Reto 17: Sin alma

Estaba sentada en nuestra banca. Esa en dónde habíamos pasado horas hablando y riendo hasta que los últimos rayos de sol tocaban el suelo del parque. Leía nuevamente las páginas de ese libro de pasta dura que tanto me gustaba. Ya había esperado bastante tiempo, pero algo dentro de mí no quería que llegará, pues presentía que algo andaba mal. Parejas y parejas pasaban tomadas de la mano frente a mí, y era como si quisieran que mi ser se ahogará aún más en el infinito mar de tristeza.

Entonces, como todas las veces que sentía su presencia cerca, volteé. Se acercaba con paso dudoso hacía mí. Pero esa vez no era él. Su mirada estaba perdida. Su gesto era distinto. Su complexión y postura no eran aquellas que yo conocía… Su esencia había sido quebrantada.

Me puse de pie y lo abracé. Permaneció estático. Levemente tomó mi cintura y me empujó hacia atrás. Me dijo que fuéramos a otro lado, con sombra tal vez. Indecisa lo seguí. Llegamos a un gran árbol del parque, y nos detuvimos ahí. Se recargó en el barandal de la jardinera, bajó su mochila y comenzó a hablar.

Las palabras que salían de su boca llegaban a mí como balas disparadas de una pequeña pistola. Poco a poco perforaban una parte de mi alma, y no me daba el tiempo de huir para curarlas.

“No quiero más esto”, decía, y la oración llegó cual cuchillo directo a mi corazón. Todas esas frases pidiéndome un cambio porque le parecía que la relación se había quedado estancada en la “cursilería”, en las palabras de amor, en mis sonrisas “cursis”, en mis llamadas de madrugada, en los besos inesperados, llegaban a mi ser, matándolo lenta y dolorosamente.

No paraba de hablar. Sus manos hacían ademanes amenazadores. Su mirada se dirigía a todos lados, menos hacía mí. Parecía tan seguro de eso, y una vez más sentía que la persona que yo tenía en frente no era a quien yo había nombrado como el amor de mi vida.

Quise creer que aquello no era cierto, que solo era una broma pesada, así que me lancé hacía él para abrazarlo con el poderoso deseo de que todo fuese una mentira. No sentí sus manos en mi espalda o rodeando mi cintura como siempre lo hacía. No sentí su calor brindándome cariño, ni su beso en la frente como lo daba cuando yo lloraba. No se movió. No reaccionó. Simplemente no hizo nada.

No le importó que le dijera que lo imaginaba a mi lado todas las mañanas al despertar, las tardes llegando para descansar y todas las noches para dormir abrazados. No le importó que derramara dolor, que mi alma se estuviera destruyendo en infinitas partes de decepción.

Volvió a tomar la parte baja de mi cintura y me hizo hacia atrás. Tomó su mochila. Me dijo que pensara con claridad. Me dirigió una mirada fría, cortante… Sin alma. Dio media vuelta y se fue. Yo observaba ese caminar que tanto amaba, yéndose sin la esencia de la que me había enamorado. Caminó sin mirar atrás.                                                                                                                                                                                        Adri Flores

 

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Author: vic21spring

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bin. Recuerda que la narración es acción, aquello que no aporte a esto, aunque suene bien, nos sobra en el texto.

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