Reto 12: Imprevistos deliciosos

Argumento:

Karen es una chica como cualquier otra, pero tiene un defecto, no es buena administrando su dinero, tiene lo justo y vive al día, y a esto le sumamos, que se deja llevar por los impulsos del momento. Una tarde, algo inesperado se presenta ante ella. Una decisión superflua, definirá si podrá volver a casa.

Trama y Esquema Riguroso:

1-Cena: Decide ir por unas hamburguesas con su amigo.

Karen y su amigo salen del centro de cómputo, un lugar silencioso y frío, después de hacer sus deberes y deciden ir a cenar hamburguesas. Dejan el auto. Se van caminando al lugar.

2-Gastos innecesarios: Se gasta todo el dinero en la cena.

Cenan, piden papas extras y refrescos. Sabe que se gastara todo su dinero, porque las hamburguesas de ese lugar son caras, pero lo hace de todos modos. Confía en que su amigo podrá llevarla de regreso a su casa.

3-Fuera del plan: Surge un imprevisto. Su amigo no puede llevarla de regreso a casa.

Terminando de cenar, pagan la cuenta. Su amigo recibe una llamada, es su mamá, debe salir de inmediato, le anuncia a Karen que no podrá llevarla a su casa. Ella entra en pánico.

4-Buscando transporte: Busca un taxi. Algunos taxistas se niegan a llevarla cuando les cuenta su situación.

Se despide de su amigo, y lo convence a su amigo de que no es necesario que la acompañe a esperar, ella se queda en la parada de autobuses, tratando de parar un taxi. La mayoría la ignora o se niegan a llevarla cuando les cuenta su situación monetaria.

5-De regreso a casa: Habla con el taxista sobre la importancia de la prudencia.

Un taxi se detiene sin que le haga una señal. Se encuentra con una persona que accede a llevarla cuando se entera de su situación, es un anciano con la cara larga. Charlan sobre la importancia de ahorrar.

6-Reflexiones: Llega a casa, reflexiona sobre como realiza sus gastos.

Ya en casa, Karen corre para sacar dinero de su alcancía y pagarle al taxista. Más tarde, en su habitación, reflexiona sobre sus gastos inconscientes. Hace un plan para recuperar el dinero que saco de sus ahorros, y no volver a gastar si no es estrictamente necesario o tenga lo suficiente para el día, sin necesitar un aventón.

 

Relato:

Imprevistos deliciosos

 

El sol comienza a ponerse, dando lugar a una coloración anaranjada en el cielo, cuando salimos del centro de cómputo del tecnológico. Siento un ligero calor en la piel en cuanto salgo al exterior. Doy un suspiro de alivio, por fin hemos terminado el proyecto del semestre. Siento que me he quitado un gran peso de encima. Santiago sugiere que vayamos por unas hamburguesas a modo de celebración; la idea me encanta. ¡Nos lo merecemos!

Él sugiero que caminemos, ya que no está lejos, y deja su auto en el estacionamiento, frente al edificio. Justo en la esquina hay un puesto donde las preparan muy sabrosas, con solo pensarlo se me hace agua la boca, así que comenzamos la caminata con mucho ánimo. Antes de dar vuelta a la esquina, puedo percibir el aroma inconfundible de la carne sobre el asador. ¡Solo hay una mesa libre y es nuestra! En cuanto nos sentamos, nos muestran el menú. Es casi imposible para mí, no ver primero la columna del precio, son un poco caras, pero valen cada maldito peso de lo ricas que están. Hoy no tengo que preocuparme por alcanzar combi, porque Santi me llevará a casa, así que puedo darme el lujo de pedir la hamburguesa de doble carne de arrachera. También pedimos una orden de papas fritas y un par de refrescos. La carne en mi boca sabe a gloria.

Charlamos sobre trivialidades mientras esperamos que nos traigan la cuenta a la mesa. Cada quien paga su parte, mi cartera queda vacía. Caminamos de regreso al tec, puedo ver a lo lejos el auto estacionado. Cuando estoy a punto de abrir la puerta del copiloto, escucho que recibe una llamada en su celular, su semblante se vuelve serio y cuelga con una mueca en su rostro. “Lo siento Karen, no podré darte el aventón que te prometí. Debo ir por mis padres a la clinica, su auto no arranca, ¿Puedo acompañarte mientras esperas?”, me dice. Sus palabras me caen como un balde de agua fría. “Descuida. No hay problema amigo, voy a pedir un taxi, nos vemos mañana”, le digo con toda la calma de la que soy capaz, y sabiendo que ningún taxi querrá llevarme “Nos vemos mañana chica”. Lo veo alejarse, hasta que sale de mi vista.

Me quedo en la parada de la escuela, con la esperanza de que pase alguna combi que aun este trabajando a esta hora, y se apiade de mí, pero solo pasan taxis, y los taxistas son muy quisquillosos si algún pasajero les dice que no tiene dinero para pagarles el viaje. No tengo opción, debo jugar esa carta. Los primeros taxistas me dicen que no se arriesgaran a llevarme y al final no les pague, lamentan mi situación y algunos me desean suerte. ¡Suerte seria que alguno de ellos me llevara sin cobrarme! Empieza a oscurecer, mis ojos comienzan a crisparse de desesperación y mis manos comienzan a sudar, cuando levanto la mirada veo a un taxi parado frente a mí, el conductor es viejo con la cara alargada, pero se ve amable. Me acerco a él y le comento mi situación, prometo pagarle en cuanto llegue a casa, él accede. Me subo en el asiento del copiloto. “Señorita, siempre debe llevar un poco de dinero extra, debe hacerse responsable de sí misma, no importa si tiene quién la lleve, siempre debe ser precavida”, me lo dice en un tono muy agradable, y tiene toda la boca llena de razón. “Las hamburguesas no estaban en el plan, pero es que son las más deliciosas de la ciudad, y me sentí muy confiada”. Lección aprendida. En el trayecto, me cuenta sobre las locuras de sus nietos, la situación de la ciudad y como han cambiado los tiempos, y uno que otro consejo sobre dinero, que planeo aplicar. Llegamos a casa, entro corriendo y rompo mi alcancía de cerdito, las monedas se dispersan por el suelo. Le pago al taxista, Salvador, es su nombre, y yo creo que le queda como anillo al dedo, porque hoy me salvo de caminar por las calles oscuras. Me deja su contacto, por si lo puedo a llegar a necesitar en el futuro. Le agradezco con todo el corazón.

Regreso a mi habitación, comienzo a recoger las monedas. Necesitare una alcancía nueva. Debo ser consciente, una adulta responsable, y evitar caer en la tentación, por más rica que esta sea. Comenzaré a llevar un registro de mis gastos, detectar cuales son necesarios y cuales puedo omitir o minimizar; y, sobre todo, siempre llevar conmigo dinero de respaldo, para cualquier imprevisto que se me pueda presentar Hay prioridades que no puedo reemplazar y quizás, no siempre tenga la suerte de toparme con personas llenas de amabilidad en su interior.

 

Karen Salas

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Author: kayuri.books

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. adri18bg

    Me pasó lo mismo una vez! Me sentí tan identificada! Me gustó mucho tu relato 😀

  2. romina

    ¿”una chica como cualquier otra”? Recuerda que el argumento vende la historia…

    Esquema muy bien, redacción falta trabajo de lectura de corrección

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