RETO 18: Divididos

—Mi Bastian… tan bonito que es, caramba —dijo acunándolo entre sus brazos.

Me acerqué a ellos, mirándolos con ternura. Ver a mi padre y mi hijo, juntos, me removía el corazón intensamente.

—Cuando se te cansen los brazos, me avisas papi. Ya está enorme…

—Mmh… —asintió, sonriendo— pero no me cansa. Él se quiere quedar aquí, ¿verdad? Con el abuelo.

Le hacía gestos muy graciosos. Nunca lo había visto tan infantil, tan conmovido. Un nudo en mi garganta se formaba. Después de tanto, por fin habían viajado a verme.

—Estoy feliz de que tú y mamá estén aquí. No sabes cómo lo pasé estos meses. Yo, dando un paso tan importante; y ustedes, tan lejos… —el dolor me detuvo un momento— Los extrañé, me hicieron mucha falta, papá.

—Ay mi chocha —había un dejo de melancolía en su rostro—. Para todos ha sido difícil. Uy tu mami, se moría por venir. Lloraba y lloraba, que quería estar con ustedes —hablaba de mamá, como siempre, para no contar sus propios sentimientos.

—Soy muy afortunada de tenerlos —continué—. No sabía cuánto hasta que me quede aquí. Sola y lejos. No importa si ya estoy grande, no importa si tengo un bebé, los sigo necesitando —hice una pausa. Él escondió su rostro, mirando a mi hijo—. Sé que esto nadie lo podía haber imaginado. Esta enfermedad que cambió todo. Nuestros planes. Pero papá, eso me ha dejado pensando… —dudé— ¿Es que mamá y tú, no han pensado en venirse a vivir aquí?

—Uy hijita… no creo. Sabes que tu mamá no se acostumbra.

—Pero papá —quiero suplicar—, no quiero quedarme sola de nuevo. Los necesito. Mi hermano también. Después de todo lo que ha pasado, no podemos estar lejos. La familia debe estar unida.

—Él y tú ya tienen su propia familia, hija —eso me dolió—. Nosotros tenemos nuestra vida allá. El trabajo, la casa, todo. Además, ¿dónde nos vamos a quedar aquí?

—Pues con nosotros, papá. A Alex no le va a molestar, yo puedo coordinar con él para irnos al departamento de Canta y ahí tienen un cuarto para ustedes.

—No hija, no. Ustedes necesitan su privacidad —era tajante, no dejaba posibilidad de cambiar su opinión.

—Papá… —mis ojos se llenaron de lágrimas y se desbordaron— ¡por favor! Tengo miedo de que algo pase. Me muero de angustia pensando, que un día algo malo puede pasar y no estaré ahí para ustedes, o ustedes para mí…

Sabía que era egoísta de mi parte, pretender que ellos dejen sus vidas echas allá, y se acomoden a las nuestras, en una ciudad tan grande. Pero me sentía sola, desvalida. Ahora con el enorme reto de ser mamá, cuando me hacía falta tanto, ser hija todavía. Mi papá colocó a mi hijo en su nido colecho, muy despacio. Se volteó hacia mí.

—Ven aquí, hija… —me acogió entre sus brazos— No importa lo que pase. Tú siempre serás “mi chocha”.

—Te quiero mucho papá —sollocé. Liberando todos los miedos que llevaba dentro.

—Yo también. Aunque no te lo diga mucho. Yo también.

Me resigné con sus palabras. No había de otra. Por voluntad de Dios o del destino, nuestros caminos estaban divididos. Pero nuestros corazones, no.

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Jesús v.

    Hola bonito tu escrito

  2. Yesenia Cortés

    Me gustó mucho tu escrito, es algo natural de la vida cuando debemos separarnos de los padres, hay que disfrutarlos

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