RETO 12. Esquema

Esquema Riguroso

1. Disminuyen los sueldos temporalmente:

Mis padres conversaban a discreción. Sus voces eran casi murmullos. Intentaba escucharlos desde las escaleras, pero se enteraron de mi presencia y me pidieron que me acercara. Cuando estuve en la cocina me sorprendió ver que no eran solo mis padres los que conversaban, sino también mis hermanas mayores. Me senté con ellos en el comedor. Me comentaron a grandes rasgos sobre el cambio de dirección en el área de trabajo de mi padre y los cambios administrativos que esto había causado. En general se habían disminuido los suelos temporalmente, trabajadores que tenían años laborando habían sido despedidos y muchos otros sindicalizados corrían el riesgo. Mi padre había trabajado durante años en su área, conocía muy bien al personal y como desarrollaban los procesos, sin embargo, no descartaba las posibilidades de riesgo. Comprendí que las cosas no serían como antes y teníamos que trabajar juntos para que nuestro hogar no cayera en crisis también. Todos reflejábamos la misma expresión de seriedad, las manos sobre la mesa y solo los ojos de mi madre cargaban lágrimas al borde de derramarse.

2. Llegan las cuotas escolares:

El semestre escolar de mis hermanas terminaba en diciembre, las cuotas para el próximo ya hacían habilitadas en la página de la facultad, alrededor de ocho mil pesos por cada una, pero no era la misma cantidad conmigo, ya que era de primer ingreso, tenía que pagar aún más, treinta mil pesos para ser exactos.

Mis padres sabían la suma desde antes de que se reflejara en la página, pensaron que ahorrando tendrían el dinero para la fecha indicada, pero no habíamos contado con la disminución del sueldo de papá y las deudas, se nos había hecho imposible ahorrar. Teníamos un mes para recaudar el dinero suficiente para las tres cuotas.

Imprimí la hoja en donde se dividía el dinero de mi cuota y se lo entregué a mis padres una tarde de sábado después de comer, no les dije que era, ellos ya lo sabían, sin más, papá la tomó y la guardo en su maletín, no se molestó en verla. Mamá observaba la situación con atención, suspiraba mientras relamía sus labios, no dijo nada.

Me retire, pero antes de subir la escalera, escuche en medio del pasillo a mi mamá preguntarle a papá “¿Como?” Seguí mi camino y me encerré en mi habitación.

3. Vencimiento de pago:

Después de comer mi padre nos pidió que nos quedáramos en la mesa para hablar, mamá tomó su mano y con la otra recargaba su frente, evitando la mirada de cualquiera. Hizo una pausa larga. No lo presionamos, esperamos hasta que hablaron ambos, nos dijeron que necesitaban que les prestáramos nuestros ahorros y también cualquier cosa de valor que pudiéramos vender, era necesario para pagar las deudas en los bancos, los cobradores no dejaban de llamar a nuestro teléfono, las tarjetas canceladas y el efectivo escaso nos consternaban. Mis hermanas y yo accedimos de inmediato, pero esa vez nosotras hablamos con ellos, no era necesario un pago por algo que ellos nos habían permitido ahorrar, por cosas que ellos nos habían brindado, más teníamos que deberles nosotras, con el siempre hecho de darnos la vida y un hogar en donde crecer y desarrollarnos. Pasamos la tarde haciendo cuentas y comparando las fechas de expiración, la mesa estaba llena de papeles, como una libreta desojada sin compasión sobre nosotros. Aunque esa tarde tomó lugar en tiempo de crisis, fue un momento en el que todos trabajamos juntos y nos distraíamos entre bromas. Un recuerdo duro, pero fortalecedor.

4. Abandono de semestre:

Los ahorros y ventas nos permitieron pagar algunas deudas, pero no fueron suficientes para pagar todo y ni para recaudar el dinero de la universidad. En la sala papá nos explicó que solo tenía una cierta cantidad de dinero y no podría conseguir más hasta el momento, las deudas podían esperar, pero nuestras cuotas no. Mamá abrazaba a Jaqueline la mayor de mis hermanas, papá sostenía la mirada entre mi madre y ella, se limpiaba el sudor de la frente con frecuencia y las líneas de expresión en su frente no habían desaparecido desde hace meses. Había tomado una decisión para el peor escenario, una de nosotras tendría que dejar la escuela temporalmente y en todo caso sería la mayor de nosotras tres, ella ya lo sabía, no se sorprendió al escucharlo, eso por eso que mi madre la sostenía en sus brazos, mi otra hermana Paola tronaba sus dedos con fuerza, estaba inclinada hacia el frente con los codos apoyados en las rodillas, el cabello cubriéndole el rostro. Mi padre tomó su maletín y sacó dos sobres anchos, me extendió uno a mí y otro a Paola, estaban asegurados nuestros estudios, pero ¿Qué iba a pasar con Jaqueline?

