RETO 15: Aquella camiseta, Desconcierto.

PRIMERA ANÉCDOTA (PASADO – en tercera persona)

Las miradas de Ruddy y Margarita, se detuvieron frente a una tienda de puertas de vidrio y paredes de color pastel, ellas decididas se aventuraron a ingresar en busca de las camisetas que necesitaban a causa del intempestivo cambio de clima.

Varios minutos antes, habían recorrido la plaza de Armas y la Catedral de Trujillo (distrito ubicado a dos horas del lugar donde residían) mientras se realizaban fotografías; cuando de pronto la templada mañana se tornó en calurosa y radiante, provocándoles una excesiva sudoración en sus frentes, bozos y espaldas por la ropa abrigada que llevaban.

En el momento que ellas se encontraron dentro de aquel salón de paredes altas y vestimentas coloridas, dirigieron sus pasos de manera presurosa a la sección de ropa ligera al mismo tiempo que el bochorno las seguía abrazando, cogieron algunas prendas con sus manos pequeñas y entraron al vestidor; al cabo de algunos minutos, optaron por las más cómodas; pagaron y se dispusieron a vestir de aquellas camisetas antes de abandonar el lugar.

Continuaron su itinerario en pleno radiante sol; muchas personas al cruzarse frente a ellas no dejaban de contemplarlas, se preguntaron qué era lo que ocurría, pero al instante el tema pasó a segundo plano en medio de sus risas y fotografías.

Cuando en pleno paseo, revisaron sus fotos en la pantalla de la cámara profesional, notaron un brillo inusual al lado derecho de sus pechos; ambas, rápidamente empezaron a revisarse sus camisetas con el fin de descubrir el motivo; al hacerlo, se llevaron una gran sorpresa, aquellas prendas llevaban impregnadas un sticker transparente con la talla de la misma en letras negras; se miraron a los ojos, chocaron sus palmas y las carcajadas empezaron a fluir, sus risas eran tan fuertes que llamaban la atención de los transeúntes. Ellas habían paseado por tantas sitios con ese detalle sobre sus pechos a vista de los demás.

Atte. Margarita

 

SEGUNDA ANÉCDOTA (PRESENTE – en primera persona)

Es de mañana y camino hacia la escuela de ingeniería Civil, uno de mis docentes me aborda y me invita a entablar una conversación dentro de su oficina.

Dirigimos nuestros pies hacia el recinto; mientras dentro de mi cabeza hago miles de suposiciones, su gran trayectoria como profesional despoja de mí, cualquier sentimiento de temor.

Ya dentro del lugar, me siento donde él me indica, lo miro con atención al mismo tiempo que cruzo mis brazos, de pronto oigo sus palabras: “Quiero que encabeces como estudiante, el grupo de alumnos que apoyará la lista de docentes-ingenieros que nos presentaremos para las elecciones universitarias”.

Siento un gran asombro, mis ojos se abren más de lo normal y titubeo con un “No estoy segura de poder hacerlo”; él insiste, dice que tiene conocimiento del trabajo que realicé como delegada en representación de la escuela en los congresos estudiantiles a nivel nacional.

Él nota la expresión de mi rostro, y adiciona que confía en mi capacidad. La única salida que encuentro en este momento, es decir que lo pensaré; lo acepta y me retiro al salón de clases.

Sentada en mi carpeta, hago señas con mis manos a mi mejor amigo, él se acerca rápidamente, le comento lo acontecido y escucha con atención mirando mis ojos fijamente; con voz baja pregunta ¿Qué harás?, con sinceridad le expreso mi duda; de pronto, ingresa una docente-ingeniera al salón e interrumpe nuestra conversación. Me concentro en la enseñanza.

Pasan dos horas y nos dirigimos, mis compañeros y yo, al área de computación para la siguiente clase. Un grupo de jóvenes de diferentes carreras profesionales, incluido mi mejor amigo; solicitan el permiso correspondiente para dirigirse a todos los presentes.

Escucho decir: “Somos representantes de la Federación Universitaria de estudiantes, y en esta oportunidad queremos compartirles nuestra indignación frente al conocimiento de que existen docentes que están coordinando con algunos alumnos para buscar su apoyo en las nuevas elecciones, pedimos autonomía y conciencia en sus decisiones”

Dentro de mí, un extraño frío recorre, un gran desconcierto me embarga, algo en mi alma se rompe, siento vergüenza, tristeza y cólera a la vez; y decido romper definitivamente con aquella amistad.

Atte. Margarita

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Author: margarita8_04

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