RETO # 18: GRACIAS POR TANTO

Papá miraba la naturaleza, yo me acercaba a él, mientras mis hijos jugaban en el patio de la casa.

—Son muy traviesos tus nietos. ¿verdad papá?

—Sí, pero no tanto como tú cuando eras niño —nos miramos y sonreímos—. Cada vez están más hermosos. Tal vez los amo más que a mis propios hijos —volvimos a reír.

—Lo sé —guardamos silencio—. Recuerdo que cuando éramos pequeños fuimos muy felices en el hogar que tú y mamá construyeron para nosotros —miré sus ojos. Papá correspondió el gesto—. Fueron tiempos muy difíciles, pero ustedes se dieron modos para llenarnos de dicha, a pesar de las carencias.

—Recuerdo esos días como si fuera hoy —colocó su mano derecha en mi hombro y me invitó a caminar—, hubiese querido darles mucho más. Merecían todo.

Lo detuve y me ubiqué frente a él.

—No papá, no quiero que me mal intérpretes. No me estoy quejando. Al contrario, nos diste todo lo necesario para ser buenas personas.

—Sí hijo, pero hubiese querido apoyarlos más, sin embargo, no tenía dinero.

—No seas tan duro contigo mismo. Quizá lo material faltó, pero nos diste lo esencial, educación, valores como el respeto, la honestidad, la solidaridad, sobre todo el valor de vivir para amar.

—Pude esforzarme un poco más y darles a todos una carrera universitaria —agachó la mirada—. Tuvieron que trabajar para ser lo que ahora son.

—Te equivocas papá —levanté el tono de voz—. ¡La mejor educación nos la dieron tú y mamá con su ejemplo! No hay universidad en el mundo que supere eso.

Seguimos nuestra caminata con pasos cortos por la hierba mojada, a la vez que disfrutábamos del canto de las aves.

Ustedes nos enseñaron a amar a Dios, a respetarnos y apoyarnos entre hermanos —me contemplaba con alegría.

—Nunca imaginé que pensaras eso de nosotros.

—Pues sí, tal vez jamás te lo he dicho —tomé su brazo izquierdo—. Eres un gran padre —veía sus ojos humedecerse—. Gracias a lo que aprendí de ti, pude formar una familia estable, gracias a lo que me enseñaste les he dado amor, valores y herramientas a mis hijos, para que cuando crezcan puedan salir adelante. No lo dudes, gracias a ti, soy lo que soy.

Papá secó sus lágrimas que habían empezado a caer. Me abrazó y me sostuvo con mucha fuerza, mientras me decía.

—Gracias por tus palabras.

—No hay nada que agradecer, te las mereces —le contesté mientras nos separábamos —. Además, aún me sigues ayudando, juegas con mis hijos, los quieres mucho y les regalas tu tiempo de descanso.

—Estar con mis nietos, no es ningún sacrificio —mencionó sonriendo—, eso para mí es un placer.

—Estoy seguro que así es. Bueno, regresemos a casa. Hace frío, así que te invito un café.

—Aceptado de mi parte, ¡vamos!

 

 

josetjimenez27
Author: josetjimenez27

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Muy bien el uso de guiones y espacios, nos falta trabajar más las acotaciones, que las mismas realmente aporten al diálogo.

  2. andreahdz545

    ¡Qué bonito! La relación que tienes con tu padre me parece muy hermosa. Es lo que muchos anhelamos en la vida. De verdad lo sentí propio. Gracias por tus palabras.

    ¡Felicidades!

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