Reto 18 – Discusión

Ella estaba triste y trataba de disimularlo viendo la televisión. Conozco a mi madre, y la voz furiosa de mi padre nos hizo estremecer.

— ¡Anda compra! —ordenó con voz de mando. Le extendió dos monedas a mi hermana.

Entonces, mi madre reaccionó:

—Te comportas igual que tu hija, así de berrinchuda como ella cuando no se le da lo que quiere.

—De tal palo tal astilla —musité. No me oyeron.

— ¡Mejor hubiera viajado hoy mismo porque ya no soporto estar un minuto más en esta casa! —gritó él, haciendo aspavientos. 

Yo tampoco lo soporté. Aquellas palabras enardecieron mi interior. No era la primera vez.

Yo era su hijo, llevaba sus genes en mi sangre, pero jamás habría dicho semejantes declaraciones que de inmediato me lastimaron. Casi siempre, él menospreciaba la comida de mi madre. O estaba fría o demasiado caliente. Que si habían cocinado plátanos o no. Detalles como ese, tan inútiles que no venían al caso, lo enojaban con facilidad convirtiéndole en un energúmeno.  

— ¡Cómo puedes decirnos eso! —intervine con mi voz pastosa—, si tanto  no soportas estar aquí con tu familia, porque no nos dejas y punto. Y así te evitas de problemas. Yo siempre me quedo callado cuando te enojas—tomé aire—. Incluso cuando sé que estás mal. Sin embargo, hoy no puedo permitir que siga reprimiendo este sentimiento de rencor hacia ti por tu actitud tan machista y déspota. Yo te estimo y respeto —mi voz se quebró, tragué saliva y continué—. Pero no estoy de acuerdo con que nos hayas dicho tal cosa. Todos contamos con defectos, podemos desobedecerte y ser malos hijos también, porque somos humanos y por ende no somos perfectos. Pero nunca digas que no soportas a tu familia, que mamá pasa todos los días pensando en ti cuando estas lejos de casa, que si llamaste o no. No pasa un día sin que eso suceda, y no es justo que nos digas eso. Yo al menos no lo haría.

Hubo un silencio prolongado. Estaba seguro que papá pensaba en una respuesta que me dejara fuera de razón. Siempre quería ganar.

—O sea, ¿aquí uno tiene que hacer las cosas por sí solo, aun teniendo yo una mujer como esposa e hijas bastante grandecitas para ayudar en casa? No. Y es más, tú no tienes derecho a decir nada al respecto. Absolutamente nada. Eres también un pésimo hijo. No le ayudas a tu madre cuando yo no estoy.

— ¿Cómo estas tan seguro? —le encaré a papá, había atacado por donde yo era más débil. Era cierto—. Es por eso que digo no somos perfecto. Yo reconozco que algunas veces olvido mi deber en esta casa, como hoy por la mañana cuando se me ordenó juntar el agua para que hubiese  suficiente para todos, pero lo olvidé, creía que ya había suficiente en los tres contenedores que tenemos. Tampoco voy justificar mi error. Pero, el punto no es eso, sino que a pesar de eso, no soy indiferente a mi familia, ni mucho menos pensaría que es un estorbo y que no lo soporto.

Me levanté de la mesa, y fui a mi habitación. Abrí un cuaderno cualquier que tuviera hojas en blanco y busqué el bolígrafo que había usado antes. Estaba demasiado enojado que no podía concentrarme en lo absoluto. Tracé garabatos, hice borrones y al no poder concebir algo sólido, elegí de la estantería un libro al azar. Nada me quitaba de la cabeza lo que había hecho. Discutir con mi padre.

mbrayeen18
Author: mbrayeen18

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bien el escrito. Revisa los espacio y uso de guiones en el diálogo.

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