Reto 12. Esquema riguroso: ¿Y todo para qué?

ARGUMENTO:

Gastó hasta su último centavo en una fiesta. Ebrio y abandonado en una ciudad peligrosa, solo tenía dos opciones: morir de frío o aventurarse en un riesgoso viaje.

 

TRAMA Y ESQUEMA RIGUROSO:

1.   1. DOLOR EN LA OSCURIDAD. Sentado en la acera con el pie lastimado. Frío. Oscuridad y temor.

·         CAÍDA. Es de madrugada. Cerca de un minisúper tropiezo en un bache. Me tuerzo el pie derecho. La temperatura desciende bastante. Celular descargado. Las calles están desiertas. Brincando de cojito, me coloco al lado de una acera.

2.   2.    LA FIESTA. Recuerdo la bienvenida normalista.

·         RECUERDOS. Llegué a la fiesta con mis compañeros de escuela. El antro atiborrado. Pedimos dos cartones de cerveza. Aporté todo el dinero que tenía. Fui a la pista de baile.

·         EL REY. La banda tocó. Invité a bailar a Alexa, la chica más popular y guapa de la Normal. El animador del lugar me nombra “El rey de la pista”.

·         EXCESOS. Volví a la mesa. Los chicos me elogiaron y bebí sin prudencia. Fumé.  Tuve mareos. Fui al sanitario. Lugar sucio, maloliente.

3.      3.  ABANDONADO. Mis compañeros me abandonan.

·         ADIÓS.  Perdí la noción del tiempo. Al salir del baño, ya casi no había nadie. Mis compañeros se esfumaron. Las luces estaban encendidas. Los meseros pidieron que me retirara. Me estallaba la cabeza.

4.      4. PELIGRO DE ASALTO. Se oyen charlas. Aparecen dos hombres tras de mí.

·         ARRIBA LAS MANOS. Me levanto. Doy pasos torpes y continuo el camino a casa. Un par de hombres bajan de un puente peatonal y se colocan tras de mí. Los imagino diciendo: “arriba las manos”.

·         AUTO MISTERIOSO.  Un JETTA negro aparca algunos metros delante de mí. Apaga sus luces. Recuerdo un boletín informativo que oí en la radio. Los hombres tras de mí corren y suben al auto. Enciende y se marchan. Temor. La temperatura baja cada vez más.

5.     5.  EL TAXISTA. Evoco memorias del taxista que vi horas atrás.

·         EL CHOFER. Abordé un taxi. El chofer preguntó a dónde me llevaba. Respondí. Comentó que la tarifa a esa hora se elevaba cincuenta por ciento. Me molesté. Vi mi cartera y advertí que no traía ni un peso. Grité que parara. Enfureció. Cuando expliqué que no traía dinero me insultó. Frenó en seco. Creí que me golpearía. Bajé. Eché a correr sin rumbo. La borrachera disminuyó por el susto.

6.   6.    APRENDIZAJE. Reflexiono acerca del dinero que despilfarré.

·         VALORAR EL DINERO. Me pregunto qué habría pasado si no hubiese gastado todo mi dinero. Comienza a helar. Tiemblo. ¿Valió la pena? Diversión efímera contra riesgos y daños permanentes. Elijo esperar a que amanezca y en el proceso poder morir de hipotermia o seguir caminando con el pie lastimado y enfrentarme a peligros en el camino.

·         SER PRECAVIDO. Aprendo a siempre tener reservas de dinero y a llevar suficiente a cualquier lugar al que vaya.

DESARROLLO:

Es la madrugada de viernes. Corro a toda velocidad sin rumbo fijo. El frío quema mis mejillas y me cuesta respirar. De pronto, caigo en un bache. Ahogo un grito de dolor. Quiero pedir auxilio, pues me he torcido el pie derecho. No hay nadie cerca. Solo, al otro extremo de la carretera, hay un minisúper. Pero sus puertas están cerradas. Reviso mi teléfono, queriendo corroborar que quedó sin batería. Así es. Está muerto. Me levanto poco a poco. Intento dar un paso… ¡Ay, no puedo! Brinco de cojito hasta la acera. Tomo asiento. Suspiro. ¿Cómo llegué aquí? ¿En qué momento todo se alineó para que me ocurrieran tantas desgracias?… Solo quería divertirme… Solo eso.

