Reto 15 “Ian y Ana”

 

Anécdota 1

Una vez en mi sala. Le escucho balbucear. Le digo que no quiero hablar del tema y que en cuanto sea una hora prudente agarre sus cosas y deje mi departamento.

Ni me mira, sus ojos están perdidos. Dudo que me oiga. “Ni siquiera te interesa el tipo”, empieza a decirme incoherencias, “¡Necesito aire!”. Coge de forma brusca mis llaves sobre la mesa y se marcha, sabe Dios dónde.

Es viernes en la noche, mi enamorado tiene una fiesta en su departamento, es una perfecta ocasión para presentarle a uno de mis mejores amigos, Ian.

Ian y yo, somos amigos de la vida, de esos que no tienen secretos entre ellos. Él vive en N.Y., aprovecha que estoy en el mismo país y no duda en visitarme a mi ciudad para nuestro reencuentro de años.

Llegamos a la fiesta. Presento a Ian a Ed, mi enamorado, a pesar de lo amplio del lugar este está lleno de invitados. Mi amigo ve todos los hombres guapos de inmediato, no pierde el tiempo y socializa con todos.

Hay mucha algarabía, la energía es de gente que se dedica al arte. Pierdo de vista a mi amigo. Mis ojos empiezan a buscarlo como faro. Tengo una corazonada. Al notar mi enamorado mi inquietud no me rehuso a comentarle el pasado de abuso de sustancias de Ian y que a pesar que sé que lleva limpio meses –o eso él me jura–, no me parece un ambiente adecuado bajo sus circunstancias.

Mi querido anfitrión se ofrece a buscarlo. Nos dividimos. Voy al baño. Aprovecho para agarrar mis cosas y me preparo para dejar el lugar. Me dirijo a buscar al balcón y veo las juguetonas manos de mi amigo sobre mi enamorado, una trata de tocarle la entrepierna y la otra busca agarrar su rostro para intentar juntar sus bocas. Mi enamorado lo repele sin ser violento. Siento un rayo atravesar mi cuerpo. Ambos se dan cuenta de mi presencia. Doy media vuelta con dirección a la salida.

Ed me alcanza antes de conseguir dejar su hogar, me dice: “Está drogado, Davi. Discúlpalo”. “No me interesa”, le respondo sin detenerme. “No es la primera vez que me hace algo como esto”.

Ed se ofrece en llevarnos a casa, pero a Ian –en otra dimensión– no le interesa dejar el lugar. No reconozco a esa persona. Empujo a todo el que se me cruza en el camino. Me marcho sola.

Llego a mi departamento. Ed me llama al celular y promete traerme a mi amigo enseguida. No sé que sentir ni responder, solo tengo demasiada fuerza en las manos para arrojar el celular. En menos de lo que pienso me tocan la puerta. Dejo entrar solo a Ian.

Anécdota 2

De pronto Davi se encontró en la sala de espera de cirugía. A su mamá se le complicó su condición de salud y adelantaron por seguridad la intervención para ese día. El médico que estaba encargado le hizo llegar la información de que necesitaban una unidad más de sangre. Ella ya había donado y pedían que acuda a alguien más.

Sus hermanos llegaban de viaje al día siguiente, ella no podía esperar tanto. Empezó a hacer llamadas a parientes. Todos estaban ocupados. Empezó a marcar a amigos. La primera a la que llamó fue a Ana, “Pediré permiso en el trabajo”, respondió de inmediato. “Estaré contigo lo más antes posible. Todo estará bien”. Y así fue.

La sangre de Ana fue apta para donar. A pesar de que era la mamá de Davi la que estaba bajo cirugía en ese instante. Ana se comportó como una –inclusive con una unidad de sangre menos–. Se encargó de que Davi se alimentara, le daba caricias cada vez que necesitaba un aliento, fueron a rezar juntas a la pequeña capilla del hospital, se quedó desvelada toda la noche al costado de ella tratando de distraerla con recuerdos graciosos de aventuras de la infancia… Hizo que Davi sintiera que no estaba sola.

Cuando todo se estabilizó al día siguiente, le dijo: “No te daré las gracias, porque tú eres mi GRACIAS”.

 

 

davinia6492
Author: davinia6492

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Revisa el ejercicio, los tiempos verbales que pedimos en cada uno.

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