RETO 17. Vidrios sobre mi pecho.

Entonces, ¿Todo ha sido una mentira? Damián tenía las facciones serias y la mandíbula apretada. Temía temblar y romperme frente a él.

—Solo quiero que sepas que cuando todo esto se acabe, nosotros también acabamos. —creía haber visto arrepentimiento en su expresión, pero no fue así.

La luz amarilla del farol nos iluminaba como reflector y los frondosos árboles eran los únicos espectadores de la escena.

El nerviosismo se había convertido en tristeza, la fría noche acompañaba mis sentimientos. No era capaz de hablar, estaba ahí con el propósito de hacerle saber que iba a luchar, que iba luchar por nuestra relación y el solo me estaba haciendo a un lado. Lo único que me quedaba era fingir que no me importaba.

—Bien —pedía que la voz no se me quebrara—, lamento haberte hecho perder el tiempo, no tenemos que esperar a que te vayas del país, podemos terminar con esto justo ahora. —. Mi semblante era serio, sin expresión, el potente viento disimulaba mis ojos rojos al hablar.

Mis palabras fueron como un golpe que no esperaba, un mar de lágrimas había comenzado a acumularse en sus ojos.

—No quiero lastimarte Sienna, pero esto no va a funcionar a distancia.

—¡Y fingir fue tu mejor opción! Hacerme creer que estabas pensando en quedarte cuando en realidad ya tenías listas tus maletas —me levanté con firmeza y me dispuse a salir de aquel desolado lugar, antes de que me arrepintiera, pero Damián tomó mi muñeca, sin voltear me deshice de su agarre. Di unos pasos y miré por detrás de mi hombro, su mirada era de decepción, el café en sus ojos se había apagado. Tomé una inhalación profunda antes de hablar— Si te quieres ir, entonces vete. —. Mis palabras se incrustaban como vidrios sobre mi pecho, tenía que ser fuerte, tenía que olvidarlo, aunque tuviera que odiarme por ello.

—Te amo. —susurro, eso solo hizo las cosas más difíciles. Caminé más rápido, él no me siguió, pero aun sentía su presencia conmigo. Me había tragado todo que temía ahogarme en melancolía.

El crepúsculo se anunciaba entre las nubes, el aire era estático, contemplaba mí alrededor desde las escaleras de mi porche, adentro me sentía asfixiada entre las paredes, la soledad me era peligrosa, los recuerdos regresaban gradualmente y me atormentaban como en los primeros meses que estuve sin él.

Creí que tal vez habría olvidado todo, pero no lo que había hecho, me fue imposible olvidar que me mintió. Solo seguía conmigo por lastima, por miedo a lastimarme si se marchaba. Me equivoque al pensar que podría empezar de nuevo. Estaba cayendo en el abismo oscuro y atribulado de mi pasado.

Cerré los ojos y me concentré en los cabellos que chocaban en mi rostro a causa del viento. La opresión en mi pecho no me dejaba respirar, un bochornoso calor encendía mi cuerpo. Quería olvidarlo todo.  

Escuché la madera de los escalones crujir. Unos pasos acercándose, que se detuvieron al instante en que mis ojos se abrieron. Era Damián.

—Sienna —estaba a un metro de distancia, sus ojos me atravesaron como bala, penetrando en lo más profundo de mi ser—, ¿Cómo has estado? —estaba atónita, sin palabras. Llevé mi mano a mi pecho como si eso fuera hacerme conseguir el oxígeno del que me había privado yo misma.

¿Qué hacía aquí? Lucía tan diferente, habían pasado dos años de la última vez que lo vi, pero me sentía igual de enamorada que el primer día.

—¿Qué haces aquí? —pregunte, evadiendo su pregunta.

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danyela61
Author: danyela61

Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Pedimos la cámara de narración, no descripción y diálogos. El texto está muy bien, pero debemos aprender a escribir cada una de las cámaras.

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