona legítima de Egipto, traidora, aliada de César.

   —Cierto, era un caso perdido —contestó con una mirada difusa, sus ojos relejaban nostalgia o tristeza, no pude distinguirlo.

   Lo miré a ver como si estuviese a punto de confesarle algo, me di cuenta que era tristeza lo que se notaba en su cara, fue muy extraño verlo expresarse emocionalmente.

   —En otra vida, no lo sé, tal vez habríamos sido más cercanos, más unidos que solo dos aficionados a la historia, tuvimos un potencial tremendo para ser grandes amigos, una verdadera relación entre padre e hijo, lamentablemente el destino nos hizo tan diferentes…

   —¿Eso es lo que crees? —volteé a verlo confundido— Tú y yo no somos tan diferentes como pareciera, piénsale, creo que puede ver más allá, lo sé porque yo puedo.

   —Es cierto, ambos somos hombres de ciencia, de lógica y matemática, partidarios de la razón. ¡Pero nunca vi más allá de eso! ¡Nunca tuve un papá que me abrazara cuando corría a recibirlo del trabajo, y que me dijera que me ama! Mi mamá siempre me ha contado sobre cómo eras de joven, estabas en contacto con tus sentimientos, ¡escribías poesía!, eras más humano en esas historias que en la realidad que he conocido toda mi vida. No me malinterpretes, estoy agradecido de tener un padre como tú en muchos aspectos, pero pareciera que siempre te has preocupado en mostrarme lo que sabes y no en mostrarme quién eres —llevé mis manos a los ojos antes de que alguna lágrima se atreva a caer, nunca he llorado frente a él y hoy no sería la primera vez. Tomó la nevera, sacó dos cervezas y me extendió una. 

—Ya, quita esa cara. ¿A poco creíste que te la negaría toda tu vida? —noté una cierta sensación de paz y alegría en el tono de su voz— Mírate nada más, ya eres todo un hombre. Mi muchachote. Estoy muy orgulloso de ti hijo, siempre lo he estado, aunque no me escuches decirlo. Pone una mano en mi hombro tratando de abrazarme, trato de resistirme.

—Reconozco que no soy la persona que esperas que sea, el héroe que te gustaría tener por viejo, siempre lo he sabido. No te pido tu perdón, tampoco te pido amor y cariño, pues tampoco he sido muy afectuoso contigo. Únicamente te pido que aceptes a este humilde intento de guía, consejero, que nunca tuvo uno que le fuera ejemplo, que trabajó toda su vida para darle lo mejor a su familia, que le duele no tener las agallas de decirles todos los días cuánto los amo —su voz se ahoga, creo que quería decir más cosas, pero ya no es necesario. Le doy un abrazo fuerte, de esos que dejan sin aire.

—Gracias por todo papá, te amo —le susurro al oído mientras mis lágrimas caen sobre su ropa. Hoy sí fue la primera vez.

Omar Araujo

oaeska
Author: oaeska

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    No olvides lectura de corrección. Que cada palabra tenga una razón de ser en el texto.

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