Reto 13 “Rojo vivo”

Rojo carmesí inundando las papas, que parecía que fueron adobadas. No eran condimentos lo que se mezclaba con los vegetales era mi sangre la que las había bañado.

Llegué tarde a casa, las clases se alargaron, el reloj marcaba las cuatro de la tarde, debía llegar cinco en punto a mi taller. Cocinar y comer a toda prisa, transportarme y llegar al lugar que estaba a unos veinte minutos en carro; parecía una misión difícil de cumplir. Estaba inquieta, agitada, acalorada, deje la mochila; me cambie blusa y zapatos en menos de un minuto.

¡No, mi dedo de escritora! Punzaba y sentía como con cada latido de mi corazón brotaba a borbotones, sangre. Sudaba y me percibía a mí misma pálida, (no es lo mismo curar heridas que ser tu misma la malherida, pensaba), “ve con el doctor, corre, yo termino de hacer la comida”, dijo mi madre, mientras me acompañaba  con un doctor que vivía casi enfrente de mi casa, una vez que abrió el doctor, mi mamá se regresó a terminar de cocinar.

Acelerada, me dispuse a cortar las papas para freírlas, una maquina maravillosa me haría liviana la tarea, bella máquina con hojas afiladas de acero, pase con cuidado y rapidez una papa grande, cuando de pronto vi que un trozo se había atorado en una cuchilla, quite la protección plástica donde estaba atrancada la papa que cortaba, sin darme cuenta velozmente mi desnudo dedo se aproximaba sin cuidado, inquieto, iluso al tentador filo, sintiéndose indestructible, empujó el pedazo de papa para dejar incrustado un pedazo de piel para adornar con un baño rojizo aparato y vegetales.

El doctor me hizo quitar el vendaje rústico que comprimía el sangrado, observó la herida y dijo “Perdiste tejido, te quedará un hueco, esa zona no se puede suturar”. Un río color rubí contrastaba con mi nívea piel, corría constante, desde mi dedo cruzando por la palma hasta caer en gotas por mi muñeca formando una laguna en un recipiente dispuesto para ello. “Comprime aquí por diez minutos y esperemos que pare de sangrar”, dijo el doctor.

Finalmente paró el sangrado, un ungüento cicatrizante y un vendaje cubrían mi herida, volví a casa y comí solo un poco pues el apetito se me había ido. Tic… tac… Cinco en punto marcó el reloj. Me despedí de mi madre y me dispuse a dirigirme a mi taller al cual ya llegaría tarde.

Al llegar ahí me di cuenta que se habían retrasado, aún no comenzaba el taller. Al llegar casi corrí al baño a vomitar, mi estómago estaba tan revuelto. Respiré profundo y tomé un sorbo de agua. Me tranquilicé, saludé a mis compañeros. Cuando preguntaron sobre lo que me había pasado, respondí “Todo esto ya pasó”.

Dulce Ruiz.

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. andreahdz545

    ¡Qué horror!, a veces pasan accidentes donde menos lo imaginamos. Espero que todo esté mejor.

    Pd. He decidido escribirte para el reto de hoy 😊

    1. Gracias por leerme. Sí, mi dedo ya sanó y puedo escribir con normalidad.
      Gracias, que lindo detalle, buscaré el texto.

  2. romina

    Muy bien la redacción, pero como vimos en el vivo de hoy, debes desarrollar un poco más el apogeo al inicio, atraparlo al lector y llevarlo a esas líneas.

    1. Muchas gracias Romi. Sí me percaté durante el vivo que mi inicio era así. Lo tendré en cuenta para futuras analepsis.

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