RETO 15. SORPRESAS DE LA VIDA

SORPRESAS DE LA VIDA

 

PRIMERA ANÉCDOTA (TERCERA PERSONA, PASADO)

 

La farmacia estaba casi vacía, la única cliente era una joven de 17 años que miraba confundida un anaquel. Mara tenía una sencilla misión, comprar una prueba de embarazo y caminar de vuelta a casa de su amiga Cecilia, quien la esperaba con ansías.  La muchacha se sentía intimidada de imaginar lo que pensaría de ella el cajero, pero se armó de valor por su amiga. Como esperaba, al momento de cobrarle, el señor de unos 40 años le dirigió una mirada de reproche, Mara lo ignoró, pagó y salió a toda prisa de la farmacia con la prueba en una bolsa de plástico.

 

La joven pensó que esa había sido la peor parte del día, pero estaba equivocada. El destino quiso que, antes de llegar a casa de su amiga se encontrara frente a frente con las dos compañeras mas chismosas del colegio. Mara no tuvo oportunidad de esconder la prueba de embarazo, por lo que las estudiantes la interrogaron al respecto. Pudo haber dicho la verdad, pero no podía traicionar a Cecilia, así que asumió la prueba como suya, a sabiendas de las repercusiones que traería esa declaración. Las entrometidas no lo podían creer, luego de un montón de palabrerías falsas y deseos hipócritas Mara pudo zafarse del interrogatorio.

 

Impulsada por su lealtad a Cecilia, reprimió sus sentimientos y corrió a encontrarse con su amiga. Ya habría tiempo de pensar en las consecuencias del chisme sobre su embarazo. Cecilia abrió la puerta y de inmediato se percató que algo le sucedía a su amiga, pero ella lo negó y la urgió para que realizara la prueba. Luego de unos eternos minutos de espera, la prueba arrojó el resultado: positivo.

 

Cecilia lloró desconsoladamente, su futuro acababa de cambiar, su familia no estaría contenta, y el padre del bebé ya había desaparecido, Mara la abrazó e intentó consolarla, pero sentía su pena como suya, su amiga que siempre la había apoyado ahora la necesitaba a ella. Ambas muchachas lloraban angustiadas, entre sollozos Mara le contó del desagradable encuentro con las entrometidas y lloraron más. El resto de la tarde maldijeron, bromearon y se consolaron una a la otra. Y fue así, como en lo que parecía un trágico día, las chicas hicieron un pacto que les daría esperanza para el resto de sus vidas, pasara lo que pasara, se tendrían la una a la otra, desde ese día se convirtieron en hermanas de distintas madres. 

 

SEGUNDA ANÉCDOTA (PRIMERA PERSONA, PRESENTE)

 

Hace mucho calor, los mosquitos parecen pirañas en un estanque, mis piernas me pican, tal vez no debí ponerme un vestido tan corto, pero quiero sorprender a Ric. Ya casi llegó, sólo unos cuantos pasos más y estaré en los brazos de mi guapo novio, se va a alegrar tanto de verme, después de todo salí temprano y hasta pude comprarle un pastel de cajeta, su favorito. Debo apretar el paso o se va a derretir.

 

Entro al campus, subo tres pisos y me dirijo a su salón, su clase termina en quince minutos. Me acerco a la puerta para verificar que estoy en el lugar correcto, pero para mi sorpresa, esta vacío. Que extraño. Miro a mi alrededor, pero parece que las clases terminaron temprano, tomo mi celular para llamar a Ric y preguntarle donde esta, me detengo en seco. Ya no debo indagar sobre su paradero, él está en el área verde, sentado en el pasto junto a mi amiga Erika, yo los presenté, pero últimamente siento una vibra extraña entre ambos, sin embargo, mi novio afirma “es sólo una amiga”.

 

No me han visto. El sol evita que miren hacia arriba, están riendo. De pronto Erika saca algo de su mochila, un regalo para Ric por su cumpleaños. Siento urgencia de bajar y gritarle, pero mis piernas no me responden, si esto fuera una película ya estaría abajo con ellos, haciendo una escena. Inhalo y exhalo, trato calmarme, no puedo ponerme como una loca únicamente porque una amiga le da un regalo, ¿Cierto? Es bueno que una de mis mejores amigas y mi novio se lleven bien. Cálmate Mara, me repito, a pesar de que los latidos de mi corazón van al ritmo del aleteo de un colibrí.

 

Me estoy calmando y comienzo a acércame a las escaleras, pero entonces Ricardo decide abalanzarse sobre Erika. No se si me voy a desmayar o vomitar. Mi novio desde hace 3 años esta besando a otra mujer. No es mi imaginación, no son mis celos, no exagero, no estoy loca. Todas las cosas de las que lo acusé y el negó salen a la luz. Como me hubiera gustado no tener la razón en esta ocasión.

 

Las lágrimas de rabia y dolor caen como una cascada por mis mejillas. La ira de apodera de mí y actúo en consecuencia. Bajo las escaleras, mientras voy sacando el pastel de su empaque, llego hasta donde están los jóvenes enamorados, saludo con una enigmática sonrisa, ambos me miran estupefactos, Ric balbucea algo, pero no lo escucho, le arrojo el pastel mientras le digo “Feliz cumpleaños idiota” y me voy con mi corazón destrozado igual que el pastel.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Están bien elegido y narrados los momentos. Nos falta trabajo de corrección.

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