RETO 13. ALTERNANCIA CRONOLÓGICA. RECUERDA DECIR ADIÓS

RECUERDA DECIR ADIÓS

 

Me faltaba el aire, intentaba calmar mi agitación, pero cuando giré mi mirada hacia mi centro de trabajo no pude creer lo que estaban viendo mis ojos. El edificio se tambaleaba de un lado a otro, como si estuviera hecho de cartón, una mujer exclamó: “¡Se va a caer!”, y cual profeta… segundos después de su grito, el espacio en el que se encontraba mi oficina ahora estaba ocupado por escombros, la calle estaba repleta de polvo y personas que logramos salir antes de la catástrofe.

 

¿Cómo es que una mañana tranquila se transformó en una desgracia? Hace sólo unas horas estaba de camino al trabajo en lo que parecía un día normal. Me levanté un poco tarde, apenas pude engullir un poco de cereal con leche y salí a toda prisa, ni siquiera pude despedirme de mi familia. El tráfico era el de siempre, no quise escuchar música y preferí sintonizar la radio, en el noticiero hablaban del macro simulacro de evacuación que se iba a realizar a las diez de la mañana en conmemoración del terrible sismo de 1985. Sentí escalofríos de sólo imaginar a tantas personas atrapadas entre lo que alguna vez fueron sus casas, departamentos y oficinas. Desconocía que en cuestión de horas yo podía ser una de esas pobres almas.

 

El ambiente en la oficina estaba ligeramente ajetreado, pero todos suspendimos nuestras actividades cuando sonó la alerta sísmica. Como se sabía que era un simulacro muchos no le dieron seriedad a la evacuación, hubo quienes se tomaron su tiempo para maquillarse o guardar sus cosas antes de salir, inclusive de camino a la salida del edificio algunos aprovecharon a saludar a sus amigos en las escaleras mientras todos bajábamos ordenadamente. El equipo de protección civil del edificio nos señaló que tardamos más tiempo del estipulado para evacuar, sin embargo, celebraron la participación en dicha actividad, guardamos un minuto de silencio por las víctimas de 1985 y volvimos a nuestros escritorios.

 

Pasaba de la una de la tarde cuando sentí un mareo, pensé que era por mi mala alimentación, pero los gritos de varios compañeros repitiendo una y otra vez, “está temblando” me hicieron notar mi error. Me levanté confundida, por inercia tomé mi celular, miré al pasillo que conduce a la salida y vi como las persianas de los cubículos se movían como si estuviéramos en un barco que atraviesa una marea peligrosa. Entre gritos y empujones mi cuerpo avanzó instintivamente escaleras abajo, creo que recé, creí que mis ojos no volverían a ver la luz del sol, pero mi voluntad de vivir era más fuerte que mi temor.

 

Tropecé en un escalón y me paralicé, por suerte una persona me ayudó a levantarme, no recuerdo quien era, supongo que en momentos así tu mente se bloquea, pero siempre le estaré agradecida.

 

Cuando llegué a la planta baja corrí desesperadamente presa del pánico que me rodeaba, en ese momento todos olvidamos no correr, no gritar y no empujar. De alguna forma, milagrosamente, todos logramos salir antes de que el edificio se derrumbara.

 

Al ver el edificio reducido a escombros y el caos que reinaba en la calle lo único que atiné a realizar fue llamar a mi madre, pero las líneas estaban saturadas, no parecía buen momento para ir por mi auto y sólo quería llegar a casa para ver cómo estaba mi familia, me lamenté por no haberme despedido de ellos en la mañana. Sin pensarlo, comencé a caminar por lo que fue la caminata más larga de mi vida hasta ahora, y es que no fue la distancia, fue todo lo que vi en mi camino de vuelta a mi hogar.

 

Logré entablar comunicación con mi hermana por medio de Whatsapp, le comencé a mandar notas de voz, reportándole cada uno de mis pasos y lo que veía mientras caminaba frenéticamente por las calles de lo que parecía una película de terror.

 

Cuando llegué a casa mis hermanas ya estaban ahí, la familia estaba completa, todos estaban bien. Los abracé y fue entonces, cuando las lágrimas comenzaron a emanar, mi mundo y el de muchas personas cambió desde aquel día, aprendí que en cuestión de segundos todo puede cambiar, la diferencia entre vida y muerte pueden ser diez segundos, por eso, debemos de valorar cada segundo, debemos de agradecer cada instante y recordar siempre decir adiós y te quiero a las personas que nos hacen sonreír.  

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Apogeo es el momento de tensión de drama… de emoción… En tu relato, inicias por el clímax no por el apogeo (que podría llegar a ser cuando intentan salir del edificio)

  2. Ana Elena

    La vida cambia de un momento a otro, por eso siempre hay que amar a la familia y disfrutarla. Excelente texto.

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