Reto 14: Promesa de Reunión

Lo que esperé de mi semana: Cuando me llamaste para decirme que querías conocerme, te escuchabas vagamente temerosa, e incluso indecisa. Era una faceta que no conocía de ti, me pareció muy tierna. Y sentí feliz al escucharte decirlo, pues yo había querido pedírtelo desde hace mucho tiempo.
         Apenas perceptible, pude notar que tu respiración era un poco más rápida de lo habitual. Podía sentirla muy cerca de mí, aunque fuese sólo una llamada. Cuando acepté nuestro prometido encuentro, escuché cómo saltaste hacia tu cama y oí un ligero grito ahogado bajo tu almohada.
         Con esa misma alegría, dijiste que no podías esperar. Que ansiabas que llegase el día de verme y abrazarme. Esas cálidas palabras me llenaron de añoranza. 

Lo peor de mi semana: El tiempo no se detuvo, y él esperaba bajo esa lluvia torrencial. Hacía frío y el pequeño kiosco en el que se refugiaba, no lo protegía de las gélidas ráfagas de viento que golpeaban  su rostro sin compasión.
         Permaneció recostado e inmóvil sobre la fría banca, viendo a su celular, preguntándose preocupado, si algo le había pasado o si al final se había arrepentido de su encuentro.
         Vio su fondo de pantalla, era una fotografía de ella, y la beso suavemente. Sus lágrimas comenzaron a escurrir de su rostro como tristes gotas de lluvia y su visión comenzó a tornarse borrosa, mientras sus manos tiritaban tratándose de imaginarla entre sus brazos. Él comprendió que necesita amarla y sentirla al fin.

Lo mejor de mi semana: Escucho pasos a la distancia que golpean la lluvia en el suelo. Me incorporo rápidamente. Un sabor agridulce se mezcla en mi garganta, formando un nudo en ella. Mi vista borrosa se aclara por las lágrimas en mis ojos. Las luces tenues de los faroles por la calle entre los árboles la iluminan. Puedo verla, la reconozco al instante. Es ella, corre con toda su fuerza hacia donde estoy, sin medida alguna.
         Tomo las flores y camino hacia ella torpemente casi tropezando conmigo mismo. Siento como mi corazón late fuertemente a cada paso que doy. Ella deja de correr al verme, estamos muy cerca. La observo con asombro mientras se acerca cada vez más a mí. Tiene puestas unas botas para invierno negras con pequeñas calaveras adornándola, un pantalón ajustado que no deja a la imaginación su linda esbeltez, un suéter grande color azul cerúleo que la cubre casi en su totalidad y un gorro que hace juego con él.
         Ella se abalanza sobre mí, me abraza con sus brazos y caemos de rodillas a la mitad de la avenida.
         –Lo siento, lo siento mucho –dice temblando por el frío mientras vapor cálido sale de su boca–. No quería hacerte esperar.
         Sonrío felizmente por sus sinceras palabras, a pesar del gélido clima, siento calidez en mi corazón. Ella es real, está aquí presente conmigo. Al fin la tengo en mis brazos.
         Está completamente helada, al igual que su ropa, su cabello también está mojado, este mismo cubre su rostro.
         –Hubiese esperado por ti toda la noche –respondí sin poder ocultar mi felicidad.
         Ella voltea a verme directamente, su cabello descubre su rostro, sus ojos azules como gemas lapislázulis brillan tenuemente en la oscuridad y sus bellas mejillas se asemejan a las amapolas en primavera.
         –No te hubiese hecho esperar toda la noche –dice riendo sinceramente.

–Uriel Kaede.

Uriel Kaede
Author: Uriel Kaede

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