RETO 15: Amigos

PASADO: Mejor amigo, en 3ra persona

Era una noche oscura y fresca en la pequeña ciudad de Bagua Grande, donde la calma inundaba las calles y las estrellas hermosas decoraban el cielo.  En una pequeña tienda en la avenida principal, dos jovencitas se surtieron de comida y bebida para una pijamada espectacular. Hacía poco que una de ellas había llegado de la capital y era la ocasión perfecta para ponerse al día.

Eran muy distintas, de caracteres opuestos. Por un lado, Lily, toda una profesional de negocios; práctica, inteligente, e incluso fría para tomar decisiones. La otra chica, Frescia, tenía el alma bohemia; cursó una carrera de la rama de las artes, era soñadora y sensible.

Estaban felices. Ese día, por ser especial, incluso Lily se dejó convencer de llevar una sangría para combinarla con gaseosa, aunque no bebía regularmente. En su casa, se pusieron sus pijamas favoritas. Comieron, bebieron e rieron hasta que la barriga les dolió. Hablaron hasta muy tarde de los pormenores de sus vidas, separadas ese tiempo; amor, dinero, amigos y planes.

No hubo que guardar nada, estuvieron cómodas para ser ellas mismas. Aunque parecían diferentes, tenían algo en común: sentían el peso de la soledad en sus vidas pero habían sido fuertes para hacerle frente.

Esa noche abrieron su corazón. La magia surgió. Ese fue el choque de dos almas nobles y afines.

PRESENTE: Falso amigo, en 1ra persona

“Alguien la busca abajo señorita”. Agradezco a mi vecina por el aviso y me despido, juntando la puerta.

“Voy a ver quién es”, le digo extrañada a mi novio. Una tarde e películas nos espera, pero tengo que atender a mi extraño visitante. Bajo corriendo las escaleras y abro la puerta principal. Una cara conocida y sonriente me espera al otro lado. ¡Thaís, no podía ser otra! Ella es de las chicas con una personalidad tan segura y desenfadada que se aparece en tu puerta sin previo aviso y con mil planes. Me alegra que esté aquí, pero no sé si sea el mejor momento.

“Ahmm, ¿Te acuerdas del chico con el que salgo? Está arriba ahora”. Se emociona con la noticia, quiere conocerlo ya. Sube corriendo a mi cuarto antes que pueda decirle algo más.

Se presenta ella sola, alegre y extrovertida como siempre. Mi novio, algo extrañado, la saluda también. Thaís inicia una cháchara preguntando todos los datos sobre nuestra relación. A pesar de la imprudencia mi novio responde de buena gana. Me alegra que por lo menos se lleven bien.

Thaís propone ir al cine, disfrutar lo que queda de la tarde. Con una mirada cómplice, mi novio y yo, aceptamos. Voy al baño a cambiarme, porque es el único lugar de privacidad  que queda.

Desde adentro, escucho cómo mi amiga lidera la conversación, aunque no distingo bien qué dice. Ríe con ganas. Me agrada, pero hay algo desconcertante en todo esto. Sin hacer ruido entreabro la puerta. Thaís está de pie, agachada frente a mi novio sentado. Lo mira directo a la cara, en un gesto que sobrepasa lo amigable.

¡No es posible! ¡Mi mente trabaja a mil revoluciones! Me quedo parada un rato mirando antes de reaccionar. Salgo del baño. Thaís me mira sonriente como si nada hubiera pasado. Quiero golpearla, hacerle algo. Pero en su lugar, solo le doy una lista enredada de razones para no salir y prácticamente, la arrastro a la salida. Entre mis palabras, logro entender que me pide calma y dice que no ha pasado nada. ¿Nada? ¡No necesito que pase! ¡Es más que suficiente! Le cierro la puerta casi en la cara.

Regreso a la habitación. A mi novio, no puedo verlo a la cara. El dolor me consume y debilita. Él arranca con su perorata de explicaciones, pero lo interrumpo de inmediato. “Solo vete por favor. ¡Ya!”. Accede pero promete que llamará más tarde, que eso se puede arreglar porque no ha hecho nada. No me importa. Solo quiero estar sola. De antemano sé, que nada tiene arreglo.

Me  tiro en la cama. Me siento desgraciada. No sé qué pensar ni qué sigue ahora. En solo unas horas, no tengo ni amiga ni amor.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Bien los tiempos verbales, lo que nos falta es trabajar la corrección. Lee en el libro el ejemplo de presente, narrar así da un ritmo ágil. Son frases cortas, directas, sin mucha descripción.

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