Reto 18: La campana

Tengo un nudo en la garganta, no quiero dejarlo ahí, en ese cuarto frío, con esa ropa arrugada y ajena.

—¿Te sientes bien? —pregunté ocultando mi tristeza.

—Un poco cansado —su voz era muy baja, casi imperceptible.

Me acerque para poder escucharlo mejor, en ese momento él tomó mis manos. Pude sentir su miedo.

—Hoy es el último día —estreché sus manos con fuerza—. Pronto estaremos en casa.

Los doctores lo recuestan y le colocaron la máscara, observaba como lo atornillan a la camilla y lo paralizan, es una imagen de terror. Salimos todos de la habitación para que empiece el tratamiento.

Unos largos minutos después, entré de nuevo, lo ayudé a vestirse, le abotoné su camisa y le acomodé el cuello.

—Papi hemos terminado­—hay alegría en mi voz.

—Si—sonrió levemente, marcando aún más las cicatrices de su rostro­—. Que rápido pasaron treinta días, ya terminé con esta tortura.

Caminamos despacio hacia la salida.

—¿Quieres tocar la campana?

—No sé, me da mucha vergüenza —Bajó la cara y ahora miraba sus pies.

—Papi, al contrario, tienes que estar orgulloso, un proceso de radioterapia no es fácil —en mis pensamientos recordé la lucha tan grande que enfrentamos—. Has sido muy fuerte, es muy duro por todo lo que has pasado, venir todos los días, que te metan en esa máquina, la nauseas, la pérdida del paladar, el cansancio, y todos los demás efectos secundarios.

—Si es cierto, pero mejor no, no quiero.

—Es sábado, casi no hay gente —insisto como si fuera una niña pequeña.

—Ya, no sea necia —su tono es un poco más autoritario—. Yo no quiero campana ni nada.

—Está bien —no puedo disimular mi desilusión—. ¿Puedo tocarla yo por ti?

No respondió, seguimos caminando en silencio hasta la salida del hospital.

—Papi te quiero —nunca antes se lo había dicho—. Estoy tan orgullosa de ti, eres tan valiente, a pesar de tu edad —mi padre tiene 82 años—. Tenía tanto miedo de perderte —por mis mejillas empiezan a caer unas lágrimas—. Eres una bendición en mi vida.

Mi padre se detiene, se devuelve, lo sigo, llega hasta la campana, toma la cuerda y la hala, el tintineo resuena en toda la sala, personas curiosas se acercan y empiezan a aplaudir. Lo abracé.

—Yo también te quiero —me susurro al oído, de igual manera, era su primera vez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

laura.cm28
Author: laura.cm28

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Revisa los verbos. ¿Narras en presente o pasado?

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