5. Ayuda familiar:

Hable con mis hermanas en mi habitación, Paola y yo estábamos sentadas en la cama, Jaqueline permanecía parada frente a nosotras, con los brazos cruzados, resignada ante posibilidades. Hablamos sobre conseguir trabajos de medio tiempo que no se interpusieran con la escuela, no sería mucho el dinero, pero podía ayudar, al principio Jaqueline se negaba y decía que nuestros padres no nos lo permitirían, pero accedió a tratar, después de todo el beneficio era para ella. Paola derramó unas lágrimas cuando nos confesó que se sentía mediocre e impotente ante la situación, ser espectadora del problema, no poder ayudar como deseaba, como podía, por las restricciones de nuestros padres, no era justo que alguien debiera sacrificarse cuando nosotras lo podíamos evitar, concordaba con su sentimiento, ya que en ese entonces era menor de edad y en ningún lugar me darían trabajo.

6. Papá consigue un aumento:

Papa llego con una sonrisa de lado a lado a la casa, sonreímos con el sin saber el motivo, antes de preguntar, le entrego una legajo a Jaqueline, lo leyó y pestañeo un par de veces, dejo el legajo sobre la mesa y escondió su rostro entre sus manos, lloraba. Mamá también lo tomó y leyó lo que había dentro, y se puso de pie para abrazar a papá, Jaqueline imitó su acción, tomé el legajo y observé junto con Paola los papeles, eran las cuotas pagadas de Jaqueline, habían conseguido el dinero, nadie iba a dejar la escuela. Papá nos comentó que la administración en su trabajo ya era estable, los movimientos habían terminado y los sueldos regresaron a la normalidad, además de que habían adelantado parte del aguinaldo, no nos lo había dicho porque quería estar seguro, haya que el dinero estuviera en sus manos. Escuche el suspiro de alivio que dio mi hogar al saber que todo volvería a ser como antes.

7. Pago de deudas:

Pagamos las deudas restantes y nos mantuvimos al margen con los gastos por dos meses más por las desmesuradas cantidades de dinero, mis hermanas conservaron durante ese tiempo sus empleos, esa fuente extra de ingresos nos dejaban respirar un poco más.

8. Conversación alentadora:

El último día de mis hermanas en su empleo, mis padres volvieron a hablar con nosotras, estábamos en el auto, estacionados enfrente de la casa, mamá nos agradeció por nuestro esfuerzo y apoyo ante la situación, admiro la forma en la que llevamos a cabo la crisis y que eso fue lo que más fortaleza le dio para no caer. Papá se limitó a darnos las gracias y decirlos que esas situaciones son normales, suelen pasar en las familias con distinta magnitud, es en esos momentos en los que debemos de mantenernos unidos y apoyarnos en el hombro del otro, con la certeza de que no te dejará caer.

9. Lo que aprendí:

Como si nada hubiera pasado, mis padres siguieron con sus empleos, mis hermanas y yo con nuestros estudios y los gastos moderados. Fue una prueba que afrontamos como familia, nos mantuvimos unidos y no decaímos, hubo momentos en los que pensábamos que no podríamos más, pero no fue así, creo que la situación por la que pasamos nos hizo crecer a cada uno de nosotros, reforzamos lazos y recordamos que siempre va a ver alguien ahí cuando lo necesites, sin importar las circunstancias, porque eso es la familia.

Esperaba a mi padre afuera de la universidad, sentada en el pasto, considerando que a un lado descansaba mi bolso en la banca de metal. Había escuchado un claxon, me puse de pie y tomé mis cosas, nunca me molestaba en voltear a ver el auto, sé que se trata de papá.

En el camino a casa noté el ceño fruncido de mi padre y como tensaba la mandíbula, no había preguntado cómo estuvo mi día como siempre hacía, ni siquiera había hablado en todo el transcurso, tampoco yo, decidí dejarlo así.

Cuando llegamos a la casa mis hermanas y mi mamá estaban sentadas en el comedor, las saludé y me fui a mi habitación a descansar, había una vibra extraña en la casa. Cuando desperté ya era de noche, no había ruidos, ni voces. Salí de mi cuarto y baje las escaleras en silencio hasta que escuche unas leves palabras, me detuve en medio de las escaleras, recargada en la pared.

