RETO 17 – ¡AL MENOS LÉELO!

El taxi se estacionó frente a la casa y ella bajó presurosa. La alcancé y tomé su brazo derecho diciéndole que teníamos que hablar. Se detuvo, y con la mirada me pidió que la soltara. Lo hice. En mis manos aún cargaba el libro que pretendí regalarle esa noche después de cenar, pero que fue el causante de la discusión. Estaba molesta.

 —¿Por qué lo hiciste, Manuel? —me encaró—. ¿Quién te autorizó a hacerlo?

 —Solo quería darte una sorpresa —dije tratando de tranquilizarla.

 —¿Sorpresa? —dijo con sarcasmo—, ¡vaya sorpresa!

 La miré con decepción y enojo. Trataba de entenderla, pero porqué ella no me entendía. Respiré hondo tratando de mantener la ecuanimidad.

 —Si. Fue la única forma que encontré para animarte, para hacerte sentir única, valiosa, especial —mi voz suplicaba un poco de su comprensión—. Vi cómo sufrías cada vez que alguien tocaba el tema y yo quería hacer algo para aliviar tu dolor —carraspeé—. Y lo único que encontré fue escribir.

 Sus ojos cafés me vieron fijamente. Por un lado, quería aceptar el gesto que tuve con ella, pero por otro estaba su orgullo, ese que siempre la dominó. Movió la cabeza en señal de desacuerdo.

 — ¿Y para eso divulgaste mi caso a todo el mundo? ¿Para que tengan lástima de mí?

 —¿Lastima? —respondí molesto—. ¿Y quién va enterarse que la protagonista de Crónicas de Izhabelh eres tú? —me desesperé—. ¡Ni siquiera saben quién eres!

 Fue la gota que derramó el vaso. Retomó su camino hacia el interior de la casa empujándome a un lado. La vi alejarse y me sentí el ser más despreciable del planeta. Quizá tenía razón. Quizá no debí escribir un libro basado en su vida. Pero quizá también me juzgaba por adelantado, sin saber realmente lo que escribí por ella.

 —¡Al menos léelo! —grité antes de que abriera la puerta—. Al menos ten la gentileza de leer lo que escribí antes de juzgarme como lo haces —tal vez entendió que estaba siendo injusta conmigo porque se detuvo—. Puedes juzgarme después de leerlo, pero antes no —mis ojos se humedecieron—. Si no eres capaz de entender que lo que hice fue con la noble intención de motivarte, entonces de qué sirve que te llames mi amiga.

 Hubo un largo silencio. Ezdeyneb no volteó. Abrió el picaporte y entró a su casa. Me quedé solo, triste, con el libro en las manos tratando de reprimir una lágrima. No tenía caso seguir ahí. .Antes de retirarme, me acerqué a la puerta y dejé el ejemplar en el suelo. Di la media vuelta y caminé lentamente de regreso. En ese momento la puerta se abrió y escuché mi nombre.

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Author: alkysirez

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Esta entrada tiene 3 comentarios

    1. alkysirez

      Gracias Emma.

      Yo también admiro tus escritos. ¡Escribes muy bien! Estoy seguro de que serás un gran escritor.

  1. romina

    Recuerda que estamos viendo narración, no diálogos, debemos aprender a generar la emoción con cada una de las cámaras.

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