Reto 13: Viaje al Cedral

Tengo frío, entierro las uñas por debajo de mi asiento, observo por el retrovisor a los niños están dormidos, no tienen idea de lo que sucede, miró a Rebeca esta tensa lleva nuestras vidas en sus manos, trato de disimular que me encuentro en pánico si caemos será nuestro fin; cierro los ojos trato de imaginar que estoy en un lugar feliz…

Conozco a Rebeca desde hace diez años, fue una época distinta salíamos por la noche y llegábamos al amanecer pero luego cada una tomo un rumbo diferente; sin embargo, el destino nos volvió a unir esta vez en la etapa de maternidad. Nuestros hijos tienen seis meses de diferencia, se conocen desde siempre, su madre dice que hasta en eso nos pusimos de acuerdo.

Por la mañana planeamos salir de la rutina, una amiga nos había recomendado un restaurante en Aserrí con una gran zona verde a una hora de nuestra casa, el día estaba caluroso apenas para que los niños corrieran libremente. Buscamos la dirección en el GPS y emprendimos el viaje a eso de las once de la mañana, la aplicación nos llevó por una calle aledaña a la carretera habían muchas casa de lujo, pasamos por una planta eléctrica del Instituto Costarricense de Electricidad y nos adentramos en una calle de lastre lo que nos preocupó porque el automóvil no era de doble tracción; tuvimos varios altercados  para subir pero la vista era hermosa y al final llegamos al restaurante.

Después de almuerzo vino la lluvia, era un sueño estar en la montaña respirando el aire fresco y el aroma del romero al ser rociado por el agua, los niños disfrutaban del cacareo de las gallinas, pero debíamos regresar a la ciudad. El dueño del restaurante nos recomendó otro camino, según dijo más accesible.

Entreabro los ojos, escucho agua que corre no puedo ver con claridad pero sé que estamos pasando por una quebrada, me quedo paralizada no me salen las palabras, Rebeca esta aferrada al volante sin ver alrededor, si el agua entra estamos perdidos.

Finalmente pasamos el riachuelo, adelante hay una curva pronunciada y los reflectores iluminan la superficie de un barranco, siento nauseas, como una película se posan frente a mí los mejores momentos de mi vida, oigo las llantas patinar sobre las piedras solo hay un carril si aparece otro carro contraluz perderemos el control; rezo en silencio debo ser fuerte.  Enciendo el teléfono trato de mantener la calma pero el internet no funciona, el silencio es penetrante puedo escuchar hasta el chillido del viento.

A unos dos kilómetros de transitar sin rumbo entre paredes empinadas y precipicios, se vislumbra una vieja iglesia parece que es la respuesta a mis oraciones, debemos elegir entre dos caminos y rodeamos el carril de la iglesia rodeada por árboles de cedro.

Poco a poco salimos a la carretera, alcanzamos ver las luces de San José que se distinguen a lo lejos y el alma nos vuelve al cuerpo.

 Adriana Chavarria C

 

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Author: adricha_0501

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    Nos falta más desarrollo en tu apogeo inicial, dibuja más de la situación, para que el lector se quede allí en suspenso.
    Muy bien la narración.

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