Reto 12: Mejor los regalos

Argumento

 Asher ahorra dedicadamente para la tableta que tanto quiere, sin embargo, el tiempo de Navidad se acerca y se verá obligada a usar su dinero en algo totalmente diferente.

Trama

1.- Deseo inicial – Asher quiere comprar una tableta

2.- Primeras cuentas – Asher hace cuentas de todo su dinero y calcula cuánto necesita ahorrar para terner suficiente

3.- Ahorro – Asher comienza a guardar todo lo que puede y conseguir dinero para lograr su objetivo

4.- Surgen los gastos – Al acercarse la época de Navidad, Asher cae en la cuenta que necesita comprar los regalos para su familia

5.- Los números bajan – Asher compra los regalos, quedándose sin mucho ahorro

6.- Sentimientos encontrados – Asher está contenta de ver que los regalos son de mucho agrado para los destinatarios, pero no puede evitar sentirse triste de no haber conseguido su objetivo.

7.- Conformación – Asher se conforma con seguir ahorrando y esperar a la siguiente oferta

8.- Sorpresa – La mamá de Asher la sorprende con la tableta que tanto quería.

9.- Conclusión – Asher se da cuenta de que al final fue mas importante el cariño de su mamá y la felicidad de su familia que sus ahorros.

 

Esquema riguroso

Deseo inicial: Asher está cansada del papel, quiere poder hacer sus dibujos en la computadora, navega por internet, encuentra una tableta que le llama la atención, hay una oferta que durará un par de semanas con envío gratis. Desea mucho comprarla.

Primeras cuentas: Asher revisa sus cuentas de ahorro y alcancías, tiene buenos números pero no suficiente para lo que desea comprar. Hace las cuentas y decide hacer ayudas extra para su mamá y ahorrar todo lo que pueda.

Ahorro: Asher se dedica a hacer las tareas para su mamá, guardar sus domingos y evitar hacer gastos menores.

Surgen los gastos: Asher cae en la cuenta de que la época de Navidad se acerca, se da cuenta también de que no tiene los regalos de su familia aún, toma la decisión de sacrificar sus ahorros para comprar los regalos.

Los números bajan: Asher compra los regalos, ve, preocupada, cómo su presupuesto ha bajado, le queda aún menos dinero que cuando comenzó a ahorrar.

Sentimientos encontrados: Llega el día de Navidad, Asher entrega todos sus regalos, su familia está muy contenta por el detalle, ella también está feliz. De manera silenciosa, no puede evitar pensar en que no alcanzó su objetivo.

Conformación: Asher revisa la oferta una vez más, se da cuenta de que está a punto de acabarse, está consciente de que no conseguirá lo necesario en tan poco tiempo, se entristece un poco, se cuestiona si debería trabajar un tiempo para juntar dinero, se resigna a seguir guardando hasta la siguiente oferta.

Sorpresa: Asher despierta el día de su cumpleaños, algunos días después, su mamá la sorprende con la tableta que quería.

Conclusión: Asher prueba la nueva tableta y le muestra todo lo que puede hacer con ella a su mamá, ambas están contentas, Asher se da cuenta de que valieron la pena los regalos y el cariño de su mamá.

Desarrollo

Cerré el cuaderno, después de haber llenado hasta la última página de garabatos y bocetos. Me levanté del restirador, donde descansaban mis libros de dibujo, apilados en una esquina, acompañados de hojas sueltas con bocetos difusos en la superficie y fotos que me gustaba usar de referencia. Me dirigí al estante donde guardábamos los libros, era tan alto que llegaba al techo, cada una de las repisas estaba repleta de enciclopedias, novelas, álbumes, había incluso una con decenas de discos de música. En la repisa mas baja, guardábamos todo lo que estuviera engargolado, había libros y cuadernos encima de una fila tan apretujada que no le cabía ni una hojita de papel más. Metí el cuaderno con mucha dificultad, forzándolo a quedarse en medio de otros dos, que lo presionaban con fuerza.

Conté los cuadernos totales de la repisa y me di cuenta de que tan solo en ese mes ya había llenado tres enteros. Era mucho papel, demasiado para mi gusto. Fue ahí donde se me ocurrió la idea.

Mientras pensaba, mi mirada cayó en la computadora que descansaba en su escritorio. Había hecho dibujos de manera digital varias veces, pero no se sentía igual, no tenía el control de un lápiz o un pincel. Sin embargo, desde que encontrado amigos con intereses similares, me habían hablado de un aparato que permitía hacer arte digital con todos los beneficios de un pincel o un lápiz: una tableta.

Sabía que no eran baratas, pero tampoco me había molestado en revisar los números.

Me senté en la silla con ruedas y dejé que el silencio de la casa se rompiera con el ruido de las teclas presionándose y los clics del ratón. No pasó mucho tiempo hasta que encontré una que llamara mi atención, en el sitio se desplegaba el nombre de modelo, un par de fotos de producto y, lo más importante, una serie de letreros con fuente llamativa y colores vibrantes que rezaban “Oferta única, envío gratis”, revisé los detalles de los anuncios y comprobé que la oferta dudaría varias semanas más. La suma con el descuento era bastante accesible, me decidí a conseguirla.

 

Un par de minutos mas tarde ya había revisado mi cuenta de ahorro, vaciado hasta la última moneda de mi alcancía e incluso revisado los bolsillos de los pantalones en busca de cualquier centavo que hubiera podido pasar desapercibido. Conté el total, no era demasiado, pero sí al menos un setenta por ciento de lo que necesitaba.

Dejé mis pensamientos correr, pensando en ideas para conseguir el dinero, se me aceleró el corazón, me vi a mí misma creando mis dibujos, sin gastar una sola hoja de papel y sin tener que comprar más cuadernos o lápices.

