Reto 18: Confesiones al atardecer

Está atardeciendo, las olas del mar rompen contras las rocas. Mi padre está pescando, arroja la tarraya hasta donde sus brazos le permiten.  Yo veo como jala, con toda su fuerza, hasta la orilla, el botín que acababa de sacar. Los peces aún están vivos, sus pequeños cuerpos se retuercen en busca de oxígeno.

Me acerco a él y coloco mi mano en su hombro. Me voltea a ver y sonríe, emocionado por mostrarme su pesca. Me siento en la arena, el mar me moja los pies y la brisa salada me alborota el cabello.

—¿Has sido feliz? —me mira con extrañeza en el rostro, lo tomo desprevenido, pero yo insisto en mi pregunta—. ¿Has sido feliz, papi?

—Por supuesto, soy el hombre más feliz del mundo —mira al cielo y suspira—, Dios me concede bendiciones a diario —me revuelve el cabello con una de sus manos mientras con la otra, saca los peces atorados y los avienta a una cubeta—. ¡Te tengo a ti y tú me haces feliz!

No pude evitar sonreír, mientras veo en el horizonte, como se oculta el sol entre tonos nacarados y una que otra gaviota que se avienta al mar.

—Tú también me haces feliz —levanto la mirada para verlo. El me ve también, con sus ojos que albergan la juventud de años atrás y su cabello canoso—. Verte feliz es mi definición de felicidad, papá —siento en mi interior, que acabo de abrir una llave de agua a punto de explotar.

Él me extiende la mano y me pongo de pie. Cuando el mar alcanza mis pies, puedo sentir como la arena que hay debajo, se me escapa. Siento cosquillas.

—¿Sabes qué, papá? —doy un gran suspiro antes de continuar y trago saliva de los nervios. No debería sentirme así, pero no puedo evitarlo. No soy una persona que exprese sus sentimientos, pero hoy lo haré—. Yo no te he dicho lo importante que eres para mí y lo mucho que sufriría si algo te pasara —mi voz comienza a quebrarse—, yo te quiero mucho papá, y quería decírtelo en voz alta.

—Yo siempre te he querido hija, nunca lo dudes —sus ojos se comienzan a inundar, y de ellos brota una lágrima. Me abraza y no lo puedo evitar, sollozo, pero de dicha—. Tú eres mi vida.

Las primeras estrellas brillan en el cielo y mi corazón, late de alegría. Sé que es la verdad más pura que me ha dicho jamás.

 

Karen Salas

kayuri.books
Author: kayuri.books

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bien los diálogos en cuanto al uso de guiones. Revisa las acotaciones, que no pierdan el cuidado en la redacción (repetición de palabras, buscar la mejor forma de decirlo).

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