Reto 15 “Furia y llanto en contención”

Narración en presente, primera persona.

Mi corazón late fuerte, mi primer amor, a mis dieciseis años. Quiero contarle todo a mi mejor amiga, le llamo por teléfono, le platico todo, y le explico nerviosa que es un secreto, pues mis padres no deben saber, me promete que no dirá nada a nadie, le creo. Tenemos una fiesta en un par de horas donde nos veremos, quedamos en vernos más tarde. Me arreglo, llego a la fiesta todo es hermoso, los colores brillan, estoy feliz, mi corazón brinca, mis pies zapatean y se mueven con ritmo,  la música suena y bailo hasta que mis pies ya no pueden más.

La fiesta casi acaba, los papás de Mar llegan por ella, su madre camina hacia mi, me aborda y me quiere dar consejos sobre mi novio, sonrío entre dientes digo un “gracias” forzado, con una molestia contenida, ganas de gritar, explotar, ir a reclamarle a Mar. Mi mejor amiga me traiciona. No lo soporto, me doy media vuelta y mis padres están ahí, debo irme pronto y ocultar el enojo que siento. Estoy roja como jitomate, finjo que es porque me acaloré bailando.

Mar, mi mejor amiga, en pocas horas me traiciona sin importarle nada, rompe su promesa. Lloro en mi cuarto desecha, mi almohada esta tan mojada por las lagrimas que casi podría ser exprimida. Ya no confío en Mar.

Narración en pasado, tercera persona.

Ella bajó del auto blanco que inmediatamente tras dejarla se arrancó. Dulce caminó hasta entrar a la facultad, sus pies le pesaban, sentía como si algo le faltara en su pecho, dolía mucho justo bajo la garganta y las costillas, no había cosquilleo, solo había vacío y dolor, tanto que sus pasos eran lentos y su postura era encorvada. Sus ojos contenían un mar de lagrimas, se veían tan vidriosos que cualquier movimiento del viento los pudó estrellar. Ella envió un texto a sus amigos “Ya terminó, los puedo ver ahora, donde siempre” rápido respondieron confirmando el encuentro. La primera en aparecer fue Lili, cuando la vió no esperó a preguntar simplente se dispusó a que sus brazos fueran cobijo de su amiga dolida, “esta bien, sueltalo”, le dijo mientras la cubría con sus brazos. No tuvó que decirle “suéltalo” dos veces, porque los ríos de lágrimas emergieron al instante, empapando los hombros de Lili. Un dolor en la quijada se apoderó de la mandíbula de Dulce, le era imposible pronunciar palabra.

Su gran amigo Jair se aproximaba también, él era un hombre robusto de casi dos metros de alto, que hablaba poco y no expresaba sus sentimientos, mucho menos abrazaba por que sí. Sin dudarlo un segundo, Jair se pusó tras de su amiga, ella volteó lo miró y él la abrazó; en un abrazo ahí estaban los tres amigos.  Jair le dijó “Yo se que duele, pero aquí estoy contigo”, Dulce solo respondío entre sollozos, con una ligera sonrisa empapada “Gracias”.

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