La primera idea que se me vino a la mente fue hacer trabajillos para mi mamá, cuando era pequeña solía darme algunos pesos extra de mis domingos si ordenaba mi cuarto o barría la casa y conforme crecí me ofrecía pequeñas pagas por ayudarla con su trabajo.

 

Cuando le conté a mi mamá sobre mis ideas, respondió con bastante entusiasmo, e incluso me mandó al instante un par de trabajos, que prometió pagarme como habíamos acordado varias veces.

Decidí también reducir gastos innecesarios, pues ocasionalmente me gustaba comprar una botana o dos en la cafetería de la escuela para saciar el antojo, pero por ahora debía evitarlo, y destinar ese dinero a mi cuenta de ahorro.

 

–Oye, hija, ¿ya tienes lo que le vas a dar a tus tíos y primos en Navidad?

Sentí un temblor frío recorriéndome, dejé la pluma en la mesa y levanté la mirada del cuaderno, dejando lo que estaba escribiendo con la oración incompleta, ¿cómo había podido olvidarlo? Eran principios de Diciembre, pero claro, por eso estaba la oferta en el sitio donde había visto la tableta, eran las ofertas de Navidad.

–No, todavía no los tengo, pero… creo que esta semana los compraré.

Los números comenzaron a fluir por mi mente, ¿podré comprar los regalos y alcanzar a la tableta? Solo podía esperar que sí. Vinieron a mi mente los recuerdos de la última Navidad, y las sonrisas de todos intercambiando regalos, no podía dejar de conseguir esos detalles, por más pequeños que fueran.

 

Intercambié la mirada entre la nota de compra, hecha de un papel con textura de plástico, que no llevaba mas de cinco minutos en mi mano y ya tenía arrugas muy marcadas, y la bolsa que cargaba a un costado, el plástico delgado con el logo del super mercado impreso en casi toda la superficie a penas podía con el peso de todo lo que había comprado, las esquinas de las cajas ya habían dejado marcas en el plástico delgado que las sostenía.

Mi mamá y yo caminamos por el estacionamiento del supermercado, un terreno amplio, sin techo, que tenía algunos árboles regados en sitios aleatorios. Había escogido algo especial para cada integrante de la familia, eran detalles pequeños, pero ver los números en la nota una vez mas provocaron que tragara saliva y mi mente comenzara a hacer las matemáticas. Me había gastado poco más de lo que había conseguido esos días con los trabajos de mi mamá. Mientras nos subíamos al auto, a penas protegido por la sobra de un árbol chaparro y con muy poco follaje, me pregunté una vez más si lograría conseguir el dinero a tiempo.

 

La cena de Navidad fue tan mágica como todos los años, la familia entera reunida bajo el mismo techo, sentados juntos en la mesa, disfrutando de la comida que cada uno había llevado.

Llegó el momento de entregar los regalos, todos nos sentamos en la sala, cada quien en una silla distinta, unos sobre el sofá largo de cojines grises que abarcaba casi toda la pared, y otros en las sillas barnizadas de madera con un pequeño cojín en medio del asiento. Recibí varios detalles de mi familia, cajitas envueltas en papel brillante de colores, adornados con moños que en ocasiones eran más grandes que el regalo, y a cambio, entregué lo que había comprado para cada uno, la felicidad en el rostro de cada uno fue incomparable, y me dibujó una sonrisa a varias veces. Sin embargo, por dentro, no pude evitar pensar en mis ahorros, hice cuentas mentales una vez más, pero esta vez no eran sobre mi presupuesto, sino sobre el tiempo que quedaba para la oferta.

Todo considerado, no veía probable conseguir lo que me faltaba para antes de que terminara la oferta.

 

Pocos días después, mi mamá irrumpió en mi habitación una mañana. Abrió desprecavidamente la puerta, haciéndola crujir en protesta, y sus pasos encima del suelo laminado de madera resonaron entre el silencio de la mañana. Ya entraba el sol por la persiana, por lo que lo primero que vi al abrir los ojos fue la ventana resplandeciente con los primeros rayos del día.

Era mi cumpleaños, tras despabilarme, hice a un lado las cobijas pesadas para saltar de la cama y abrazar a mi mamá, todavía estaba quitándome las lagañas de los ojos cuando puso frente a mí una caja amplia, envuelta con un papel que tenía varios letreros que rezaban “Feliz cumpleaños” repartidos por todo el patrón, y un moño discreto que reflejaba el brillo de la ventana.

Le di las gracias y me dispuse a abrirlo, ambas nos mantuvimos en silencio mientras yo rasgaba el papel, y cuando revelé la caja bajo la envoltura, no pude evitar abrir los ojos hasta que ya no se veían los párpados, quise hablar, pero mi garganta estaba detenida con la impresión. En mis manos tenía una tableta, la que tanto había tratado de conseguir.

La dejé sobre la cama arrugada y le di un abrazo fuerte a mi mamá.

 

No gasté mucho tiempo, tan solo terminamos de desayunar, encendí la computadora e instalé el aparato nuevo. Funcionaba tal y como lo imaginaba, se sentía como un pincel o un lápiz real, pero todo dentro de la pantalla, probé todas las cosas que anunciaba el reverso de la caja, estaba muy feliz, y mi mamá se veía contenta también.

Tal vez no había juntado lo suficiente para comprármela yo misma, pero mi mamá había decidido hacer el esfuerzo y conseguírmela como una muestra de cariño.

foreverwriter15
Author: foreverwriter15

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    EN el argumento recuerda que nos debes vender la historia.
    El relato muy bien, solo ten en cuenta la CONEXIÓN, nos falta corrección

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