Por la noche tuvo lugar la bienvenida normalista anual. Mis compañeros y yo fuimos invitados. Apenas salimos de la escuela, nos dirigimos al antro. Llegamos a las diez. El estacionamiento estaba atiborrado. Había decenas de muchachos formados para ingresar. Cuando fue nuestro turno me dije: “No traigo dinero de sobra, no traigo”. Pero pronto me olvidé de eso cuando nos terminamos un cartón de cerveza. Con el alcohol en la sangre e inmerso en la algarabía, ordené un cartón más. Yo pagué. He ahí mi pecado. Gasté toda la plata que tenía. Sin embargo, no lo noté. Bebí y fui a la pista de baile dando brinquitos.

Me sorprendí cuando observé que llegaba la banda de viento. Se instalaron rápidamente. Su primera canción fue un son huasteco. Los chicos buscaban pareja y entre el alboroto vi a Alexa, la chica más guapa y popular de la Normal. Me dirigí a ella con cautela y aprovechando que la cerveza ma había otorgado algo parecido a la valentía pregunté: “¿Le gustaría bailar, señorita preciosa, esta pieza conmigo?”; quizá le di risa, porque sonrió y accedió. Mostré mis mejores pasos. El animador me señaló y nombró “El rey de la pista”. Y tras veinte minutos de mover el cuerpo, regresé a mi mesa. Fui elogiado por haber estado con Alexa. Fumé algunos cigarrillos. Tuve mareos inmediatamente. Me levanté y fui deprisa al sanitario. Olía a sudor, a desechos. En el suelo había agua. Era un desastre. Me miré al espejo no sé cuánto tiempo. Salí del baño y noté que la mayoría se había ido. Las luces del inmueble estaban encendidas. Una mesera que barría me pidió que me marchara. Asentí, sintiendo que la cabeza me estallaba.

El viento helado en la nuca me saca de mis recuerdos. Me pongo de pie poco a poco. Doy torpes pasos. Se escuchan ladridos a lo lejos. Paso al lado de un puente peatonal. De repente, oigo pisadas tras de mí. Volteo. Son dos sujetos. Las manos me sudan e imagino que en cualquier momento me gritarán: “¡Arriba las manos!”. No me detengo, pero sí lo hace un JETTA NEGRO metros adelante. Viene a mi mente el boletín informativo que oí ayer en la radio: “Siguen desapareciendo muchachos de entre trece y veinticinco años. Se exhorta a la población a cuidarse”. Los hombres del puente caminan más rápido y cuando estoy a punto de gritar, me rebasan y suben al automóvil. Se marchan. Frío… Hace mucho frío. Mis dedos se adormecen. Continúo haciendo memoria.

Salí del antro y abordé un taxi. Saludé al chofer y preguntó a dónde me llevaba. “A Tulipanes, por favor”, respondí. Comentó que la tarifa a esa hora se elevaba cincuenta por ciento. Me indigné. Pero accedí y vi mi billetera para pagar en ese momento. ¡Qué desagradable sorpresa! ¡No traía ni un centavo! Vi al conductor. Musité que se detuviera. No me hizo caso. Grité que parara. Quizá pensó que era por la ebriedad que llevaba, pero seguía avanzando. No tuve opción. Confesé: “No traigo para pagarle”. Frenó en seco. Creí que me golpearía. Me llamó mañoso. Quité el seguro de la puerta. Bajé y eché a correr.

El dolor en el pie no cesa. Tomo asiento en la banqueta. ¿Qué habría pasado si no hubiese gastado todo mi dinero? Vaya. ¿Valió la pena? Me divertí un rato, pero ahora corro mucho peligro. ¿Qué hago? Puedo esperar a que amanezca, pero podría morir de hipotermia. ¡Ay, Emmanuel, todo por…! ¿O sigo caminando?

A partir de hoy hago un juramento conmigo mismo. ¡Jamás salir sin reservas de dinero a cualquier lugar! ¡Jamás volver a derrochar! ¡Ser más precavido! Porque por andar desprevenido… en qué lio me he metido.

Emmanuel Reyes Pérez
Author: Emmanuel Reyes Pérez

Escritor por amor

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Emmanuel Reyes Pérez

Escritor por amor

Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. ¡Wow!
    ¡No hay observaciones! Te adelantaste al reto e hiciste un excelente relato que atrapa al lector de principio a fin, te imaginé en cada punto y si se detalla más hasta se podría hacer una película.
    ¡Éxito!

  2. José Tillaguango

    Muy bien narrado.Felicitaciones.

  3. David Gómez

    ¡Excelente ! Me atrapó la narración de principio a fin.
    ¡Felicitaciones!

  4. yesenia cortes

    te hace que te imagines realmente cada escenario que esta pasando en el relato muy bueno.

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