Reto # 15 : “ Los amigos ”

Texto pasado en tercera persona: anectoda con mi mejor amigo.

Hubo una vez en la primaria, un jovencito muy inteligente y responsable con sus deberes; solía no tener amigos. Por las mañanas en los pasadizos del colegio, los demás compañeros le molestaban e insultaban.

En una ocasión uno de los tantos compañeros de Fran, se encontraba un joven de estatura pequeña, valiente y muy vigoroso. Se trataba de Alex.

Había tocado el timbre del recreo, fran salió hacia el kiosco a comprar una bebida; al regresar al salón, se había encontrado en su camino los chicos que siempre agredían de él, pero ésta vez fue diferente. Alex intervinio y se puso de su lado. Después de todo, era un chico muy sencillo: cuando terminó todo, fran le agradeció. Desde aquél entonces, una fuerza inefable los unió en una amistad. Si no fuera por él, nunca lo hubieran dejado de molestar. De ahí, fueron meses muy agraciados.

Texto presente en segunda persona : anécdota desagradable con alguien a quién consideraba mi amigo.

¿Dónde está mi libro?. Corro a dónde están mis compañeros y les doy la noticia que mi libro no está. De pronto me confiesan que a ellos también se les está perdiendo las cosas. Como solución trato de esperar a que toque el timbre del receso: mientras trato de calmarme hago suposiciones de quiénes habrán cogido el libro. Tocó el timbre, espero a que todos salgan, y ahora sí me pongo en acción: abro todas las mochilas de mis compañeros, termino la primera fila y empiezo con la segunda, terminó la segunda y por última, con la tercera. En algunas de las mochilas me encontraba con los de mis amigos, les reviso de todos modos, por si acaso algún chistoso hizo la mala broma de ponerlo ahí para pelearme con mi mejor amigo. Pero no encuentro nada.

Luego de seguir buscando, llego hasta la mochila de “Quispe”,  un reciente amigo que tiene rasgos humildes y muy aplicado: me apresuro un poco pues puede llegar cualquier alumno y  sorprenderme en el acto y pensar lo malo. En ella, busco en la parte trasera de la mochila donde un vacío se oculta, donde no alcanza la vista. De pronto lo abro y ahí encontré mi libro. ¡No puedo creerlo!, mi sangre se congeló, y encolerizado pensé en ir al patio y decirle sus verdades y cortar la poca amistad que llevamos. Sin embargo me tranquilizo y dejo las cosas así. No vale la pena.

 

Fran Fernández

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