Reto 13: Incontables noches en vela

Me encuentro de rodillas frente a ella. No reacciona. El conductor solo observa pasmado, sin hacer nada. El pequeño niño no llora, permanece callado viendo a su madre. Mis manos tiemblan de forma incontrolable. Mamá se acerca a un lado mío pero apenas siento su presencia. Alcanzo a distinguir que revisa sus signos vitales y, preocupada, me dirige una mirada desesperada.

Mi vista se comienza a nublar, y me doy cuenta cuenta que es porque varias personas han tapado la luz que llegaba hasta dónde estoy, al aglomerarse alrededor de nosotros.

Alzo la mirada y distingo en sus rostros enojo y furia. Vuelvo hacia el cuerpo de la mujer que se encuentra inmóvil en el suelo, y los músculos de mi complexión  se contraen, las palabras que escucho no tienen sentido, lo que veo no parece ser real. Los gritos se oyen distantes, el suelo se siente en extremo frío y mis pensamientos solo reclaman confusión.

De pronto, siento vagamente que alguien me toma del brazo derecho, me lleva consigo y me sube al auto. Mis manos no dejan de temblar. A pesar de la consternación, en mi mente está claro lo que acaba de ocurrir. “Haz un recuento”, ordena una voz en mi cabeza. ¿Qué pasó? ¿Por qué ocurre esto? Acababamos de salir de la iglesia, pidiéndole a Dios que nos llevara con bien, nos cuidara, nos protegiera… Que no nos dejara estar de nuevo en un accidente. ¿No nos escuchó? 

Luego, dentro de mí le grito: “¡¿Por qué has dejado que esto ocurriera?! ¿¡Por qué si apenas estuvimos en tu casa nos has dejado ser víctimas de este incidente?! Estoy furiosa. Las facciones de mi rostro reflejadas en el cristal me devuelven el recuerdo. De no ser por aquel conductor irresponsable no hubiera pasado nada de esto. Si no hubiera dado esa vuelta prohibida e intentar pasar antes que nosotros, no hubiéramos impactado con su mototaxi, y esa mujer con su pequeño no hubieran caído al suelo, provocando que ella  quedara inconsciente.

Toda la escena se repite en mi memoria, en cámara lenta, y vuelvo a sentir el golpe que da en el auto, causando estrépito tanto afuera como adentro. Mi corazón vuelve a acelerarse extraordinariamente y mi vista vuelve a tornarse confusa, al tiempo que mis músculos se contraen induciéndome inmovilidad.

Me hago consciente de lo que pasa, y presencio la gran velocidad a la que vamos. Mamá y su esposo que van al frente reflejan preocupación y tristeza. No distingo donde estamos, sólo noto atención excesiva en nosotros, por parte de las personas que van por la calle. ¿Por qué será?

Llegamos a casa, me bajo tambaleante del auto, veo el cofre y comprendo porqué la gente nos veía así. Toda la parte delantera está destruida, los focos rotos, el color blanco ya no se distingue y se logra ver parte del motor.

Corro a mi habitación para escapar de alguna forma de todo eso, y advierto que ya solo mi mano derecha tiembla. Escucho a mamá entrar, y siento que su abrazo me reconforta. Intenta calmarme diciendo que han llamado al seguro, y que un agente se encuentra en camino.

Le pregunto con palabras entrecortadas porqué nos hemos ido de esa forma, y me responde con los testimonios de  personas que han estado en situaciones como esta en ese lugar, y han sido golpeadas e incluso quemadas por multitud enfurecida, a pesar de que no han sido culpables. Logro entender la razón. Mamá se esfuerza por sonreír y deposita un beso en mi mejilla antes de salir con los lagrimales tan llenos como los míos. 

Veo el techo, y con una mirada de recelo vuelvo a reclamarle a Dios. Me pongo de pie, tiro con rabia las almohadas de mi cama, tomo mi pelo con fuerza y finalmente caigo nuevamente rendida  en el suelo frío, hundida en un baño de lágrimas.

Una hora después llega el agente del seguro, y hacemos la declaración. Hace la misma pregunto que yo, y entiende también al recibir como respuesta lo que han hecho con las personas que han estado en situaciones así.

Hora después, gracias a los compañeros médicos del hospital donde trabaja mamá, sabemos que la señora ha sido llevada con uno de ellos, y que se encuentra bien. No ha sufrido daños mayores, y su pequeño, al igual que el conductor no presentan ninguna lesión. Escuchar eso ha ocasionado que el temblor se esfume, y que mis pensamientos sean más coherentes.

Ha anochecido, y paso la noche intentando inútilmente dormir. Los rayos alegres del sol que entran por mi ventana al amanecer, no están en sintonía con la pesadez de mi cuerpo, el cansancio de mi mente y el dolor de mi alma.

Los días pasan, y el conocimiento de que las 3 personas se encuentran bien me tranquiliza. Dios trata de hablar conmigo a través del canto matutino de las aves, el color naranja de la tarde y le frescura acompañada de destellos de la noche, pero no quiero escucharlo.

Poco a poco la tranquilidad vuelve a mi madre, a su esposo y a mí. Sé que la mujer se encuentra muy bien, y aunque no puedo hablarle, todos los días pido que esté bien.

Tal vez esta noche haga caso del mensaje de Dios, y le deje decir lo que he evadido por tantos días.

Tal vez esta noche el insomnio salga por la ventana, y el sueño se recueste junto a mí en la comodidad que tanto extraño de mi cama.

Quizá el dolor ya no amanezca conmigo mañana, y el recuerdo de aquella escena quede plasmado en el cielo, pues ha sido a quien le he contado mis penas de las incontables noches en vela.

                                                                       Adri Flores

vic21spring
Author: vic21spring

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Esta entrada tiene 10 comentarios

  1. David Gómez

    Muy buen texto, me gustó la narración. ¡Felicitaciones!

  2. Daniel Lugo

    Me gusto mucho como logras transmitir todos los sentimientos que muchos llegamos a sentir cuando estamos enojados, o no logramos comprender algo que nos pasa, los múltiples reclamos que le hacemos a Dios cuando eso pasa, en verdad me gusto mucho tu texto.

    1. vic21spring

      ¡Gracias! Fue algo complicado pero no imposible. Gracias por haberte dado el tiempo de leerme, y me alegra saber que te ha gustado.

  3. romina

    Muy bien llevado Adri. Lo que nos falta es lectura de corrección, quitar lo que sobra… evita repetirte.
    Ejemplo… no es necesario este párrafo si luego vuelves a decir lo de la luz:
    Mi vista se comienza a nublar, y me doy cuenta cuenta que es porque varias personas han tapado la luz que llegaba hasta dónde estoy, al aglomerarse alrededor de nosotros.

    y la poca luz que entra por un hueco que se abre entre la multitud, me ciega provocando mayor confusión.

    1. vic21spring

      ¡Gracias Romi! Lo corregiré, y tomaré en cuenta tu observación.

  4. yesenia cortes

    que hermoso texto realmente cuando estamos en situaciones que con anticipación le pedimos a Dios que nos quite parece que lo hace al propósito para estar de nuevo ahí.
    pero es parte de la vida para poder superar un miedo debemos volver a pasar por el mismo hecho cuantas veces sea necesario para que un día seamos mejores y sepamos como actuar, es grato leer textos que aun involucren a DIOS en sus vidas sea de enojo o tristeza el simple hecho de leerlos es grato muy bonito.

    1. vic21spring

      Gracias por leerme. Es un gran regalo para mí leer que les ha agradado lo que escribo.
      Dios es grande y misterioso, y cada día es una oportunidad para descubrir lo que guarda su ser.

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