Reto 17 – en la fiesta

Durante treinta minutos anduve por aquella avenida, buscándolos de punta a punta. Y nada. Volví cansado y enojado.  No solo por haber perdido el tiempo buscando a dos idiotas que no sabían conducir precavidamente, sino porque me había quedado casi, sin combustible. ¿Quién me las pagaría? por supuesto que nadie.

Al llegar a la fiesta busqué a mi novia para comentarle que no había encontrado a  los varados. Y fue grande la sorpresa que me llevé, cuando divisé a mi novia bailando pegado, entregando el trasero, al ritmo de un reguetón estúpido con el agrandado de Mac. ¡Ay, cómo odiaba a ese sujeto! Se creía un adinerado, un papiriqui, pero todos sabían que era pura pose. Apreté los puños, fruncí las cejas y caminé hacia ellos rezagando a los demás. Pasé por en medio de los dos, como haciendo ver que el alfa había llegado a reclamar su presa, vi de reojo a Mac con enojo. Se rio de mí. Y mi novia continuó bailando, parecía no importarle mi llegada, o tal vez ni se había dado cuenta.

Sentí que los celos comenzaban a calentarme lentamente. ¿Por qué aceptó bailar con él, y a mí solamente me negó?

Cinco minutos después, cuando la música se terminó y cambió a otra, mi novia se sentó a mi lado, no saludó ni preguntó sobre mi hazaña llevada a cabo media hora antes. Solo se quedó callada. Había tensión.

—No los encontré — le dije volteando a verla.

—A qué bien. Ellos llegaron hace poco.

— ¡Qué! O sea, ¿no pudiste llamarme y decirme que llegaron? — le increpé.

 

—Estaba ocupa… —se detuvo. No quiso completar la frase.

—Sí, claro. Todo fue un plan para que te dejara sola y así pudieras bailar con el altanero de Mac, ¿no es así?

—No sea ridículo, ¿Qué tienes? ¿Acaso estas celoso? Cálmate.

Y cómo no iba a estarlo, si aquel se sobaba en su trasero.

—No estoy celoso. Dime, por qué bailas con él, y no conmigo ¿Acaso te doy vergüenza?

— ¡Qué hablas! — movió la cabeza, sacó su celular de su cartera y comenzó a escribir. Me había vuelto a ignorar.

Respiré profundo. Miré la hora. Todavía era temprano. Luego de un silencio entre ella y yo, se puso de pie y me pidió que cuidara de su teléfono mientras ella iba al baño. Tuve curiosidad por saber con quién se reía tanto. Pero eso era invadir su privacidad. Me detuve un instante. Analicé la situación a mí alrededor. Nadie me veía. Todos bailaban alegres.

Deslicé la pantalla del móvil. Y ya saben la famosa frase: La curiosidad mató al gato. Lo que encontré fueron mensajes demasiado cariñositos con la persona que menos me agradaba. Aquello me hizo explotar de celos. Era consumido por un fuego ardiente que me instaba a lanzar el móvil contra el suelo. Pero no lo hice. Esperé a que mi novia se sentara de nuevo para pedirle explicaciones.

«Bebé, cariño, te quiero, te sueño, espero que duermas temprano etc.».  Y lo peor era que ella le correspondía cada uno de los mensajes. No lo soporté más, y comencé a escribirle al tipo, aún seguía en línea. Luego borré los mensajes para que mi novia no sospechara de haber violado su privacidad.  

Cuando volvió, le regresé su teléfono. Revisó su chat. Observé su semblante, se puso extraña, frunció sus cejas semipobladas y me miró aturdida, con ganas de increparme.

— ¿Qué hiciste?

—Yo. Nada.

— ¡¿Qué le escribiste a mi amigo?!

— ¿Cuál amigo? — sonreí.

—Este —me mostró el nombre. Y también los mensajes de victima rechazada por parte de él. «Ya no te molestaré, te dejaré en paz para que no tengas problemas con tu pareja».

 Pues lo había ocasionado. Mi novia se levantó, guardo su celular y dijo cruelmente.

—Terminamos. No puedo estar con alguien inseguro como tú.

Quedé perplejo, sentado en esa silla, abandonado, viendo como ella se perdía entre la jarana.

La seguí. Dijo que ya se iba, pero mintió, se quedaría un tiempo más. Le insistí otra vez para conversar. Pero fue inútil. Me ignoró delante de su grupo de amigas.

—Vuelve tu solo — dijo al final.

Todavía me quedé esperándola a una cuadra de su casa. Ella llegaría en cualquier momento para hablar. Las horas pasaban, el reloj marcaba las cinco de la mañana, y entonces, supe que no volveríamos.

mbrayeen18
Author: mbrayeen18

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Recuerda que estamos usando la cámara de NARRACIÓN no de diálogo. Los momentos de narración muy bien, comienza a exigirte en el uso del lenguaje, no te quedes con la primer frase que viene a tu mente. Dale la vuelta, piensa el el lector.

    1. mbrayeen18

      No comprendo lo del uso del lenguaje, Romi. Tampoco lo dar vuelta al lector.

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