Mis padres conversaban a discreción, sus voces eran casi murmullos, intentaba escucharlos desde donde no era visible a su vista, pero se dieron cuenta de mi presencia y me llamaron. Cuando estuve en la cocina me sorprendió ver que no eran solo mis padres los que conversaban, sino también mis hermanas mayores. Me senté con ellos en el comedor, me comentaron a grandes rasgos que el cambio de dirección del área en la que trabajaba mi padre había hecho muchos cambios administrativos, en general se habían disminuido los suelos temporalmente, trabajadores que tenían años laborando habían sido despedidos y muchos otros sindicalizados corrían el riesgo también. Mi padre había trabajado durante años en su área, conocía muy bien al personal y como desarrollaban los procesos administrativos, sin embargo no descartaba las posibilidades de riesgo. Comprendí que las cosas no serían como antes y teníamos que trabajar juntos para que nuestro hogar no cayera en crisis también.

Permanecimos cortos de dinero durante tres meses, vivíamos bien y nada nos faltaba, pero tuvimos que sacrificar muchas cosas que ya considerábamos necesidades, mis hermanas y yo no salíamos con nuestros amigos, comprábamos la mayor parte de la comida en el mercado, usábamos lo menos posible los servicios domésticos, pedimos dinero prestados en casas de empeño y familiares, vendimos nuestra camioneta, conservamos un carro.

El semestre escolar de mis hermanas terminaba en diciembre, las cuotas para el próximo ya hacían habilitadas en la página de la facultad, alrededor de ocho mil pesos por cada una, pero no era la misma cantidad conmigo, ya que era de primer ingreso, tenía que pagar aún más, veinte mil pesos para ser exactos.

Mis padres sabían la suma desde antes de que se reflejara en la página, pensaron que ahorrando tendrían el dinero para la fecha indicada, pero con la disminución del sueldo de papá y las deudas, se nos había hecho imposible ahorrar. Teníamos un mes para recaudar el dinero suficiente para las tres cuotas.

Una tarde de sábado después de comer imprimí la hoja en donde se dividía el dinero de mi cuota y se lo entregué a mis padres, no les dije que era, ellos ya lo sabían, sin más, papá la tomó y guardo en su maletín, no se molestó en verla, mamá observaba la situación con ojos preocupados, suspiraba mientras relamía sus labios, ella tampoco dijo nada, no espera una repuesta en realidad. Me retire, pero antes de subir la escalera, escuche en medio del pasillo a mi mamá preguntándole a mi papá “¿Como?” Seguí mi camino y me encerré en mi habitación.

Pasaron los días, no se volvió a tocar el tema, aunque todas las noches escuchaban los murmullos de mis padres provenientes de la planta baja, cada que mis hermanas trataban de tocar el tema mis padres lo evadían, hasta que un día después de comer mi padre nos pidió que nos quedáramos en la mesa para hablar, mamá tomó su mano y con la otra recargaba su frente, evitando la mirada de cualquiera. Hizo una pausa larga, no lo presionamos, esperamos hasta que hablaron ambos, nos dijeron que necesitaban que les prestáramos nuestros ahorros y también cualquier cosa de valor que pudiéramos vender, era necesario para pagar las deudas en los bancos, los cobradores no dejaban de llamar a nuestro teléfono, las tarjetas canceladas y el efectivo escaso nos consternaban. Mis hermanas y yo accedimos de inmediato a la propuesta de nuestro padre, pero esa vez nosotras hablamos con ellos, no era necesario un pago por algo que ellos nos habían permitido ahorrar, por cosas que ellos nos habían brindado, más teníamos que deberles nosotras, con el siempre hecho de darnos la vida y un hogar en donde crecer y desarrollarnos. Pasamos la tarde haciendo cuentas y comparando las fechas de expiración, la mesa estaba llena de papeles, como una libreta desojada sin compasión sobre nosotros. Aunque esa tarde tomó lugar en tiempo de crisis, fue un momento en el que todos trabajamos juntos y nos distraíamos entre bromas. Un recuerdo duro, pero fortalecedor.

