Reto 17 Rompiendo el chantaje perfecto

Pasó a recogerme a mi casa en su auto, puntual, como era costumbre, al subir al coche lo note raro, me dio un beso casi a la fuerza. Le di un suave masaje en su cuello mientras le preguntaba como estaba, esperando obtener información sobre el porqué de su estado de tensión, no dijo nada más allá de un “bien”, se limitó a conducir.

Sonó su teléfono que estaba en el espacio bajo la consola central, visible y al alcance de ambos. “Es tú mamá, yo contesto mi amor” me ofrecí. Se negó molesto diciendo que no le respondería ahora. Por un instante me sentí halagada, pensé que lo hacía como detalle por estar conmigo, pero pronto abandoné mi propia ilusión cuando el móvil volvió a sonar “mi amor, es tú mamá, que tal si es algo urgente, yo contesto”, me mostré comprensiva, “¡No!” respondió, alzando la voz.

Me molestó su actitud y le reclamé preguntándole ¿por qué no quería que yo contestara por él? pues llevábamos cinco años de novios, y a mí me parecía tiempo suficiente para tener la confianza de hablar con su madre por él, pues él iba conduciendo, y además no estábamos haciendo nada malo, mejor que supiera que estábamos juntos y que íbamos camino al cine, así se quedaría más tranquila. No dijo palabra.

Ya era la quinta vez que sonaba sin parar, era incomodo pues no había música, ni charla, pude notar un sudor incomodo que descendía por su frente con más rapidez con cada llamada perdida, cuando por fin rompió el silencio “Esta bien, voy a contestar, pero no vayas a hablar”, puso la llamada en el altavoz del auto y contestó desanimado con un “Hola”. “Hola hijo ¿ya estas con Isaías?” se escuchó la melodiosa voz de la señora. “Sí ya casi llegamos a la plaza” respondió sin vacilar. La señora quería saber si había alimentado a su perrita antes de irse, era todo, pero aprovechó y mandó saludos a “Isaías” el amigo con el que “Andrés” iría a la plaza.

En cuanto colgó, estallé en furia, no me importó que estuviera manejando. “Ja, ja, ja que buena broma, con que me llamo Isaías” le dije en tono burlón. Continúe con el reclamo, le expresé sarcásticamente cuan fantástico me pareció que su madre creyera que no estaba conmigo, él titubeo tratando de soltar alguna excusa. No lo dejé hablar y continúe, le desafié preguntando si no eran suficientes nuestros años de relación para poder salir juntos sin escondernos, le reclamé el hecho de que no me diera mi lugar, no me honrara, ni respetara, y sobre todo que mintiera negándome.

Con voz tenue tratando de apagar mi furia me decía “Amosito no hagas tanto drama, vamos a ver la película que tú tanto querías, ya tengo los boletos VIP”. Solo me enfureció aún más pues eran siempre sus tácticas, contentarme con alguna cosa que él sabía que me gustaba, tenerlo ya pagado y luego hacerme sentir culpable si me negaba, pues seguro había invertido mucho dinero.

“Perdóname mi amor, te prometo que nunca más te voy a negar”, dijo para tratar de convencerme, siempre sus promesas tan seguras, pero con los hechos tan débiles, así que lo reté “Si es verdad lo que dices Andrés,  llama ahora a tu madre y dile la verdad, que estás conmigo, ten el valor y hazlo”. Como era su costumbre, sus ojos se tornaron vidriosos, volteo a verme y descuidó la carretera, gracias a mis buenos reflejos tomé el volante a tiempo para esquivar un auto con el que casi chocamos. “¡Oríllate ahora mismo, no puedes manejar así, vamos a matarnos!” dije con voz decidida.

Se orilló y se soltó a llorar completamente, entre sollozos me dijo “Entonces ¿quieres dejarme, es eso?”. “No empieces con estupideces Andrés, se honesto”, le respondí con voz seria. Él seguía sollozando mientras prometía lo de siempre, que me amaba y que haría cualquier cosa por mí, pero que ahora solo lo metería en problemas, que yo pensara un poco más lo que le pedía pues su mamá podía separarnos, e incluso le podía dejar de dar dinero. Era aún más molesto para mí que se quejara por ello pues él tenía un excelente empleo como contador.

 Así pues, le dije “El único que nos esta separando eres tú, por mentiroso, no entiendo porque siempre tienes que poner en tus mentiras el dinero de tú mamá, aún no comprendo porque después de tanto sigo creyendo en tu amor”.

“Te amo Dulce sabes que te amo” repetía llorando. Pese a que por dentro yo también quería llorar de coraje y decirle que lo amaba, me mantuve firme, le repetí la consigna esperando esta vez acción. Mientras le ponía el teléfono en su mano le dije: “Si lo que dices es cierto, demuéstralo, márcale a tu madre”

1

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Recuerda que la narración es acción. Elegiste bien la escena, nos falta trabajar en la lectura de corrección, buscando quitar eso que rompa el ritmo de la acción.

Deja una respuesta

9 − 2 =