No podía esperar mas
Era de madrugada, Rubens regresaba de un viaje que había impartido con su amigo Ricky. En la central camionera su padre lo esperaba, y así regresarían a casa juntos.
—Gracias por venir a recogerme papá —hay un silencio total—, y si lo entiendo, todavía es de madrugada y sé que necesitas descansar.
—¡Y si lo sabes! ¿Por qué decidiste llegar a esta hora? —contestó disgustado—, es la última vez, porque la próxima no seré yo quien vendrá por ti. ¿Como te fue en tu viaje?
Después de una semana, Rubens había regresado de su viaje con su mejor amigo. Visitaron varios lugares en el norte del país. Rubens nunca logró tener ese acercamiento con su padre que siempre quiso, y así, poder tener una mejor relación de padre e hijo.
—Tal vez no hubiera regresado, sería mejor para ti, y así, no tenias porque despertar temprano. —¿Y por que lo hiciste? —con un sonido tosco contestó—.
—Papá, sabes, no puedo soportar este dolor que aun me agobia. Siempre quiero preguntarte, ¿Por que no eres cariñoso conmigo? ¿Por que no me dices que me quieres? —comentó un poco triste—.
—Estas confundido, siempre hago lo mejor para ti. ¡Me la paso trabajando todo el día y me vienes a reclamar estas estupideces! ¿Tu crees que voy a escucharte? Te doy lo mejor que puedo y vienes a reprocharlo en mi cara. ¿Porque no te callas y me dices si ya terminaste tu tarea, mañana inicias tus clases?
—Me evades como siempre lo has hecho, ¿Por qué no me puedes escuchar por un momento? Quisiera ser tu amigo y así poder hablar los dos, hombre a hombre. ¿Por qué no eres como el padre de mi amigo Ricky?
—No me compares, y si vas a seguir reprochando, mejor sierra la boca o te puedes ir a vivir con tu amigo Ricky.
La inquietud era cada vez mas tensa por los reclamos de parte de Rubens hacia su padre.
—Sabes papá, cuando termine mi ciclo escolar, quiero irme de casa lejos, ¡si bien lejos! y así tal vez ya no escucharé mas tus gritos como siempre lo haces.
¡Gracias por compartir tu escrito!
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