Los ahorros y ventas nos permitieron pagar algunas deudas, pero no fueron suficientes para pagar todo y recaudar el dinero para las cuotas de la universidad. Papá nos explicó que solo tenía una cierta cantidad de dinero y no podría conseguir más hasta el momento, las deudas podían esperar, pero nuestras cuotas no. Mamá abrazaba a Jaqueline la mayor de mis hermanas, papá sostenía la mirada entre mi madre y ella, se limpiaba el sudor de la frente con frecuencia y las líneas de expresión en su frente no habían desaparecido desde hace meses. Había tomado una decisión para el peor escenario, una de nosotras tendría que dejar la escuela temporalmente y en todo caso sería la mayor de nosotras tres, ella ya lo sabía, no se sorprendió al escucharlo, eso por eso que mi madre la sostenía en sus brazos, mi otra hermana Paola estaba sentada en un sillón individual de la sala, tronaba sus dedos con fuerza, estaba inclinada hacia el frente con los codos apoyados en las rodillas, el cabello cubriéndole el rostro. Mi padre tomó su maletín y sacó dos sobres anchos, me extendió uno a mí y otro a Paola, estaban asegurados nuestros estudios, pero ¿Qué iba a pasar con Jaqueline?

Cuando mis padres nos dejaron solas, les propuse a mis hermanas hablar en mi habitación hable con mis hermanas en mi habitación. Paola y yo estábamos sentadas en la cama, Jaqueline permanecía parada frente a nosotras, con los brazos cruzados, resignada ante posibilidades. Hablamos sobre conseguir trabajos de medio tiempo que no se interpusieran con la escuela, no sería mucho el dinero, pero podía ayudar, al principio Jaqueline se negaba y decía que nuestros padres no nos lo permitirían, pero accedió a tratar, después de todo el beneficio era para ella. Paola derramó unas lágrimas cuando nos confesó que se sentía mediocre e impotente ante la situación, ser espectadora del problema, no poder ayudar como deseaba, como podía, por las restricciones de nuestros padres, no era justo que alguien debiera sacrificarse cuando nosotras lo podíamos evitar, concordaba con su sentimiento, ya que en ese entonces era menor de edad y en ningún lugar me darían trabajo.

Tiempo después mis hermanas consiguieron trabajo, hubo un leve regaño por parte de mis padres al principio, pero terminaron accediendo ante la necesidad.

Un día que esperábamos a papa para comer, llego con una sonrisa de lado a lado a la casa, sonreímos con el sin saber el motivo, esperábamos ver las bolsas de mercado en sus manos, en cambio llevaba un legajo, antes de preguntar, le entrego el legajo a Jaqueline, lo leyó y pestañeo un par de veces, lo dejo sobre la mesa y escondió su rostro entre sus manos, lloraba. Mamá también lo tomó y leyó lo que había dentro, y se puso de pie para abrazar a papá, Jaqueline imitó su acción. Tomé las hojas que había dentro y observé junto con Paola, eran las cuotas pagadas de Jaqueline, habían conseguido el dinero, ¡nadie iba a dejar la escuela! Papá nos comentó que la administración en su trabajo ya era estable, los movimientos habían terminado y los sueldos regresaron a la normalidad, además de que habían adelantado parte del aguinaldo, no nos lo había dicho porque quería estar seguro, haya que el dinero estuviera en sus manos. Escuche el suspiro de alivio que dio mi hogar al saber que todo volvería a ser como antes.

Pagamos las deudas restantes y nos mantuvimos al margen con los gastos por dos meses más por las desmesuradas cantidades de dinero invertidas, mis hermanas conservaron durante ese tiempo sus empleos, esa fuente extra de ingresos nos dejaban respirar un poco más.

Mis padres volvieron a hablar con nosotras el último día de trabajo de mis hermanas, estábamos en el auto estacionados enfrente de la casa, mamá nos agradeció por nuestro esfuerzo y apoyo ante la situación, admiro la forma en la que llevamos a cabo la crisis y que eso fue lo que más fortaleza le dio para no caer. Papá se limitó a darnos las gracias y decirlos que esas situaciones son normales, suelen pasar en las familias con distintas magnitudes, es en esos momentos en los que debemos de mantenernos unidos y apoyarnos en el hombro del otro, con la certeza de que no te dejará caer.

Como si nada hubiera pasado, mis padres siguieron con sus empleos, mis hermanas y yo con nuestros estudios y los gastos moderados. Fue una prueba que afrontamos como familia, nos mantuvimos unidos y no decaímos, hubo momentos en los que pensábamos que no podríamos más, pero no fue así, creo que la situación por la que pasamos nos hizo crecer a cada uno de nosotros, reforzamos lazos y recordamos que siempre va a ver alguien ahí cuando lo necesites, sin importar las circunstancias, porque eso es la familia.

danyela61
Author: danyela61

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