Reto 17: Escapando del amor

El sol era intenso y me quemaba la piel. Caminábamos en el centro de la ciudad, yo veía los escaparates de las tiendas y él traía puestos sus lentes oscuros, sonreía cada vez que nos cruzábamos con alguna chica. Solté su mano; no podía soportarlo más, su coqueteo ya no tenía vergüenza. Mi celular sonó, había recibido un mensaje de José, mi amigo del trabajo, me había enviado un meme sobre libros. Era muy gracioso y solté una pequeña carcajada. Luis estaba atento a lo que escribía como respuesta, podía sentir sus ojos clavados en mí. ¿Es él otra vez?, me dijo con un tono de enfado. “¿Disculpa?”, me le quedé viendo con los ojos muy abiertos. Él se paró en seco, su cara se estaba poniendo roja. “Ya sabes que no me gusta que hables con él. ¡Dame ese celular!”. Se abalanzó sobre mí, de inmediato retrocedí y trastabillé, él logró agarrarme de los hombros. Podía sentir sus uñas encajándose en mi piel. El enojo estaba en su mirada; yo temblaba por dentro, me sentía impotente.

Forcejeamos. “¿Qué te pasa? ¡Estás loco!”. Le grité con todas mis fuerzas. Intentaba quitarme mi celular, me abrazaba fuerte contra su pecho. Era obvio que quería disimular ante la gente que pasaba. Saqué mi mano tan bruscamente, que lo golpeé en la cabeza con la esquina del aparato. Yo estaba hecha una furia. Lo cacheteé, no le di tiempo a reaccionar. “¡Esto se termina aquí!”. Me di media vuelta y caminé tan rápido como mis pies me lo permitieron, tenía el corazón acelerado y sentía sus pasos tras de mí; el temor me invadía. Un escalofrío subió por mi espalda. Me alcanzó y me agarró del brazo, con su otra mano, me obligó a mirarlo. Un hilito de sangre bajaba por su sien. Lo golpeé en la entrepierna para liberarme, lo vi retorcerse por un segundo, profirió maldiciones, dio un puñetazo al suelo, y después corrí hasta la siguiente esquina. Alcancé a escuchar su voz a la lejanía. “¡Esto no ha terminado, no importa a donde vayas, te voy a encontrar!”

Solo hasta que estuve lejos, pude soltar el aire que tenía contenido. Me subí a un taxi, en dirección a casa, tenía sudor frío en la cara, cerré los ojos y reprimí las lágrimas. Su voz hacía eco dentro de mi cabeza.

“No importa a donde vayas, te voy a encontrar.”

 

Karen Salas

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Author: kayuri.books

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Ana Elena

    Interesante tema. Que lamentable que en el noviazgo haya maltrato físico hacía tu pareja.

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