Reto 16: Desnudar el alma

La habitación era grande. Al entrar, justo en frente se hallaba una ventana que abarcaba el centro de la pared sin pintar, y colgaban unas cortinas color beige que, según las visitas que había hecho, nunca habían sido cambiadas. Se movían ligeramente a causa de la brisa que entraba, generando frescura en todo el cuarto.

La cama estaba en el centro, cubierta de un suave edredón color azul, con unas esponjadas almohadas en la cabecera.

Caminé hacia el otro lado del dormitorio para mirar por la ventana, cerré los ojos, y mi respiración se tranquilizaba, mientras era acompañada por el dulce canto de las aves posadas en los altos árboles de alrededor. De pronto, sentí el tierno tacto de unos fuertes brazos que rodeaban mi cintura, mientras una cálida respiración se depositaba en mi cuello. Giré delicadamente, y aquellos ojos color café me miraron fijamente, provocando que mi rostro dibujara una sonrisa.

Con cautela se acercó más hacia mí, ocasionando que mi piel se erizara al percibir su tibia mano en mi espalda, bajo mi blusa. Llevé mis manos hacia su cuello, y dejé que nuestros labios se fundieran en un eterno roce, promoviendo que lentamente las prendas de vestir fueran desapareciendo.

Entre caricias y roces, él susurró algo a mi oído, y no lo comprendí hasta que un golpe con una almohada me hizo abrir los ojos. Su rostro plasmaba una gran sonrisa y, juguetona, tomé otra almohada para perseguirlo por toda la alcoba y regresar el ataque. Nos subimos en la cama, y saltando, las almohadas acompañadas de carcajadas se depositaban a diestra y siniestra sobre nuestros cuerpos.

Veinte minutos después de haber iniciado aquel juego, caímos rendidos sobre el lecho, con dolor en el estómago. Nos miramos fijamente. Se acercó a mí, y me rodeó a manera de protección con su brazo derecho. Me acurruqué sobre su pecho moreno y aislé mi vista de todo.

Mi corazón se aceleró lentamente, mi piel se cubrió de sensaciones que nunca antes había experimentado, y mis deseos de mujer se elevaron cuando sentí que su mano desabrochaba mi sostén.

Mis ojos permanecían cerrados cuando sentí una delicada caricia que recorría la forma de mis senos, y estuve segura al advertir un suave beso en mi frente.

Sabía que los minutos pasaban por el sonido de las manecillas del reloj de escritorio, pero de no haber sido por ello, jamás me hubiera percatado de que el tiempo seguía corriendo.

El silencio era casi total, y la respiración que sentía sobre mi cuello me hacía desear más.

Pero no, no ocurrió algo más que eso; sin embargo, para mí era todo, pues el amor y sinceridad que nuestras almas se comunicaban, era un gran tesoro. Podía sentir que también era así para él, pues la sonrisa que me regalaba su sereno rostro me decía sin palabras que me amaba.

Nos quedamos dormidos, fundidos en un abrazo eterno, y lo último que recuerdo antes de tomar la siesta, es esa sensación de amor, placer y eternidad… Esa sensación de sentirme amada, da haber desnudado no solo parte de mi cuerpo, sino también de mi alma, y de haber percibido la suya también, sin censura.

Esa sensación que llegó a mí diciéndome que, si tuviera, por alguna extraña razón, que morir en ese momento, me iría bien, tranquila, con amor, paz y sobre todo, eternidad.

                                                       Adri Flores

vic21spring
Author: vic21spring

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Descripción se trata de hacer una fotografía, casi no hay movimiento.

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